Persecución

Persecución

El genocidio cristiano en Oriente Medio y África es una de las formas del horror, a menudo silenciado, en nuestro tiempo. La expansión del terrorismo islamista por Irak, Siria, Libia, Egipto, Túnez o Nigeria está provocando la muerte y el éxodo de decenas de miles de cristianos. La amenaza se extiende a otros países en Asia como Pakistán, Afganistán, China y algunas zonas de la India, donde ser cristiano es asumir un riesgo real de ser asesinado o de perderlo todo. Usamos las mejores fuentes sobre el terreno, en las zonas de mayor peligro, para contar lo que otros medios no están contando sobre la persecución de las comunidades cristianas en las zonas de guerra o de integrismo islamista.

Los ataques con ácido en Londres han aumentado un 74% en 2016. En cifras absolutas se ha pasado de 261 ataques en 2015 ha 454 en el año pasado, y se han acumulado más de 1.500 ataques de este tipo desde 2011.

La víctima, Fazal Abbas, musulmán chií, había vuelto de su exilio en Dinamarca convencido de poder probar su inocencia ante un tribunal. Fue disparado a bocajarro y en el segundo asesinato esta semana relacionado con la ley de blasfemia en Pakistán.

Un grupo de desconocidos perpetró el 18 de abril un ataque contra la Catedral de la Asunción en la ciudad de Katmandú, en Nepal. Según informó el párroco, P. Ignatius Rai, a Radio Vaticana, los vándalos entraron a las instalaciones de la catedral y prendieron fuego.

A finales de febrero de 2017, más de 400 mil ciudadanos europeos movilizados por MasLibres.org y CitizenGO, consiguieron doblegar la voluntad del islamista y genocida presidente de Sudán, Omar al-Bashir y lograron la libertad de Petr Jasek.

La defensa de la mujer Asia Bibi, la cristiana paquistaní que fue condenada a muerte sin pruebas acusada de blasfemia y que lleva siete años en la cárcel ha reclamado al Tribunal Supremo que la vista definitiva para su liberación tenga lugar la primera semana de junio. Según ha podido saber Actua...

Lo que realmente caracteriza al checo Petr Jasek es la paz que transmite su abandono en Dios. Sólo así se explica que tras 445 días en cárceles sudanesas pueda hablar sin rencor, sin odio, sin inquietud. Ni siquiera shock o estrés postraumático.

Mashaal y otro compañero, Abdulá, fueron rodeados por un grupo de personas que les acusaban de "promover la fe ahmadi", considerada hereje por el extremismo musulmán. El primero fue linchado -y disparado- por una turba de estudiantes que le causaron la muerte.

El tunecino Anis Amri, responsable del atentado en el que murieron doce personas arrolladas en un mercado navideño de Berlín, recibía órdenes directamente del Estado Islámico, según una investigación publicada por la revista Der Spiegel.

Desde la perspectiva de la fe católica, es un absurdo o, al menos, un sinsentido, intentar separar las dos dimensiones de Cristo, al que definimos en el Credo como “Dios y hombre verdadero”.

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