Agentes de policía alemanes patrullan en un mercadillo navideño en la ciudad de Dortmund, Alemania
Agentes de policía alemanes patrullan en un mercadillo navideño en la ciudad de Dortmund, Alemania / EFE

Europa se acostó este lunes con la pesadilla de otro atentado islamista en el corazón del continente y despertó desayunando una nueva ración de tópicos cocinados a fuego lento de la corrección política. Atropello y camionero fueron las palabras más usadas por la prensa más cobardica y apegada al establishment, valga la redundancia.

Aplicando esta lógica lo de Berlín debería estar en manos de los técnicos de seguridad vial y no de la policía. Porque, ¿quién en su sano juicio imaginaría que detrás del ataque de un camión contra un mercadillo navideño se encuentra el terrorismo islámico? 

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Por eso al nuevo atentado islamista se ha respondido con el viejo esquema con el que se blinda la élite europea: cobardía política, silencio policial y complicidad periodística.

Pero en la mañana de este martes Angela Merkel ya no ha tenido más remedio que admitir lo evidente: el autor del ataque terrorista es un refugiado paquistaní. Increíble, ¿no?

En realidad la canciller alemana no ha reconocido nada, porque lo que ha propiciado este y otros muchos ataques -los de menor escala, como las violaciones, son silenciados- es su temeraria política de puertas abiertas a la inmigración islámica.

Más de un millón de ‘refugiados’ penetraron en Alemania el último año y medio al reclamo del eslogan con tufo a anuncio de búsqueda de empleo “Welcome refugees”.

Ariel, un nombre hebreo

Los que entonces advirtieron que entre los sirios iban empotrados potenciales terroristas fueron rápidamente tachados de racistas o islamófobos, las etiquetas detrás de las cuales se esconde la política más hostil que se recuerda contra los ciudadanos europeos. La verdad rara vez va de la mano del buenismo y lo de Berlín no ha sido una excepción.

Algunos de los principales medios españoles apostaron por la vía diplomática para informar sobre el ataque al mercadillo navideño berlinés. El País apostó por “Atropello violento” mientras que las palabras clave en el titular de El Mundo fueron “atropello” y “conductor”. Un paso más allá fue la corresponsal de RTVE en París, que destacó que Ariel, nombre del propietario del camión robado por el terrorista, “es un nombre hebreo”.

Hace un año tras las violaciones masivas perpetradas por refugiados en Colonia, la alcaldesa de la ciudad recomendó a las mujeres alemanas cambiar sus hábitos

En Alemania esta confusión mediática no es nueva. Los alemanes -y muy especialmente las alemanas- aún se estremecen al recordar las violaciones masivas perpetradas por refugiados en Colonia, Hamburgo y otras ciudades germanas la nochevieja pasada.

Si duro fue asumir las más de 1.000 agresiones sexuales tanto peor fue que la prensa y el Gobierno primero taparan y más tarde suavizaran el sello islamista.

En el colmo del disparate la alcaldesa de Colonia, Henriette Reker, se atrevió a poner el foco del problema en las propias mujeres alemanas, a las que dio algunos “consejos de comportamiento” y recomendó mantener cierta distancia con quienes no se tiene una buena relación de confianza. 

Una cáscara vacía

Nada sería posible sin la complicidad de una prensa cada vez más alejada del lector y más servil al poder. Siempre habrá un plumilla o triatleta de guardia obediente a la consigna de despacho -ahora de 73 metros cuadrados- para trasladar los recados con obediencia de lacayo.

Contraponer el discurso laicista al avance yihadista es como apelar al diálogo con el criminal que entra en tu casa a punta de pistola a violar a tu mujer

El buenismo oficial lo niega, pero quien dude que Europa no está en guerra puede comprobarlo visitando cualquiera de las grandes capitales -Roma, París, Berlín o Bruselas-, todas tomadas por la policía o el ejército.

Claro que también les hacen el juego a los islamistas quienes niegan la evidencia de que el camino más corto para islamizar Europa es la destrucción de nuestra identidad cristiana. Contraponer el discurso laicista al avance yihadista es como apelar al diálogo con el criminal que entra en tu casa a punta de pistola a violar a tu mujer. Una cáscara vacía, un discurso de la nada, que hace llorar de la risa al bárbaro que ya vive intramuros.

Maldita casualidad que el atentado en Alemania se produjera un rato después del asesinato del embajador de Rusia en Turquía. Ankara y Berlín golpeadas por el islamismo y Bruselas por sus contradicciones, que ya nadie se acuerda de la campaña de la Unión Europea a favor de la entrada de Turquía como socia del club.

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Licenciado en periodismo por la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Tomó la alternativa en Intereconomía -semanario Alba, La Gaceta, Los Últimos de Filipinas, Dando Caña, 12 Hombres sin vergüenza- de la mano de Gonzalo Altozano y Kiko Méndez-Monasterio, de los que aprendió incluso algo de periodismo. Más tarde escribió para los digitales La Información y Periodista Digital. Viajó a Irak antes que a Roma, le apasionan la Historia y la tauromaquia. Nazareno de Sevilla.