Como señalaba el Brief está por ver si el bombardeo ordenado por Trump contra la base de siria de Shayrat, en respuesta al ataque con armas químicas, es solo un acto de disuasión o el principio de una escalada belicista de las potencias globales, capaz de sacudir  el avispero del mundo.

Lo más sorprendente de todo es que el presidente americano haya cambiado de estilo, decidiendo remover ese avispero –cuando había dicho todo lo contrario en su campaña-; y la segunda sorpresa es que se crea a pies juntillas la autoría siria de la matanza de ninos. Un asunto que no está nada claro.

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Porque las guerras no las gana quien tenga más cañones, sino el bando que consiga colar más fotos de ninos muertos o heridos en las portadas de la prensa occidental: quien parezca ir perdiendo, gana.

A su vez, la prensa dará la foto enternecedora del bando que favorezca, haciendo parecer que estos no matan, o solo matan soldados o, si acaso cae algún civil, es varón y adulto.

El presidente de los EE.UU., Donald Trump /Efe
El presidente de los EE.UU., Donald Trump /Efe

La prensa que toma esas decisiones, no las toma al albur porque, como cualquier negocio, tiene unos dueños, con intereses concretos. Y les aseguro que tener un imperio mediático es cualquier cosa menos barato.

De hecho, es un negocio con costes tan altos e ingresos tan dudosos que con frecuencia acaba en manos de quien no tiene un interés directo en su rentabilidad, es decir, en grupos enormemente ricos que pueden permitirse el lujo de perder a espuertas con tal de poder influir en la opinión pública mundial para cosas como, precisamente, empezar una guerra.

Creo que ya se van haciendo una idea de que esto está al alcance de muy, muy pocos grupos, y suelen moverse precisamente por los mercados que más dinero mueven, es decir, los financieros.

Y como, aunque rivales en su mercado, tienen intereses comunes en lo demás, los grandes grupos mediáticos acaban defendiendo una misma agenda en lo que les importa, agenda que en Actuall ya conocemos al dedillo.

¿Tiene sentido que Asad, que ha reconquistado la segunda ciudad del país y ha obtenido la garantía de Trump  de que no buscará su dimisión para alcanzar la paz en Siria, se dedique a matar ninos con un gas prohibido?

Todo esto no tendría tanta importancia si al lector le interpelasen con argumentos. Pero los argumentos, por manipulados que estén y bien armados que se presenten, son peligrosos, porque obligan a reflexionar y la reflexión es un camino que se sabe dónde empieza, pero no dónde acaba. Imagínense que el lector llega a una conclusión distinta a la que quiere el medio, qué desastre.

Este riesgo no se corre si el periódico o el telediario se dirige directamente a los órganos blandos, empezando por el corazón. Si puedes ver cadáveres apilados de ninos inocentes sin que te entren ganas de quemar el mundo, no tienes corazón. Luego la guerra ya la ponen ellos.

No hace falta más. Lo estamos viendo en el caso de la amagada guerra con Siria por un ataque con gas en el que murieron una treintena de ninos. La urgencia para actuar, para vengarles, es tal que a uno le parecería mal hacer una pausa siquiera para plantearse las preguntas más obvias:

¿Nos consta que ha sido Asad? ¿Quién lo dice, testigos objetivos o grupos con un enorme interés en que Estados Unidos derroque a Asad?

El presidente de Rusia, Vladimir Putin / Wikimedia
El presidente de Rusia, Vladimir Putin / Wikimedia

¿Tiene sentido que Asad, justo cuando, tras años de horrible guerra ‘civil’, acaba de reconquistar la segunda ciudad del país y ha obtenido la garantía del presidente americano de que no buscará su dimisión para alcanzar la paz en Siria, se dedique a matar ninos con un gas prohibido?

¿No habían dicho las autoridades americanas y los inspectores de la ONU que se habían asegurado de que no quedara un miligramo de gases nerviosos en Siria?

¿Por qué la proporción de ninos muertos es siempre tan antinaturalmente alta cuando ataca Asad, es que apunta a las guarderías y colegios por puro sadismo?

¿Está más muerto un muerto por gas sarín que un nino -o adulto- espanzurrado por una bomba?

Si la respuesta es no, ¿por qué estos sesenta o sesenta muertos merecen una guerra sin cuartel y los doscientos civiles muertos en el ataque americano a Mosul ni siquiera merecen un titular en la prensa o un comentario en los telediarios?

Aun suponiendo que sea verdad todo, hasta el último detalle, ¿cuál es el plan?

¿Qué tendría previsto EEUU si termina interviniendo en Siria: ¿derrocamiento de Asad?, ¿dejar Siria en manos del Estado Islámico?

¿Alguien piensa de verdad que una intervención americana en Siria reduciría la muerte violenta de ninos? ¿No es más probable que aumente las matanzas exponencialmente, no fue eso lo que ocurrió en el caso de Irak?

Si lo de EEUU va a mayores y termina interviniendo en Siria ¿qué tienen previsto para después del derrocamiento de Asad, una ‘democracia’ como la que tanto éxito tuvo en Egipto? ¿Dejar Siria en manos del Estado Islámico? ¿Que sigan guerreando las distintas facciones para siempre?

Bashar Al Assad, presidente de Siria / Fabio Rodrigues Pozzebom - Wikimedia
Bashar Al Assad, presidente de Siria / Fabio Rodrigues Pozzebom – Wikimedia

¿Alguna guerra de estas ha salido como esperaba? ¿Alguna ha salido remotamente como se esperaba? ¿Alguien podría poner la mano sobre la Biblia y asegurar que Oriente Medio está mejor que antes de las intervenciones americanas?

Quienes hablan de “la vergüenza del mundo” y de la “obligación moral de intervenir”, son conscientes de que el único modo de hacerlo es a bombazo limpio, ¿no?

¿Están lo bastante convencidos de la justicia de su causa como para mandar a sus hijos al combate, o irían ellos mismos? ¿No? ¿Y qué clase de persona urgiría a una guerra en la que no está dispuesta a arriesgar la propia vida, sino la de otros?

¿Les he dicho ya que esto de la compasión a distancia es muy peligroso?

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Traductora, inconformista, muy suya, amante del periodismo con y sin papel, y sobre todo lectora: ésa es su verdadera vocación. Y por ese orden: primero leer y luego escribir.