El doctor Frankenstein con su criatura.
El doctor Frankenstein con su criatura.

Reírse de Pedro Sánchez o, alternativamente, escandalizarse e indignarse con él es uno de los juegos de mesa que recientemente más auge está adquiriendo entre los comentaristas, de pago y por lo gratis.

Hay en el que fuera líder casi accidental del PSOE, aparente producto de un gabinete de márketing, algo de monstruo del Dr Frankenstein en el sentido más fiel a la novela, es decir, de criatura que escapa al control de su creador y se vuelve contra él.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

Y hay que tener un oído de madera para la ironía para no captarla en sus intentos de convertir el partido que más años ha gobernado España, verdadero puntal del sistema, en un grupo antisistema. Esa pantomima ya la vivimos los que tenemos una edad y vimos a Felipe con la pana y a Alfonso, el de las camisas de Hermès, hablar en primera persona de los ‘descamisados’.

No es que puedan parar, naturalmente: el espectáculo debe continuar, y la izquierda está tan atada a la retórica de barricada que hasta cuando manda tiene que fingir que mandan otros. Pero todo tiene un límite, hasta las bromas políticas, para quienes esto es un aburrido ‘remake’ de una peli de los 80.

Durante el interregno entre dos elecciones, Pedro, antes de ser sumariamente desposeído por su partido del cargo y la candidatura, hizo mangas y capirotes por ‘podemizar’ el PSOE, y con tal de pisar Moncloa aguantó carros y carretas de Pablo Iglesias, que le chuleó a modo y hasta le mentó la cal viva, que entre los socialistas es como mentar la bicha.

Y ahora vuelve el hombre, candidato de nuevo a la secretaria general, más de morado que nunca. Para los cargos socialistas, que llevan ya décadas pisando moqueta y dando a la poltrona la forma de sus augustas posaderas, es como un “¡que vienen los rojos!” gritado en el Palacio de Invierno de los zares.

Y al titubeante aroma revolucionario de Sánchez, los instalados oponen a la reina del aparato, Susana Díaz, tan mujer de orden y “tengamos la fiesta en paz” que reina sobre el sultanato andaluz por obra y gracia de sus predecesores en ese trono, que es ya tan del PSOE como la rosa roja.

Ah, sí, también está Patxi López, pero me excusarán de tratar sobre él: es ese vértice flojo de todo triunvirato -Craso, Lépido- que está más para hacer bulto que otra cosa.

Pero, en un sentido evidente, Sánchez tiene razón y Díaz se equivoca.

Desde finales de la II Guerra Mundial gobierna Occidente un partido único con dos funciones, y siglas diferentes: un partido supuestamente de izquierdas (PSOE, SPD, PS…) y otro presuntamente de derechas (PP, CDU, UMP…)

Sánchez tiene razón en que dejar el partido más o menos como está es llevarlo a la extinción a plazo fijo. Solo hay que levantar la vista allende los Pirineos y ver que no es un destino exclusivo de nuestros socialistas, sino la estación término a la que está llegando todo el ala levemente izquierdista del consenso socialdemócrata.

La cosa es así: desde finales de la Guerra Mundial -desde la muerte de Franco, en nuestro caso-, gobierna Occidente un partido único con dos ‘sensibilidades’ o, mejor, dos funciones, y siglas diferentes: un partido supuestamente de izquierdas (PSOE, SPD, PS…) y otro presuntamente de derechas (PP, CDU, UMP…), pero ni esa izquierda pretende nacionalizar la banca ni esa derecha propone dejar de intervenir a saco en la economía.

De hecho, a lo Fukiyama, han concluido que hay un solo sistema razonable de gobernar, una única tendencia, y básicamente se han repartido los papeles: la (digamos) izquierda innova y la (por así decir) derecha consagra lo aprobado por la izquierda, lo convierte en algo ‘conservador’. Mientras, naturalmente, montan un teatrillo con vistas al electorado en el que fingen oponerse a muerte los unos a los otros.

Y este plácido arreglo hubiera podido continuar hasta el Santo Advenimiento si no fuera por un par de incómodos detalles: la quiebra a la vista del Estado del Bienestar, por culpa de los desastrosos desincentivos a la natalidad que engendra el propio sistema, y el hecho de que la ‘derecha’, quizá para ahorrar tiempo, ha comprado en bloque el discurso progre y no hay quien la gane por ese lado.

El líder del PSOE, Pedro Sánchez, durante su comparecencia ante los medios en la sede de la madrileña calle de Ferraz
El líder del PSOE, Pedro Sánchez, durante su comparecencia ante los medios en la sede de la madrileña calle de Ferraz / EFE

Dicho de otro modo: el Partido Socialista se ha quedado sin papel. Y como a perro flaco todo son pulgas y la naturaleza aborrece el vacío, la izquierda fetén y revolucionaria ha sido ocupada por grupos nuevos. Nuevos, claro, en el sentido de recién refundados, porque su programa viene a ser el mismo que ha resultado desastroso dondequiera que se ha probado.

Mélenchon se está tragando el PS de Hollande como Syriza devoró al PASOK y el PSOE de otras partes de Europa está siendo fagocitado por los ‘verdes’. Y aquí nos sale Podemos, con el inestimable estímulo de la ‘derecha’ en el poder.

Visto el panorama con perspectiva y desapasionamiento, al PSOE solo le queda elegir entre la irrelevancia política o intentar comerle la tostada a Podemos volviendo a una barricada en la que nunca estuvieron.

Lo tiene crudo en cualquier caso. Competir con Podemos es como si un cuarentón barrigudo saltara al ring para enfrentarse a un joven atlético con ganas de pelea. Tienen todas las de perder, porque quien quiera izquierda-izquierda, no va a elegir la mercancia averiada y rancia. En este caso, la gente suele preferir lo malo por conocer, si lo que quiere es algarada y paguita para todos.

El PP podría contemplar ahora cómo se completa la debacle si los del puño y la rosa se echan en brazos del Subcomandante Iglesias

Y los que votan PSOE casi por cariño y tradición pero no tienen el cuerpo para demasiadas olas, no reconocerán en el nuevo tumulto de asambleas y círculos al partido de sus entretelas. Es decir, es exponerse a perder los votos de siempre sin que sea probable adquirir muchos nuevos.

Pero el “virgencita, que me quede como estoy” de los susánidas tampoco parece una opción ganadora. ¿El partido de la sensatez, la moderación, el progresismo dentro de un orden y sin que se meneen las bolsas? Eso ya es el PP, lo sentimos mucho, esta plaza está ocupada.

El PP, que ha visto con una sonrisa de oreja a oreja cómo la aparición -no casual, no se engañen, desconfíen de la leyenda del 15-M- de los de morado desarbolaba al PSOE, podrían contemplar ahora cómo se completa la debacle si los del puño y la rosa se echan en brazos del Subcomandante Iglesias o si gana Díaz y Sánchez se echa al monte, creando un Podemos para nostálgicos de la pana.

Comentarios

Comentarios

Compartir
Traductora, inconformista, muy suya, amante del periodismo con y sin papel, y sobre todo lectora: ésa es su verdadera vocación. Y por ese orden: primero leer y luego escribir.