Portadas de Le Monde, New York Times y El País
Portadas de Le Monde, New York Times y El País

‘Conspiración’ es una palabra maldita, especialmente entre periodistas. Concita la idea de explicaciones disparatadas, relaciones inverosímiles, fuentes inexistentes o ridículas, retorcido simplismo, redacción tortuosa y descuidada, nula ética periodística y, en su extremo, incluso desequilibrio mental.

‘Conspiracionista’ es un término que puede acabar con la carrera de un profesional.

Por otra parte, cualquier plumilla avezado, especialmente en información internacional, es perfectamente consciente de que muchas de las decisiones clave que condicionan los asuntos mundiales no se toman, precisamente, con luz y taquígrafos; que las explicaciones oficiales ocultan a menudo más de lo que aclaran, que los intereses tras alianzas, paces y guerras nunca se muestran a la luz por razones obvias, que muchos tratados internacionales tienen cláusulas secretas y, en fin, que la primera baja en cualquier guerra -declarada o no, con tiros o sin ellos- es la verdad.

En definitiva, que si no existe una conspiración mundial perfectamente coordinada e infalible, como quieren los apasionados del asunto, sí existen, han existido y existirán conspiraciones puntuales, y la historia abunda en ellas para quien lo dude.

Un sector creciente del público desconfía de los medios convencionales y busca información en sitios de Internet dedicados al ‘periodismo alternativo’

Por último, y no menos decisivo, un sector importante y creciente del público desconfía de los medios convencionales y busca información -en exclusiva o como contrapunto a la que da la prensa convencional– en sitios de Internet dedicados a lo que llaman ‘periodismo alternativo’.

‘Periodismo alternativo’ es un gigantesco cajón de sastre que cubre desde oscuros e irregulares blogs personales -con visiones directamente patológicas de la realidad- hasta portales de enorme éxito y popularidad que, en lugar de exponer una teoría multicomprensiva, llaman la atención sobre los puntos oscuros, las contradicciones o las ocultaciones evidentes de sucesos de largo alcance e interés.

Se da el caso de que mientras sobreabundan los medios de periodismo alternativo en lengua inglesa y mercado mayoritariamente norteamericanos, sus equivalentes en español son aún casi inexistentes, oscuros y, en su abrumadora mayoría, de ínfima calidad.

Con la sobresaliente excepción de Actuall que, muy a nuestro pesar, confirma la regla. Que no tengamos competencia no puede alegrarnos.

En abril de 2016, un estudio del líder americano de la demoscopia, Pew Research, revelaba que solo un 6% de los norteamericanos confía en los medios convencionales. Han leído bien: un ridículo 6% se cree lo que les cuentan.

Cualquiera que eche un vistazo a los servicios de análisis de páginas web, Alexa o Google Analytics, podrá adentrarse en el formidable mercado de la prensa alternativa, que no deja de subir en detrimento de la convencional o asentada.

ActivistPost.com, http://www.activistpost.com/

por ejemplo, está entre las 16.000 websites más visitadas de Estados Unidos y entre las 35.000 de todo el mundo, lo que es todo un logro cuando se tiene en cuenta que hay más de mil millones de sitios web en el mundo.

Más espectacular es el éxito de Infowars, http://www.infowars.com/

de Alex Jones, entre las 3.200 páginas webs más visitadas del mundo, y entre las 1.200 del mercado americano.

(No tengo datos sobre quién está detrás de Infowars, porque es seguro que Alex Jones no es un francotirador; llámenme, “conspiranoico”).

No hay que olvidar el eficaz conglomerado de propaganda ruso: Russia Today, Sputnik, Katehon -como think tank– y, nada sorprendente, una serie de webs ‘conspiranoicas’ lideradas por El Robot Pescador, https://elrobotpescador.com/

con varios canales en YouTube.

En cuanto a los medios alternativos de la izquierda, están en su mayoría patrocinados por el oscuro Soros y sus tentáculos en el mundo del tecnocapitalismo y los populismos podemitas.

Si no ganan los rojos monto una guerra civil o acuso a los rusos de boicot informático

La progresía “kultureta” ha recibido un duro golpe con la victoria de Donald Trump y se han desenmascarado como los totalitarios que siempre han sido: si no ganan los rojos, monto algaradas callejeras o una guerra civil; acuso a los rusos de boicot informático; a la prensa alternativa, de falsear las noticias; y a los votantes de derechas, de subnormales profundos.

Es lo que tiene ser de esa “élite cosmopolita” a la que pertenecen pervertidos como Woody Allen y tontos útiles como John Carlin.

No lean el New York Times, ni Le Monde, Ni The Wall Street Journal, ni El País, ni el Mundo -estos dos van a ser fusionados-.

O sí: aprenderán cómo mentir con cinismo leninista y estilo guay, tipo Paulo Coelho, ese demonio.

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Paco Segarra es publicitario, escribidor y consultor de marketing. Como el sheriff Cogburn dice que "nada es gratis en este mundo, excepto la Gracia de Dios". Fuma, bebe y dice #milrayos.