El presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy , posa junto a la secretaria general, María Dolores de Cospedal, el nuevo coordinador general, Fernando Martínez-Maillo, los vicesecretarios Pablo Casado, Javier Maroto, y Andrea Levy, y la presidenta de este congreso y de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes / EFE
El presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy , posa junto a la secretaria general, María Dolores de Cospedal, el nuevo coordinador general, Fernando Martínez-Maillo, los vicesecretarios Pablo Casado, Javier Maroto, y Andrea Levy, y la presidenta de este congreso y de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes / EFE

El XVIII Congreso del Partido Popular ha confirmado lo que ya sabíamos, que para Mariano Rajoy la economía lo es todo, y que en las cuestiones morales (como el aborto, los vientres de alquiler, la eutanasia, etc.) la formación de centroderecha continuará adoptando, previsiblemente, las posiciones “progresistas” con cada vez menos años de retraso.

En honor a la verdad, debemos señalar que Rajoy tiene poco de original. En los últimos tiempos, en la mayoría de países de Europa occidental, los partidos de centroderecha han actuado de formas muy similares, en relación con los temas morales.

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Resultan característicos los cambios de la derecha política en relación con el debate del matrimonio homosexual. De estar abiertamente en contra cuando se halla en la oposición, acaba asumiéndolo allí donde ha sido instaurado por la izquierda, como si se tratara de una realidad social irreversible.

Así ha sucedido en Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Francia y por supuesto España, donde tras cuatro años de mayoría absoluta, el PP no varió una coma de las leyes ideológicas de Zapatero (aborto, matrimonio gay, memoria histórica), salvo un leve retoque cosmético, en el asunto del permiso paterno para las ninas menores de dieciocho años que quieran abortar.

La carencia ideológica

¿Por qué la derecha, una vez que alcanza el poder, no se atreve a revisar la legislación de la izquierda, que tanto criticaba en la oposición, limitándose prácticamente a una gestión de la economía? ¿Por qué esta “desbandada” ideológica, por utilizar la expresión del periodista José María Ballester, en el libro de Francisco J. Contreras, La batalla por la familia en Europa?

La respuesta que por lo pronto nos acude a la mente es que los partidos de centroderecha no hacen más que adaptarse, a fin de no perder el tren electoral, a unas sociedades donde las ideas y sentimientos progresistas son predominantes. No desdeñan el voto más conservador, que necesitan para alcanzar el poder, pero cuando lo obtienen, les resulta mucho más cómodo no entrar en debates potencialmente erosionantes, y dejar las cosas como están.

Maroto, Cifuentes, Feijóo, entre otros, no se limitan a mimetizarse con el medio, sino que aparentemente manifiestan sus convicciones personales, por ejemplo a favor de los vientres de alquiler

Se trataría de la actitud oportunista que tan admirablemente expresó Groucho Marx en una de sus ocurrencias más citadas: “Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros”. La derecha política no tendría en realidad verdaderos principios, y su única baza sería poder ofrecer unos resultados económicos suficientemente atractivos para que los ciudadanos renovasen su confianza en las próximas elecciones.

Comité de Dirección del Partido Popular
Mariano Rajoy preside una reunión del Comité de Dirección del Partido Popular /Flickr PP

Esta carencia de ideología parece cuadrar bastante con la personalidad de Rajoy, pero no tanto con muchos dirigentes del PP, como Maroto, Cifuentes, Feijóo y otros, que se han mojado claramente en determinados temas, en un sentido progresista. Estos políticos no se limitan a mimetizarse con el medio, sino que aparentemente manifiestan sus convicciones personales, por ejemplo a favor de los vientres de alquiler.

Pasión por la demoscopia

El objetivo inmediato del presidente del PP, con su indefinición ideológica, sería mantener unido su partido, para evitar la ruptura entre las tendencias progresista y conservadora. Sin embargo, el hecho es que quienes salen ganando con esta estrategia son los progresistas, pues los conservadores, por una equivocada idea de lealtad, pragmatismo o lo que sea, son poco dados a la rebelión o el cisma.

El predominio abrumador de la ideología progresista entre los periodistas parece ser un hecho primario, perfectamente capaz de producir por sí mismo una suerte de selección del personal político

Ahora bien, si existe un sector sinceramente progresista dentro del PP, la explicación grouchista de la proverbial vacuidad ideológica del centroderecha resultaría superflua, cuando no falsa. Lo que tendríamos en realidad son unas élites políticas y mediáticas que están consiguiendo llevar a la sociedad por donde quieren, más que dejándose llevar pasivamente por la demoscopia.

Más exactamente, el predominio abrumador de la ideología progresista entre los periodistas parece ser un hecho primario, perfectamente capaz de producir por sí mismo una suerte de selección del personal político.

Si eres un político progresista, la prensa te respetará, e incluso te apoyará. Si manifiestas opiniones conservadoras o contrarias a la corrección política, te machacará o aún peor, te ignorará. El concepto de “cuarto poder” cobra entonces un sentido muy distinto del que tradicionalmente se había pregonado. En lugar de ser un contrapeso de los gobiernos, la prensa se convertiría en una parte inseparable del poder político.

El mito progresista

Naturalmente, esto no significa que los periodistas sean realmente los que mandan. Los gobernantes tienen medios tan poderosos de presionar a los grandes medios, los que acaparan las mayores audiencias, que sería absurdo sostener tal cosa. Pero esto sólo viene a confirmar la estrechez del vínculo político-mediático.

La cuestión realmente crucial sería la siguiente: ¿por qué la élite es progresista? ¿Es sencillamente porque es más instruida, como probablemente cree ella misma?

Sin duda está muy popularizada la idea de que los “prejuicios” morales sobreviven merced a la ignorancia. Pero esto forma parte del mito progresista, es la esencia del relato neoilustrado de la lucha entre razón y religión, entre modernidad y tradición. No explica el progresismo, sino que es progresismo en estado puro.

Permítanme sólo apuntar una explicación que no se confundiría con su propio objeto: las ideas progresistas tienen por naturaleza mayor capacidad para servir al poder.

Nada conviene más a los gobernantes, de derechas o izquierdas, que prometer “liberarnos” de las instituciones tradicionales, promoviendo un tipo humano ante todo preocupado por las necesidades sensoriales y afectivas –y por ello más fácilmente domesticable. Este sería el auténtico significado de la máxima “la economía lo es todo”.

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Barcelona, 1967. Escritor vocacional y agente comercial de profesión. Autor de Contra la izquierda (Unión Editorial, 2012) y de numerosos artículos en medios digitales. Participó durante varios años en las tertulias políticas de las tardes de COPE Tarragona. Es creador de los blogs Archipiélago Duda y Cero en progresismo, ambos agregados a Red Liberal.