Manifestación contra el cambio climático

Acerca del cambio climático pueden enunciarse dos hechos incontrovertibles. El primero, que la temperatura media global ha aumentado 0,7° en los últimos cien años, aproximadamente. El segundo, que el aparato mediático-político progresista ha impuesto una explicación oficial de este fenómeno, sostenida mediante una manipulación informativa constante y abrumadora.

Según la doctrina oficial, el calentamiento global está siendo provocado principalmente por la emisión humana de gases de efecto invernadero, como el CO2. De aquí se deduce que si no se corrige esta tendencia, la temperatura irá en aumento con consecuencias catastróficas, como el ascenso del nivel del mar, mayor frecuencia de desastres meteorológicos, extensión de enfermedades y plagas tropicales a otras latitudes, etc.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

En el período de quince años entre 1998 y 2013, el calentamiento se mantuvo estancado, mientras que la concentración de CO2 prosiguió creciendo

Los problemas de esta teoría son varios. Para empezar, no existe una perfecta correlación lineal entre gases de origen humano y temperatura. Por ejemplo, en el período de quince años entre 1998 y 2013, el calentamiento se mantuvo estancado, mientras que la concentración de CO2 prosiguió con un ritmo de crecimiento prácticamente constante[1].

Son tantos los factores que inciden en el clima, que es muy difícil aislar los realmente decisivos a la hora de explicar sus variaciones naturales, que han existido en todos los tiempos. No digamos ya prever lo que ocurrirá de aquí al 2050.

Por lo demás, nadie ha demostrado que los fenómenos meteorológicos extremos estén aumentando globalmente. Se producen más o menos las mismas inundaciones, sequías o temporales que en otros períodos. Tampoco es verdad, ni de lejos, que los glaciares de la Antártida (donde se concentra el 91 % del hielo terrestre) se estén fundiendo.

Cada vez que se desprende un iceberg de algún punto de la costa antártica, los titulares sugieren que el polo sur se está derritiendo como un cubito de hielo

Pese a ello, se relacionan rutinariamente con el cambio climático desde un temporal hasta una plaga local de la procesionaria del pino. Y cada vez que se desprende un iceberg de algún punto de la costa antártica (en un continente mayor que Europa entera), los titulares sugieren que el polo sur se está derritiendo como un cubito de hielo en un vaso de refresco.

Pero la manipulación probablemente más efectiva se basa en el embarullamiento premeditado de los hechos con las predicciones. Un ejemplo reciente lo encontramos en el Telediario de TVE del pasado 21 de abril.

Tras las impactantes imágenes de un temporal en Andalucía, se abría paso a la oportuna dosis de adoctrinamiento climático. Esta vez el pretexto era un informe de UNICEF, cocinado por uno de los muchos tinglados que viven de la seudociencia ecologista, advirtiendo sobre el impacto del cambio climático en los ninos españoles. Tras unas afirmaciones entre supersticiosas y sensacionalistas (“el cambio climático en España es una realidad”, “los ninos son los que más lo acusan”), se da paso al corte de una entrevista a una tal Maite Pacheco, directora de políticas de infancia de la citada organización.

La entrevistada aparece hablando de un mayor índice de hospitalizaciones de ninos, de rinitis alérgica, de asma y enfermedades gastrointestinales… ¿Está describiendo la realidad actual o son meras predicciones especulativas? Significativamente, el fragmento emitido no permite determinar este pequeño detalle. Pero eso sí, se nos intercala otro corte de una entrevista a una abuela, sentada en el banco de un parque, que reconoce que los ninos tienen “mucha tos y muchos mocos.”

La grosera manipulación informativa es patente. Y es una simple muestra del repertorio habitual. Para rematar la faena se añaden las palabras de una representante de la fundación responsable del informe, que nos profetiza que la erosión de litoral por culpa de la subida del nivel del mar reducirá nuestro PIB un 3% de aquí al 2050. La OCDE, el gobierno, el FMI y la UE no se ponen apenas de acuerdo sobre el PIB del año que viene, pero esta señora se atreve a hacer una estimación para dentro de tres décadas…

Resumiendo: no se ofrece ningún hecho contrastado, todo son suposiciones y especulaciones, que pasan por buenas porque cuentan –nos aseguran– con el respaldo de la comunidad científica. Una comunidad a la que se “estimula” a producir el adecuado “consenso” vía subvenciones condicionadas y promociones académicas mediatizadas por la ultraizquierda universitaria. A ver quién es el guapo, sobre todo si ambiciona un rectorado o un cargo superior, que se atreve a expresar la más leve duda sobre la teoría antropogénica del cambio climático.

¿Por qué este empeño en vendernos una mera hipótesis científica como si fuera un dogma de fe?

Como señaló Nassim N.Taleb, mucha gente ya no cree en la infalibilidad del papa, “pero parece que creemos en la infalibilidad del Nobel”. Incluso si se trata de un Nobel tan desacreditado como el de la paz, concedido a farsantes como Al Gore, entre otros. Ahora bien, ¿por qué este empeño en vendernos una mera hipótesis científica como si fuera un dogma de fe? ¿Por qué se criminaliza a los escépticos climáticos con el término “negacionista”, sugiriendo insidiosamente cierto parentesco moral con quienes cuestionan el Holocausto?

Permítanme proponerles una respuesta a su consideración: el ecologismo es (junto a la ideología de género y el multiculturalismo) una de las principales herramientas del marxismo cultural para cuestionar y erosionar las sociedades basadas en la democracia parlamentaria y el mercado libre.

A tal fin, el relato principal ha venido consistiendo en culpar al capitalismo del hambre y la desigualdad en el mundo, a pesar de que millones de personas, particularmente en Asia, han escapado de la pobreza en las últimas décadas gracias al mercado libre. Sin embargo, esta historieta anticapitalista, aunque creída por muchos, resulta cada vez más insuficiente, por su marcado contraste con la realidad. Aquí es donde la doctrina del cambio climático antropogénico resulta esencial.

El mensaje es muy claro: no depositéis ninguna esperanza en el crecimiento económico, pues este se produce a costa del planeta. Hay que buscar modelos de producción y consumo alternativos, que no pongan en riesgo el medio ambiente. Por supuesto, rara vez se entra en detalles acerca de esos modelos alternativos; basta con preparar a la poblacion para que vea con buenos ojos, o al menos con resignación, mayores concentraciones futuras de poder político, con las consecuentes restricciones de derechos individuales.

La charlatanería del cambio climático, como la del “género”, o como el buenismo a favor de la acogida a millones de inmigrantes musulmanes en edad militar, es parte de una estrategia totalitaria alentada por una minoría, aunque asistida por una mayoría de tontos útiles. Una estrategia que resulta prácticamente obvia sólo con ver cualquier informativo, de casi cualquier cadena de televisión, con un mínimo de espíritu crítico.

[1] Compárense las gráficas de temperatura global y CO2 en la web de referencia www.climate.gov, perteneciente a la NOAA, agencia de la administración de los Estados Unidos.

Comentarios

Comentarios

Compartir
Barcelona, 1967. Escritor vocacional y agente comercial de profesión. Autor de Contra la izquierda (Unión Editorial, 2012) y de numerosos artículos en medios digitales. Participó durante varios años en las tertulias políticas de las tardes de COPE Tarragona. Es creador de los blogs Archipiélago Duda y Cero en progresismo, ambos agregados a Red Liberal.