El expresidente José María Aznar y el presidente en funciones, Mariano Rajoy. / Actuall
El ex presidente José María Aznar y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. / Actuall

Dice Federico Jiménez Losantos que lo primero que José María Aznar tiene que hacer para ser creíble es pedir perdón por el nombramiento de Mariano Rajoy, pero no parece probable que vaya a pedir disculpas, la humildad nunca fue el fuerte del ex presidente. Por eso el revuelo provocado por su renuncia a la presidencia de honor del PP en realidad tiene mucho de rebelión contra sí mismo, contra su propia herencia política: los errores de Rajoy, en cierto modo, también son los suyos.

Es verdad que en los últimos tiempos se fantasea con el posible regreso de Aznar a la política, aunque casi nadie se lo toma en serio. Ni siquiera el propio protagonista, que este lunes confesó en petit comité a un grupo de empresarios que no tenía pensado volver y que su partido seguía siendo el PP, a pesar de todo.

Aún así el mero hecho de especular con su vuelta ha provocado cierta inquietud en Génova, desde donde aseguran que “no entenderían” que Aznar fundase un nuevo partido. Tanto Pablo Casado como Martínez-Maillo salieron al paso de los rumores para dejar claro que no ven al refundador del partido fuera del mismo.

Otra cosa es Rajoy, que sabe que en el caso de que Aznar se atreviera a cruzar el río no supondría a estas alturas un peligro para su continuidad en el Gobierno. Estos son los motivos:

1. Aznar no lideraría una verdadera regeneración

Las frecuentes críticas de Aznar a Rajoy se resumen en dos: la subida de impuestos y la falta de firmeza frente al desafío secesionista. El ex presidente del Gobierno jamás le ha reprochado a su sucesor la rendición del PP a la ingeniería social de la izquierda ni que no haya derogado ninguna de las leyes aprobadas por Zapatero. Pero no hay que olvidar un pequeño detalle: fue Aznar el que designó a dedo a Rajoy en detrimento, por ejemplo, de Mayor Oreja.

2. ¿Milagros en economía?

Si de algo presume el aznarismo es de su legado económico. Pero hay que recordar que los ‘milagros’ económicos de esa etapa -aunque es verdad que se apostó por una bajada de impuestos- obedecieron en gran parte a la burbuja inmobiliaria, verdadero motor de la economía española junto al turismo. Las medidas que hoy propone Aznar de reducir el peso del Estado pudo haberlas llevado a cabo durante sus ocho años en La Moncloa. ¿Por qué no lo hizo entonces?

No puede decirse que Aznar representara un obstáculo a la hegemonía de la izquierda en la cultura y la educación, campos en los que el centro-derecha ha seguido con obediencia los postulados progresistas

3. La Educación, abandonada

En el plano social y educativo los ocho años de Aznar fueron más parecidos a los actuales de Rajoy de lo que la gente recuerda. Entre 1996 y 2004 no llegó a aprobarse la reforma educativa prometida en detrimento de la socialista LOGSE. Ni siquiera la mayoría absoluta lograda por el PP en 2000 motivó la aprobación de la Ley Orgánica de Calidad la Educación (LOCE) propuesta por la entonces ministra de Educación Pilar del Castillo.

Por este motivo no puede decirse que Aznar representara un obstáculo a la hegemonía de la izquierda en la cultura y la educación, campos en los que el centro-derecha ha seguido con obediencia los postulados progresistas desde la Transición.

4. Aborto: lo que diga el PSOE

Si Rajoy ha sido criticado -con razón- por no derogar la Ley Aído tras prometerlo en su programa electoral de 2011, Aznar no fue mucho mejor: no tocó una coma de la ley del aborto aprobada por Felipe González en 1985 que, a través del tercer supuesto (“para evitar un grave peligro para la vida o la salud física o psíquica de la embarazada”) supuso en la práctica el aborto libre para decenas de miles de mujeres cada año.

5. Mal epílogo a su política internacional

La foto de las Azores en 2003 junto a Tony Blair y George Bush días antes del comienzo de la invasión de Irak es recordada como el momento en que España respaldó la tesis de Estados Unidos de que era necesario invadir Irak para arrebatar “las armas de destrucción masiva” que supuestamente escondía Sadam Husein. El tiempo demostró que aquello era una patraña.

6. ¿Firmeza contra el nacionalismo?

Es verdad que en la lucha contra el terrorismo de signo nacionalista (vasco) la administración Aznar fue más que eficaz. Otra cosa es con el nacionalismo institucional. Tras ganar las elecciones generales en 1996 el líder del PP confesaba “hablar catalán en la intimidad”, un guiño al presidente de la Generalitat Jordi Pujol del que necesitaba su apoyo para llegar a la Moncloa. El precio, claro, no fue barato: Aznar entregó al nacionalismo la cabeza de Alejo Vidal-Quadras.

7. El obstáculo mediático: la izquierda le tiene ganas

Si hay una figura que suscite la repulsión unánime de la izquierda política y mediática es la de José María Aznar. Por eso la posible vuelta del ex presidente a la primera línea de combate provocaría la reacción furibunda de todos los medios de comunicación en manos de la izquierda -en España son la mayoría- contra el líder conservador. Volverían a sacar a relucir los aspectos más negativos de su gestión en la Moncloa. Cualquier escándalo sería nuevamente magnificado y la mayoría de las tertulias televisivas (Soraya mediante) recibirían a Aznar como es debido.

Comentarios

Comentarios

Compartir
Licenciado en periodismo por la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Tomó la alternativa en Intereconomía -semanario Alba, La Gaceta, Los Últimos de Filipinas, Dando Caña, 12 Hombres sin vergüenza- de la mano de Gonzalo Altozano y Kiko Méndez-Monasterio, de los que aprendió incluso algo de periodismo. Más tarde escribió para los digitales La Información y Periodista Digital. Viajó a Irak antes que a Roma, le apasionan la Historia y la tauromaquia. Nazareno de Sevilla.