Nelson Mandela, el hombre que reconcilió a blancos y negros en Sudáfrica.
Nelson Mandela, el hombre que reconcilió a blancos y negros en Sudáfrica.

Nkosi Sikelel’ iAfrika significa “Dios bendiga Africa” en lengua bantú. Es, además, el nombre que recibe el himno nacional de Sudáfrica, aunque en él también hay una parte en afrikáner, Die Stem -“La Voz”-.

Esto es así desde que en 1994 Nelson Mandela, ya presidente sudafricano, optara por fusionar las dos realidades del país en una sola canción. De este modo, el bantú de los oprimidos y el afrikáner de los opresores representaban la unión de lo que siempre había estado separado por un abismo de odio.

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Hay himnos excepcionales, como La Marsellesa. Hubo un general francés durante la Primera Guerra Mundial que, harto de que el alto mando le negase refuerzos de forma sistemática, dijo: “Al menos, que me manden más discos de La Marsellesa”.

Otros, como el de Israel –Hatikvá, “Esperanza” en hebreo-, tienen además una enorme carga de emotividad, por cuanto representa el sufrimiento del pueblo judío tras el Holocausto. En el caso de Nkosi Sikelel’ iAfrika puede decirse que, efectivamente, Dios bendijo a Sudáfrica, y le dio a Nelson Mandela.

“En 1995, los Springboks llegaron a la final sabiendo que aquel día habría dos rivales a cual peor. Uno, en el terreno de juego, nada menos que los All Blacks. Otro, en las gradas”

Pocas personas ha habido capaces de generar tanto cariño en el mundo entero. Un mundo que hoy sigue añorando a Madiba como alguien realmente cercano, y al que le gustaría que más de un político -que nos lo digan aquí- tomara nota de su grandeza.

De los muchos hechos notables que adornan su biografía, hay uno que retrató magníficamente Clint Eastwood en Invictus, la película que narra cómo la selección de rugby sudafricana ganó el mundial ante el todopoderoso combinado neozelandés.

Nelson Mandela felicita al capitán de la selección sudafricana de Rugby en un gesto que quedó para la historia.
Nelson Mandela felicita al capitán de la selección sudafricana de Rugby en un gesto que quedó para la historia.

En 1995, los Springboks llegaron a la final sabiendo que aquel día habría dos rivales a cual peor. Uno, en el terreno de juego, nada menos que los All Blacks. Otro, en las gradas, la mayoría negra que aborrecía a su selección de rugby -todos, salvo uno, eran blancos-. Sin embargo, el empeño personal de Mandela en los días previos al campeonato obró el milagro, y el público entero llevó en volandas a su equipo.

El diálogo entre el capitán François Pienaar y Nelson Mandela, vestido con una camiseta de los Springboks -algo que aún muchos de los suyos criticaban- en el Ellis Park de Johannesburgo fue uno de los momentos más intensos de la reciente historia sudafricana: “Francois, gracias por lo que habéis hecho por nuestro país”, dijo Mandela. “No, señor Presidente, gracias a usted por lo que ha hecho”, contestaba Peinar.

Era verdad. Ambos habían logrado una auténtica proeza.

Según Bertold Brecht, “hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

Mandela luchó toda su vida, incluidos los 27 años que estuvo preso en unas condiciones durísimas. Y a pesar de todo, fue capaz de dejar un legado de concordia y bondad sin fronteras ni fecha de caducidad. Mandela fue, es y será imprescindible. Y su legado también.

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