José Luis Rodríguez Zapatero, Miguel Blesa, Rodrigo Rato y Miguel Ángel Fernández Ordoñez/Actuall.

Cuando yo era un chaval, en las capitales de provincia como Burgos o Logroño había unos enormes carteles en forma de hucha panzuda que se iluminaban por la noche; y los más ingeniosos mostraban una moneda entrando por la ranura.

Representaban las cajas de ahorros locales, algunas con nombres tan curiosos como la Caja del Círculo o la Caja Inmaculada o la Caja de Pensiones o el Monte de Piedad.

Además, como las cajas no tenían accionistas, sino entidades fundadoras y finalidad social (proteger el ahorro de las personas más humildes y darles acceso al crédito), los beneficios se destinaban a reservas y a la llamada obra social.

Caja de ahorros Monte Piedad.
Caja de ahorros Monte Piedad.

La cantidad de programas y actividades que tradicionalmente pagaba la obra social de las cajas de ahorro es interminable: asociaciones de afectados con síndrome de Down, becas, hospitales, centros de jubilados, residencias de ancianos, promociones de viviendas, bibliotecas, deporte, restauración de catedrales y monumentos, exposiciones, museos y hasta papeleras, columpios y bancos en las plazas.

La obra social era para cientos de pueblos castellanos, aragoneses gallegos o extremeños de lo poco que les llegaba de fuera totalmente gratuito.

Pero vino la modernidad. Había que europeizarse. Adaptarse a los nuevos tiempos. Menos ventanillas y más cajeros automáticos. Menos directores ascendidos desde botones y más pijos con MBA. Al cabo de unas décadas, todas esas cajas han desaparecido, incluso sus sedes, construidas en dura piedra como para transmitir confianza en su solidez, han sido transformadas en centros comerciales iguales que los que hay en Estocolmo o Miami.

Junto con ellas, su veterana obra social se encamina a la supresión.

“Una fusión nunca crea un problema”

¿Cómo pudo suceder? La pareja de ‘malvados’ que hundió Bankia, Rodrigo Rato y Miguel Blesa, se ha convertido en un trío al unírseles –quizás hasta el primer descarte- Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que era gobernador del Banco de España cuando el ‘frankenstein’ formado por la antigua Caja Madrid y otras seis cajas de ahorro salió a bolsa.

Anagrama Bankia y Fundación Caja Madrid
Anagrama Bankia y Fundación Caja Madrid

En 2013, cuando las cajas habían quedado arrasadas con la colaboración de sus planes de fusiones, este señor tan listo y tan bien relacionado (fue columnista en El País y su esposa es alta ejecutiva de un tinglado de la ONU) sentenció que: “Una fusión nunca crea un problema. La gente lo tiene que saber. Una fusión es una oportunidad de resolver problemas.”

El principio del fin para las cajas y su obra social comenzó cuando el PSOE de los 202 diputados aprobó en 1985 en las Cortes la Ley de Órganos Rectores de las Cajas Ahorros

Pero ni Bankia es la única caja envilecida ni MAFO es el único responsable. El principio del fin para las cajas y su obra social comenzó cuando el PSOE de los 202 diputados, el de Felipe González, Alfonso Guerra y el ‘liberal’ Miguel Boyer, aprobó en 1985 en las Cortes la Ley de Órganos Rectores de las Cajas Ahorros (LORCA), a la que se opuso con tanta brillantez como inutilidad ante el rodillo socialista el ex ministro franquista y diputado de AP Fernando Suárez.

Con la LORCA comenzó el reparto

La LORCA decía esto tan bonito en su exposición de motivos:

“Esta Ley pretende alcanzar el triple objetivo de democratizar los órganos de gobierno de las Cajas de Ahorros, conciliar esa democratización con las exigencias de una gestión eficaz, que debe cumplirse con criterios estrictamente profesionales, y establecer una normativa de acuerdo con los principios que inspira la nueva organización territorial del Estado, sentando al mismo tiempo las bases del régimen de disciplina, inspección y control de estas Entidades.”

Entre los planes delirantes de la partitocracia, se llegó a hablar de la unión de todas las entidades de cada comunidad en una sola

En los años siguientes las comunidades autónomas elaboraron su propia ley de cajas regionales, para que el gobiernito pudiera mangonear con mayor impunidad las que se encontraban en su territorio. ¿Por qué cajas que operaban en media España tenían que estar sujetas al cacique del territorio donde tenía su sede social en vez de a la legislación nacional? Entre los planes delirantes de la partitocracia, se llegó a hablar de la unión de todas las entidades de cada comunidad en una sola.

Al principio sólo el PSOE, el PNV y CiU irrumpieron en las cajas. Sus apparatchiks fueron depurando a los verdaderos profesionales. Una de las poquísimas que resistió a los políticos fue laCaixa, nacida de otra fusión en 1990, que desbarató los ataques del partido del 3%. A medida que el PP conseguía en los años 90 poder local este partido se unió a la ‘merienda de afroamericanos’.

Los bancos privados de los partidos

De los tres objetivos planteados por la LORCA, se cumplió plenamente sólo uno, el último. La democratización de sus órganos de gobierno supuso la entrada, como los bárbaros en Roma, de los partidos políticos y los sindicatos mayoritarios en la asamblea general y el consejo de administración respectivos.

En 2009, se calculó que de los 6.065 miembros de las asambleas y los consejos de las 45 cajas, un 34%, es decir, 2.087, estaban nombrados por la partitocracia.

Varios ex políticos presidieron algunas de ellas: los socialistas Narcís Serra (Catalunya Caixa) Juan Pedro Hernández Moltó (Castilla La Mancha), los populares Rato (Bankia) y José Luis Olivas (Bancaja), el nacionalista vasco Mario Fernández (Kutxabank), el navarrista Miguel Sanz (Caja Navarra)… Pedro Sánchez fue miembro de la asamblea de Caja Madrid.

Y la “gestión eficaz” consistió en financiar proyectos ruinosos, como el aeropuerto de Ciudad Real, Terra Mítica (Alicante), el Centro Niemeyer (Asturias), cadenas de hoteles de lujo… Además, se concedieron docenas de millones de euros en préstamos a los partidos, muchos de los cuales se condonaban, o a amigos y testaferros.

Por último, los consejeros se fijaron sueldos astronómicos y generosísimas pensiones. José Luis Méndez (director de Caixagalicia) percibió en un solo año 11,2 millones de euros. El consejo de Caixa Catalunya se aumentó las retribuciones a la vez que la entidad recibía transferencias del Estado. Y el director y tres consejeros de la catalana Caixa Penedès cobraron 28,6 millones de euros como pensión que tuvieron que devolver para no ir a la cárcel.

Si el empeño de la partitocracia para apoderarse de las cajas de ahorro está claro, cabe pensar que su obcecación en salvarlas de quiebras, ventas y absorciones se ha debido a que querían seguir con sus ‘banquitos’ y que no nos enterásemos de cómo las habían saqueado.

Un diputado del PP gallego, Pedro Puy, explicó que el veto de su partido en el Parlamento gallego a una comisión de investigación sobre las cajas locales, ya desaparecidos, fue, en realidad, “un favor que le hemos hecho al país”

¿Es que la gente no puede soportar la verdad?

La obra social, reducida a un tercio en seis años

Semejante gestión afectó a los beneficios de las cajas y, en consecuencia, a la obra social. Ésta por primera vez superó los mil millones de euros en 2002. Con la borrachera provocada por el ladrillo y la especulación, el beneficio de las cajas se disparó y también la obra social, hasta rebasar los 2.000 millones en 2008.

El rescate de las cajas ha costado más de 60.000 millones de euros a los contribuyentes españoles

A partir de ese momento, el sistema financiero español (“el más sólido del mundo”, según Rodríguez Zapatero) comenzó su declive, que en el caso de las cajas fue un desplome. Hasta ahora, el rescate de las cajas ha costado más de 60.000 millones de euros a los contribuyentes españoles.

La desaparición de los beneficios y las fusiones, dirigidas por Fernández Ordóñez, Zapatero y su ministra Elena Salgado, han depauperado la obra social.

En 2014, las cajas, ya transformadas en fundaciones, aportaron a su obra social casi 710 millones de euros, de los que alrededor de 500 millones correspondieron a laCaixa. Es decir, en seis años de “gestión profesional” y de  órganos “democratizados”, la obra social se redujo en dos tercios. En 2015, la cantidad se recuperó un poquito, como la economía española: 717 millones.

Fuente: CECA
Fuente: CECA

Otro reproche que hemos de hacer a la partitocracia y a los altos funcionarios del Banco de España es la concentración del sector financiero. En 2007 operaban en España en torno a 60 entidades financieras (de las que 45 eran cajas) y en 2015 quedaban 18. ¡Algunos aseguran que sólo quedarán diez!

Más concentración reduce la competencia, tanto para los clientes como para los empleados, aunque para los directivos y los funcionarios es una situación ideal, porque tiende al oligopolio y a un control más sencillo del mercado y de las entidades.

Dependiente de los dividendos

La CECA (el organismo que las agrupaba a todas) advirtió en 2015 de que la obra social peligra debido a la ‘bancarización’ de las entidades.

“Si la continuación de la Obra Social de las antiguas cajas de ahorros, ahora en manos de las fundaciones, pasa a depender únicamente del posible reparto de dividendos de los grupos bancarios de las que son accionistas, resulta previsible una preocupante disminución de los fondos para la financiación de los proyectos sociales.”

De ocurrir esto, se habría consumado una nueva desamortización, como la perpetrada en el siglo XIX, que despojó a las órdenes religiosas y los ayuntamientos de su patrimonio, con el que atendían a millones de españoles, para enriquecer a un puñado de corruptos.

Y ahora el Gobierno amenaza con mejorar las cajas rurales, cuando de las más de setenta cajas rurales que hay en España sólo una, la de Mota del Cuervo, tuvo que ser intervenida por el Estado (2014). Pero el Estado de las Autonomías no puede consentir que ni una sola área organizada por los ciudadanos en la que no intervenga.

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es Lecciones de España, en versión digital: http://www.editorialmanuscritos.com/Lecciones-de-Espana.