El atleta Bruce Jenner decidió convertirse en Caitlyn Jenner /TheWrap.com
El atleta Bruce Jenner decidió convertirse en Caitlyn Jenner /TheWrap.com

Es ya tradicional, y un tributo a la condición humana, que el presidente saliente en EEUU busque en sus últimos meses de mandato una causa que en el futuro quede unida a su nombre, lo que llaman “legado”. Y es testimonio de estos tiempos absurdos que el legado que parece querer dejar Obama, la cuestión en que más está insistiendo últimamente, sea obligar a los estados a que los hombres biológicos -no existen de otro tipo, pero es para entendernos- puedan entrar en cuartos de baño y vestuarios femeninos.

Ya hablamos en su día de este asunto y del boicot que está hundiendo en bolsa a la cadena Target por permitir que los hombres entren en sus lavabos de mujeres y al revés. Carolina del Norte, previendo la pesadilla en que se puede convertir esta moda -si no entiende la de peleas o algo peor que se acabarán produciendo, es que no conoce bien la naturaleza humana-, ha aprobado una ley prohibiendo explícitamente esta confusión de géneros, y ahora el presidente les ha leído la cartilla, diciendo que no va a permitir que se “conculquen los derechos de los transexuales”, un 0,03% de la poblacion.

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El pasado fue el ‘año trans’, el año en que el campeón olímpico de triatlón Bruce Jenner se convirtió en la Mujer del Año de la revista Glamour con el nombre de Caitlyn Jenner, animando a la propia Wikipedia a cambiar la entrada en cuestión y enterarnos de que una tal Caitlyn Jenner había ganado la medalla de oro en la categoría masculina de una disciplina olímpica. Oh.

En Nueva York impondrán multas a quien llame varón a quien se considere mujer. Y no me refiere a Bibi Andersen sino a alguien con la barba de un leñador y el cuerpo de Schwarzenneger

Ahora, la ciudad de Nueva York impone multas de hasta 250.000 dólares por confundir los pronombres al referirse a una persona, refiriéndose, por ejemplo, como varón a quien asegura ser mujer ‘atrapada en un cuerpo masculino’. Entiéndanme bien: no me estoy refiriendo a Bibi Andersen, a un transexual de rasgos más o menos ambiguos, sometido a las oportunas -y numerosas- operaciones y a un diario tratamiento hormonal de por vida, no: eso sería horriblemente sexista y discriminador y un montón de cosas más, igualmente horrible para el desconcertado progresista moderno.

Puede tener la barba de un leñador del Canadá, el cuerpo de Schwarzenegger al salir del gimnasio y una dotación genital acorde: lo que cuenta, para la ley, es que él ‘crea’ ser una mujer. Bienvenidos al siglo XXI, donde nuestras ilusiones son realidad por decreto.

Bibi Andersen, durante una entrevista con Bertín Osborne /TVE
Bibi Andersen, durante una entrevista con Bertín Osborne /TVE

No hay que decir que la machacona insistencia de los medios, ahora con el entusiasta espaldarazo presidencial, está multiplicando los casos de padres que ‘descubren’ que su hijo de 2, 4, 5 años es, en realidad, una niña, la tratan y visten como tal y exigen al mundo -vía registro civil- que hagan otro tanto. Ciertamente, un número no menor de estos abusos infantiles -no se nos ocurre mejor forma de llamarlos- corresponde a matrimonios de lesbianas. No creo que el asombro entre mis lectores sea exagerado.

En Canadá, donde en las pasadas elecciones ganó el ‘poster boy’ de la progresía más avanzada, Justin Trudeau, no han querido por detrás de sus vecinos del sur, y ya ha anunciado el Gobierno que está preparando una ley de reforma del Código Penal que prohíba criticar la transexualidad.

Piénselo bien: si usted expresa en Canadá lo que la humanidad ha pensado en todas partes durante toda su historia hasta ahora mismo, lo que la ciencia médica ha determinado hasta ahora mismo y en lo que sigue insistiendo, por ejemplo, el Colegio de Pediatras de Estados Unidos, y lo que indica a las claras la biología, se enfrenta a una pena entre dos y tres años de cárcel.

Ya calientan en las bandas los partidarios del poliamor, el bestialismo y la pedofilia

Y no se hagan a la idea de que se trata de un efecto propagandístico, una medida aprobada solo para tranquilizar a un grupo de presión pero que, al final, nunca va a aplicarse. Canadá tiene ya entre sus leyes una prohibición similar de críticas a la homosexualidad desde hace años y ha dado más de un quebradero de cabeza a cristianos que se han pronunciado contra el matrimonio de personas del mismo sexo. En 2013, el Tribunal Supremo canadiense refrendó la condena de un predicador por distribuir panfletos censurando el comportamiento homosexual.

La disolución del modelo tradicional de familia, de la única familia que ha conocido Occidente, gana velocidad por momentos, y la progresía, que no puede parar en su enloquecida carrera hacia el suicidio civilizacional, no va a detenerse tampoco aquí, denlo por seguro.

Ya ‘calientan en las bandas’ los partidarios del ‘poliamory’ -matrimonios compuestos por cualquier número de hombres y mujeres-, el bestialismo y la pedofilia. Al tiempo.

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Traductora, inconformista, muy suya, amante del periodismo con y sin papel, y sobre todo lectora: ésa es su verdadera vocación. Y por ese orden: primero leer y luego escribir.