Imagen referencial de dos mujeres peleando

El diario El Español ha publicado recientemente el vance de un estudio elaborado por la asociación LGTBI COGAM con el que se pretende atraer la atención sobre el fenómeno de la violencia en el seno de las parejas del mismo sexo.

Según revela el diario digital de Pedro J. Ramírez, el estudio se ha realizado sobre encuestas a 900 personas LGTBI. La inmensa mayoría de ellas viven en España. Y el 30% reconoce haber agredido a su pareja del mismo sexo. 

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Al parecer, esta forma de violencia tiene mayor prevalencia entre las mujeres lesbianas (33,85%) que entre los hombres homosexuales (26,56%).

A estas agresiones las han bautizado como “violencia intragénero” y, según se detalla en la primicia de El Español, las asociaciones LGTBI pretenden que se apruebe una nueva ley que aborde estos sucesos de manera específica y diferenciada.

¿Por qué una nueva ley? Para que estos casos no sigan englobándose en la ley de Violencia Doméstica y, a juicio de Colegas, otra entidad LGTBI, deje de ser una violencia que ellos estimas “de segunda categoría”.

“Este estudio, mucho me temo, pretende ser la punta de lanza de la creación de una nueva estructura que habilite un enorme negocio alrededor de la violencia entre personas del mismo sexo”

Como lo han oído. Para Colegas, la violencia entre hombres y mujeres homosexuales no puede equipararse a la que tiene lugar entre personas de diferente sexo, excluida la que se produce por un varón contra una mujer, que como es sabido, ya es una categoría aparte.

Una cosa es que cada agresión tenga sus características propias y otra pretender que, hasta en la violencia, lo LGTBI merece un tratamiento especial por encima de la media.

Gran paradoja esta en la que para reivindicar la igualdad LGTBI se exacerba la consideración especial de todo lo que no es la heterosexualidad. 

Este estudio, mucho me temo, pretende ser la punta de lanza de la creación de una nueva estructura que habilite un enorme negocio alrededor de la violencia entre personas del mismo sexo, del mismo modo que ya existe con la llamada violencia de género.

“Exigimos las mismas medidas y recursos que actualmente son ofrecidas a las mujeres víctimas de la violencia de género”, señala Francisco Ramírez, presidente de Colegas.

Les aclaro el panorama. En la actualidad, existen dos leyes específicas para los episodios de violencia. La de Violencia Doméstica, de 2003, que abarca cualquier violencia que se produzca en el seno de una familia o relación análoga, salvo si es de un varón sobre una mujer.

Por otro lado, está la referida a la llamada “violencia de género”, de 2004, que señala al hombre como presunto culpable de tener una querencia irrefrenable de dominación, odio y violencia contra la mujer.

“Es tan esperpéntico que hasta alguna víctima de un hombre que no merece tal nombre señala que “la ley de violencia de género produce más violencia porque acorrala al hombre”. Y ahora quieren lo mismo en versión ‘intragénero'”

En la primera, quien acusa debe probar lo denunciado. En la segunda, el acusado debe probar su inocencia, aunque en la práctica da igual, porque con el “tratamiento previo” a la sentencia (detención inmediata y cuartelillo antes de nada) uno ya está condenado a la pena social.

Sin contar con el uso instrumental de las denuncias en los procesos de ruptura matrimonial (casi todas acaban sin condena por maltrato) a efectos de pensiones de alimentos, órdenes de alejamiento, custodias sobre los hijos, régimen de visitas, etc.

Pueden repasar los casos de Francisco Muñoz, Juan Antonio Luceño, Jesús Muñoz, entre otros que hemos publicado en Actuall. Es tan esperpéntico que hasta alguna víctima de un hombre que no merece tal nombre señala que “la ley de violencia de género produce más violencia porque acorrala al hombre“. Y ahora quieren lo mismo en versión “intragénero”.

Ya lo ven. De los creadores de la ‘violencia de género’ llega ahora la ‘violencia intragénero’. Habría que acabar con las etiquetas. Con lo sencillo que es decir: No a toda violencia. A todo género de violencia. Sin género de dudas.

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Nicolás de Cárdenas fue inoculado por el virus del periodismo de día, en el colegio, donde cada mañana leía en su puerta que “la verdad os hará libres”. Y de noche, devorando los tebeos de Tintín. Ha arribado en su periplo profesional a puertos periodísticos de papel, internet, televisión así como a asociaciones cívicas. Aspira a morir diciendo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe".