HIllary Clinton y Donald Trump
HIllary Clinton y Donald Trump / Actuall

No se puede decir que la Administración Obama-Hillary se haya caracterizado por la protección de la vida. Ni en Siria ni en el vientre materno. La financiación a la mayor multinacional del aborto, Planned Parenthood, ha sido una de las señas de identidad del gobierno saliente en materia social.

Poco ha importado que además de dedicarse al aborto, Planned Parenthood haya sido motivo de escándalos como el de lucrarse a través del tráfico de órganos de bebés abortados. El apoyo implícito tanto de Obama como de Clinton ha sido tal que hasta la propia multinacional agradeció el apoyo recibido financiando parte de la campaña de Hillary a una presidencia de los Estados Unidos que daban por hecha.

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Pero las cosas no salieron como esperaban. Por eso tampoco puede decirse que Obama haya mostrado una gran deportividad tras la victoria de Donald Trump.

Prueba de ello es que antes de su inminente salida de la Casa Blanca -el 20 de enero es la toma de posesión del nuevo presidente republicano- el líder demócrata ha aprobado una ley para blindar la financiación a los organismos que regulan “los servicios de planificación familiar y los programas de salud reproductiva de las mujeres”.

La Administración Obama muere matando, por eso tiene previsto que la ley entre en vigor dos días antes de que Trump sea oficialmente presidente de los Estados Unidos.

Métodos coercitivos

El camino que la pareja Obama-Clinton ha seguido ha ido siempre en manifiesta confrontación hacia la religión cristiana.

Hillary llegó a confesar en la pasada campaña electoral que el Estado debía emplear métodos coercitivos contra las creencias religiosas que no vayan acorde a los principios del progresismo: “Los códigos culturales profundamente enraizados, las creencias religiosas y las fobias estructurales han de modificarse. Los gobiernos deben emplear sus recursos coercitivos para redefinir los dogmas religiosos tradicionales”.

Wikileaks desveló los planes de Hillary para dinamitar la Iglesia católica al provocar una “primavera católica” que sirviera para dividir a la jerarquía norteamericana y enfrentar a los creyentes

Durante los últimos ocho años la ideología de género no sólo se ha extendido por Estados Unidos, sino por otras partes del mundo. A ello se han dedicado con entusiasmo Obama y su secretaria de Estado condicionando la ayuda a los países en desarrollo a cambio de aprobar leyes que extendieran el aborto y el matrimonio gay.

La cruzada de Hillary contra la Iglesia también vivió capítulos como el de los correos electrónicos que se cruzaba con su jefe de campaña, John Podesta, (desvelados por Wikileaks) en los que ambos urdían un plan para dinamitar la Iglesia católica desde dentro.

Es decir, provocar una “primavera católica” dentro de la Iglesia que sirviera para dividir a la jerarquía norteamericana y enfrentar entre sí a los católicos en Estados Unidos.

Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York / EFE
Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York / EFE

El cardenal Dolan rezará en la toma de posesión de Trump

Todo esto es con lo que Trump ha prometido acabar. En la campaña electoral se comprometió tanto a retirar la financiación a Planned Parenthood como a una lucha abierta contra la ideología de género.

Por eso a nadie ha cogido por sorpresa los primeros nombramientos de Trump para su equipo de Gobierno. El vicepresidente Mike Pence, el fiscal general Jeff Sessions, la embajadora ante la ONU, Niky Halley, la secretaria de Educación Betsy DeVos, el secretario de Vivienda Ben Carson o la jefa de campaña, Kellyane Conway, tienen en común un perfil provida.

Quizá por todo ello algunos de los principales líderes religiosos -protestantes, católicos y judíos- han anunciado que rezarán en la toma de posesión de Donald Trump. En concreto participarán en las lecturas durante la ceremonia el cardenal Timothy Dolan, el reverendo Franklin Graham, el rabino Marvin Hier, el obispo Wayne T. Jackson, el reverendo Samuel Rodríguez y la pastora Paula White.

En realidad no se trata de algo nuevo. En la época del demócrata Bill Clinton era muy común oír invocaciones a Dios en los discursos presidenciales y este tipo de rezos en los nombramientos de Gobierno o la formación del mismo.

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Licenciado en periodismo por la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Tomó la alternativa en Intereconomía -semanario Alba, La Gaceta, Los Últimos de Filipinas, Dando Caña, 12 Hombres sin vergüenza- de la mano de Gonzalo Altozano y Kiko Méndez-Monasterio, de los que aprendió incluso algo de periodismo. Más tarde escribió para los digitales La Información y Periodista Digital. Viajó a Irak antes que a Roma, le apasionan la Historia y la tauromaquia. Nazareno de Sevilla.