Pedro Serrano y Alexander Selkirk inspiraron el Robinson Crusoe de Defoe.
Pedro Serrano y Alexander Selkirk inspiraron el Robinson Crusoe de Defoe.

Si Conan Doyle sacó de un personaje real, el doctor Joseph Bell, al detective Sherlock Holmes, Daniel Defoe se inspiró en un náufrago de carne y hueso para dar a la estampa a Robinson Crusoe, él héroe de la famosa novela escrita en 1719.

Se trata del escocés Alexander Selkirk, rescatado en 1709  después de haber pasado 4  años en una isla del archipiélago de Juan Fernández, frente a las costas de Chile.

Pero también pudo inspirarse en otro náufrago cuya peripecia es aún más azarosa y más larga (permaneció en una isla el doble de tiempo que Selkirk: 8 años).

Se trata del español Pedro Serrano, que sobrevivió en una isla desierta a 220 millas náuticas (unos 360 kms.) al este de la costa de Nicaragua, y casi doscientos años antes: en 1526.

La aventura de Serrano es aún más emocionante que la ficticia de Robinson Crusoe y desde luego daría para una película o hasta una serie de televisión de Netflix.

¿Pudo conocer el escritor Defoe el naufragio del español? Perfectamente, ya que el inglés -comerciante, periodista y escritor- viajaba, debido a sus negocios, por toda Europa -incluida España-y la hazaña de Serrano era muy popular entonces por los circuitos comerciales y navales.

Es muy probable que el escritor tomara detalles de los naufragios del español y del escocés para meterlos en la coctelera de su imaginación y esbozar el personaje literario que se convirtió en arquetipo de la lucha por la supervivencia.

Pero desgraciadamente, la historia de Serrano no aparece en los libros de texto y los escolares españoles desconocen las andanzas de este capitán de barco y su odisea.

Un temporal hundió el patache, murieron todos los tripulantes excepto Serrano y dos más y llegaron a un banco de arena de 50 kilómetros de largo

Mandaba una expedición desde Cuba a Colombia (por aquel entonces el virreinato de Nueva Granada) a fin de desbrozar la selva y preparar el terreno para poblar y colonizar ese territorio. Serrano está a bordo de un patache, barco de vela con dos palos, mezcla entre un bergantín y una goleta, que se usaba para navegaciones de exploración.

Le pilla un temporal, uno de esas furias caribeñas que barren islas y casas, y el patache zozobra y se hunde. Mueren todos los tripulantes excepto Serrano y dos más, que llegan exhaustos a un banco de arena de 50 kilómetros de largo por 13 de ancho.

No saben dónde están y lo que es peor si pasan barcos por allí. No tienen nada que comer ni que beber –pues no hay fuentes de agua dulce-. Nada que ver con la frondosa y literaria isla donde Defoe sitúa a Robinson. Es un ataúd en forma de atolón perdido y desértico.

Lo que siguió fue un calvario. Uno de los dos compañeros murió al poco tiempo y el segundo sería rescatado. Durante años Serrano vive solo y sobrevive penosamente a base de alimentarse de mariscos crudos (cangrejos, camarones);  de beber la sangre de tortugas que degollaba previamente; y después, del agua de lluvia que consigue recoger en un depósito que fabrica con caparazones de moluscos y maderas del barco naufragado.

Consigue calentarse usando como yesca los jirones de la ropa y haciendo fuego con pedernales. El fuego le sirve también para hacer señales con la esperanza de que pase un barco y le vea.

El Robinson español tuvo su particular Viernes. Llevaba tres años cuando vio a otro hombre en su isla, que se había perdido en los bajíos de ella y había llegado agarrado a un tablón.

El Inca Garcilaso describe el dramatismo del encuentro en una escena impresionante en su libro Comentarios Reales de los Incas (1609),

Cuenta que “Serrano imaginó que era el demonio que venía en figura de hombre para tentarle en alguna desesperación”.

Y el otro igual: “El huésped entendió que Serrano era el demonio en su propia figura,  según lo vio cubierto de cabellera, barbas y pelaje”.

(…) “Cada uno huyó del otro,  y Pedro Serrano fue diciendo: ¡Jesús, líbrame del demonio!

Oyendo esto, se aseguró el otro, y volviendo a él le dijo: «No huyáis, hermano de mí, que soy cristiano como vos»; y para que se certificase, dijo a voces el Credo”.

Tom Hanks, caracterizado como Chris Nolan, en la película Naúfrago, dirigida por Zemekis /Palytone
Tom Hanks, caracterizado como Chris Nolan, en la película Naúfrago, dirigida por Zemekis /Palytone

Después se ayudaron mutuamente para luchar contra el mayor de los peligros, la desesperación. Porque cada vez que pasaba de largo un barco sin percatarse de las ahumadas que hacían quedaban con la moral por los suelos.

Hasta que, pasados 8 años desde que Serrano naufragó, un navío vió la ahumada y les recató.

Desgraciadamente, el compañero de Serrano murió a bordo de regreso a España.

Le recibió Carlos V en Alemania y Serrano se presentó ante el emperador con las greñas y la barba de náufrago

El náufrago alcanzó gran popularidad en España y en toda Europa. Tanta que hasta le llamó a su presencia el César Carlos, que en aquel momento se encontraba en Alemania. La escena recreada por diversos literatos tiene su gracia, porque Serrano se presentó en la corte con las greñas y las barbas de náufrago, tal como salió de la isla.

Posteriormente, el héroe se dirigió a Perú, con cuatro mil pesos de renta, dados por el emperador. Pero apenas pudo disfrutar de ellos porque allí murió en Panamá.

Casi nadie recuerda hoy día aquella gesta, aunque hay memoria escrita, tanto en el Archivo de Indias de Sevilla, como en los textos de Garcilaso el Inca, e incluso una alusión literaria en La Capitana del Yucatán del italiano Emilio Salgari.

Y pocos reparan en que un islote o cayo de aguas colombianas llamado Cayo Serrana o Serrana Bank es justamente el infernal atolón en el que el náufrago sobrevivió durante 8 años.

El filósofo Julián Marías dedicó un interesante artículo a Serrano, titulado El Otro en la isla -recopilado en el libro El oficio del pensamiento-.

En el texto, Marías compara a Robinson con Serrano y a la cultura protestante con la católica. Y como el Robinson de Daniel Defoe llama Viernes al negro al que ha salvado de unos caníbales. Y le cuida, le alimenta, le sonríe, pero también le utiliza, como criado. Son el amo (Master) y el criado (Viernes)

Por el contrario, el español Pedro Serrano llama “hermano” a su compañero náufrago y nunca criado.

“En la isla desierta – escribe Marías – los españoles, sin técnica, organizan una vaga división del trabajo, origen de piques y rencillas, gritos y denuestos, que se disuelven en abrazos, efusión y más conversaciones”.

En tanto que en el caso de Robinson, “el inglés y el nativo, en plena soledad, siguen siendo el inglés y el nativo, con desigual amistad técnica y bien ordenada. Tú y yo, pero nunca nosotros”.

Y concluye “en las dos islas desiertas las dos parejas de hombres solitarios dibujan dos formas de vida, dos maneras de entender la convivencia y esa realidad que llamamos tú y nos permite ser yo”.

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Castellano de la Mancha, estudió Letras y Ciencias Políticas, pero se gana la vida como periodista, escritor, gastrónomo y espectador del paisaje y del paisanaje. Colaborador de Actuall.