“Si no lo denuncio, soy cómplice de ello”. Esto es lo que dijo hace dos días el Dr. Oscar Elías Biscet cuando relató su vida a las personas que se acercaron a escucharlo a Derecho a Vivir.

Cuando le preguntamos por qué había ido en persona a hablar con Fidel Castro para contarle que en el hospital en donde trabajaba se mataba a bebés que sobrevivían al aborto ahogándolos en cubetas o asfixiándolos, respondió que hizo todo eso “por amor al prójimo y para defender a la humanidad”. Y todo lo que hizo le costó once de años de cárcel, de tortura, de exclusión del mundo laboral y de persecución a su familia.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Haz un donativo ahora

Un médico, un hombre sencillo, como él se define, que descubrió en la cárcel algo que hasta ese momento no había entendido en qué consistía: poner la otra mejilla. El Dr. Biscet comprendió allí que “poner la otra mejilla es no hacerle daño al prójimo, a dar amor cuando se es maltratado”.

Seguro que a muchos de nosotros nos costará comprender por qué un hombre joven con un futuro profesional por delante, con una esposa y un hijo pequeño, entregó su vida por una causa como la de defender el derecho a la vida y la dignidad de todas las personas.

Nosotros, que anteponemos nuestros prejuicios, nuestras pequeñas prebendas, nuestros intereses al fin y al cabo, y nos escudamos en el mal menor, excusa miserable para no dar la cara por nada ni por nadie, no podemos ni imaginar lo que ha supuesto para este hombre, que pasa de los cincuenta años y que sale de Cuba por primera vez, el defender el primero de los derechos humanos, el derecho a la vida.

“Nos limitamos a votar cada cuatro años al que menos cosas nos quite y a quejarnos el resto del tiempo por lo mal que lo hacen otros”

Nuestra desidia tiene una explicación según el Dr. Biscet, y es que “España ha vivido una bonanza que ha hecho que la gente se vuelve apática y que esta apatía los aleje del compromiso político”. Afirma que nos escudamos en que no somos políticos para no comprometernos. Y así es. Nos limitamos a votar cada cuatro años al que menos cosas nos quite y a quejarnos el resto del tiempo por lo mal que lo hacen otros.

Cuando un hombre cuenta su historia con lágrimas en los ojos y dice que desea volver para liberar a su país, una se hace pequeña, muy pequeña, insignificante.

Y cuando el Dr. Biscet recomienda al pueblo español que “opte por lo mejor, aquello que dignifique al ser humano, y elija a representantes políticos que enaltezcan la dignidad humana”, me reafirmo en que yo también debo luchar por liberar a mi país. Debo luchar por liberar a España de la cultura de la muerte que se está extendiendo como una mancha de aceite y de ese mal moral que es la indiferencia ante el sufrimiento de miles de seres humanos inocentes e indefensos.

“Debo luchar para que en España pueda haber representantes políticos que defiendan sin ambages los derechos humanos y tengan un proyecto que ponga al ser humano en el centro”

Y debo luchar para que en España pueda haber representantes políticos que defiendan sin ambages los derechos humanos y tengan un proyecto que ponga al ser humano en el centro. Tengo que luchar contra esas pequeñas tiranías del poder de las que él habla, y que se permiten expulsar a los diputados que discrepan y piden que se cumpla con la palabra dada.

Biscet fue encarcelado por un régimen dictador y comunista que no toleró que denunciara los ataques contra el derecho a la vida que su Gobierno estaba permitiendo. Aquí tenemos un Gobierno democrático que permite los mismos ataques y cuyos dirigentes nos llaman “ultratalibanes” por denunciar la postura proabortista de muchos de ellos.

Si no despertamos sólo será cuestión de tiempo. Tal vez no nos torturen en una cárcel, pero nos intentarán callar de otras maneras. Muchos de los que piensan como nosotros ya se callan e intentan amordazarnos sin gran éxito.

El Dr. Biscet se jugó mucho, y estoy segura de que ya lo ha ganado todo. Según él, la dictadura castrista está llegando a su final. Cuando eso ocurra, y Cuba sea un país libre en el que se respeten los derechos humanos, comenzando por el derecho a la vida, él estará en el lado correcto. Y siempre tendré presente la historia de su vida para no dejar de luchar. Gracias, señor Biscet.

Comentarios

Comentarios

Compartir
Doctora en Medicina especialista en Pediatría. He trabajado en proyectos de cooperación al desarrollo en Sudamérica y África. Portavoz de Derecho a Vivir. Tengo la gran suerte de conocer una gran verdad científica: aquel que aparece en el mismo momento de la concepción es un ser vivo de la especie humana. Nuevo, diferente, único. No habrá otro igual a él sobre la faz de la Tierra. He dedicado parte de mi vida a proclamar esta verdad y a defender el derecho a la vida de cada uno de estos seres humanos.Es fácil. Me asiste la verdad y la certeza de que esta causa triunfará. Por eso estoy aquí