Alberto Royo, autor del libro 'Contra la nueva educación'
Alberto Royo, autor del libro 'Contra la nueva educación'

Lo dice alto y claro, “yo contesto lo que pienso, no con lo que voy a quedar mejor”, y es que este profesor de Secundaria llamado Alberto Royo (Zaragoza, 14 de julio de 1973) ha alzado su voz contra eso que se llama nueva educación, basado en buenos y felices sentimientos más que en el conocimiento.

Este profesor que trabaja en Pamplona y tiene un blog sobre educación llamado Profesor Atticus,  denuncia que “se pide información a expertos que nunca han pisado un aula”, por lo que no augura un buen futuro para la educación, ni aunque todos los partidos políticos llegasen a un acuerdo. 

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Por ello ha escrito ‘Contra la nueva educación‘, con el propósito de que se oiga su voz y para enunciar que desde la implantación de la LOGSE, en 1990, e incluso antes, se ha ido infantilizando al estudiante, con unos resultados que evidencian la mala salud del sistema español.

En su libro alerta de que a día de hoy se educa más en los sentimientos que en el conocimientos. Pero, ¿cuándo empezó esta ‘nueva educación’?

Muchas de estas nuevas metodologías hace ya tiempo que se vienen poniendo en práctica con malos resultados, pero es verdad que el ‘boom’ de las emociones está creciente. Sobre todo a partir de la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner y todo sus secuelas.

Al final el problema de todo esto es que se sobredimensiona tanto el aspecto afectivo que se va relegando cada vez más el conocimiento que, al fin y al cabo, es ya emocionante por sí mismo y que debería ser la misión principal de la escuela.

¿Cómo se puede solucionar esto?

Lo ideal sería apostar sin ningún tipo de complejos por el conocimiento. El problema que tenemos es que ninguna de las leyes ni el propio sistema educativo han apostado por el conocimiento, todavía estamos dudando sobre cuál debe ser el objetivo de la escuela.

Hay mucha gente que dice que en el escuela los alumnos deben de estar cómodos, otros felices, y claro, esto no está reñido con la escuela, pero lo fundamental es que los alumnos aprendan. La escuela debería estar para aportar aquello que un alumno no puede encontrar fuera de ella.

Vamos, que se les educa sobre un tipo de vida feliz que no es real

Efectivamente, no se trata de ser agorero, pero sí de tratar de ser realistas. Muchas veces se cuestiona que la escuela deba ser una carrera de obstáculos y yo suelo responder que precisamente debe serlo para que sirva de entrenamiento.

¿Se terminará por leer a Paulo Coelho en vez de a Cervantes en las escuelas?

No lo sé, espero que no. Lo que está claro es que la sociedad no lee más y me parece peligroso porque habla de unas teorías que son falsas. Lo más peligroso para mí es que todas estas teorías tan gaseosas al final te dejan de lado algo tan esencial como la responsabilidad individual.

O sea que recurrir a los astros no es buena idea…

Uno puede pensar que los astros van a favorecerle para que consiga el éxito pero si no se esfuerza va a ser muy difícil.

Y para revertir esta tendencia ¿hay que confiar en los políticos o en los profesores?

Yo creo que hay algo que los políticos suelen perder de vista muchas veces, y es que el experto en educación es el docente. Y se suele pedir opinión a personas que no son docentes, que no ejercen la enseñanza, que no han vivido en primera línea, a pie de aula por así decirlo. Y claro, lo que en teoría podría funcionar luego la realidad lo desmiente.

“No tengo claro que lo ideal sea un pacto educativo porque no encuentro ningún programa que sea sensato”

Yo casi no tengo claro que lo ideal sea un pacto educativo porque no termino de encontrar ningún programa en un partido político que sea sensato y que apueste por el conocimiento, y en ese sentido casi nos da igual si se ponen de acuerdo o no.

¿Son los propios políticos los que imponen esta teoría de la felicidad?

Estamos en la época de la imagen, de la estética. Por ejemplo, usted me está preguntando y yo le contesto lo que pienso, no con lo que podría quedar mejor. Muchas veces los políticos prefieren decir lo que por un lado va a contentar a sus votantes y por otro va a incrementar su popularidad, pero esto es irreal y una irresponsabilidad.

“Muchas veces estamos más pendientes de que los alumnos estén cómodos y lo importante es que estén en el ambiente apropiado”

En la educación tenemos que buscar aquello que funciona, igual que cuando educamos a un ninos en casa, nosotros no tenemos que buscar la opción más cómoda, sino la opción que sea mejor para ellos, la más provechosa.

Y en la enseñanza ocurre esto, que muchas veces estamos más pendientes de que los alumnos estén cómodos y lo importante es que estén en el ambiente apropiado. Se tienen que encontrar cómodos pero no es exceso.

¿Y no les escuchan porque lo que dicen es racional y puede no gustar o porque hablar con expertos mundiales queda mejor que con docentes?

Claro, estamos en lo de siempre, quién debería ser el auténtico experto en educación. Un experto que no haya enseñado nunca puede tener ideas más o menos interesantes, pero desde luego no las ha podido contrastar.

Y el error de base de los políticos es que buscan asesores en personas que no conocen el aula, que no conocen el mundo de la enseñanza.

Un poco de autocrítica. ¿Los profesores en España están bien formados?

En cuanto a los profesores de secundaria yo pienso que es muy difícil que se consiga enseñar a enseñar. Creo que la base de un buen profesor es primero que tenga muchos conocimientos, cuantos más mejor, y después la experiencia.

Ser una persona comprometida y la propia experiencia es la que a uno le va dando la experiencia de ensayo y error. Hacer continuamente autocrítica de cómo estás enseñando es lo que va conformando la metodología que te permite ser cada vez mejor profesor.

¿Esta enseñanza de las emociones se puede encontrar en la Universidad?

En la Universidad no lo sé, pero no me extrañaría nada por una sencilla razón, y es que en el fondo, desde hace ya tiempo, y sobre todo desde la implantación de la LOGSE en el año 1990, se ha ido infantilizando cada vez más al estudiante.

El expresidente del Gobierno Felipe González/Fuente:Efe.
El expresidente del Gobierno Felipe González/Fuente:Efe.

Le voy a poner un ejemplo, el trabajo por proyectos, es algo que comenzó en Infantil, subió a Primaria y ya lo tenemos en Secundaria y probablemente estará en la Universidad dentro de cuatro días. Por tanto no sería de extrañar que todo esto se fuera extendiendo cada vez más hasta la Universidad y por tanto así tenemos los niveles universitarios como los tenemos.

¿En qué país debería fijarse España para su modelo educativo?

Si fuera por resultados seguramente en Singapur, pero también tenemos en España el caso de Soria que es una comunidad con buenos resultados. Yo creo que no deberíamos fijarnos en otros países porque los contextos son muy diferentes, los valores culturales que se tienen son muy diferentes.

De lo que se trataría es de plantearnos si estamos haciendo las cosas bien y en el caso de que no sea así ver cómo se podría solucionar. Pero sin fijarnos en otros países sino aclarando los objetivos.

¿Y por qué entre esos objetivos no está apostar por la Formación Profesional, tan denostada muchas veces?

Quizá por lo mismo que comentábamos de la imagen, por convención social se entiende que el alumno que no vale para estudiar tiene que ir hacia la FP, pero yo creo que son todas ellas alternativas válidas.

De hecho es interesante que cuanto antes un alumno pueda optar por una o por otra vía. Porque al fin y al cabo un alumno que no es muy capaz en una determinada línea es capaz de hacer las cosas bien en otra.

¿Qué opina del llamado ‘homeschooling’, educar a los hijos en casa?

Pienso que, además de que puede suponer un aislamiento para los alumnos que no me parece apropiado, desconfío de que se puedan transmitir todos los conocimientos necesarios en casa.

De hecho, los partidarios de la educación en casa reconocen que los padres no pueden enseñarlo todo y han de recurrir a terceras personas, academias o programas de educación a distancia, lo cual me parece bastante incoherente. Claro que, según creo, parten de la idea de que el nivel académico de los alumnos no es importante y que cada uno ha de alcanzar los conocimientos en un momento diferente, según su ritmo y sus intereses…

¿Y de la educación concertada?

Soy un defensor de la educación pública. Aunque no creo que el principal problema de nuestro sistema sea la enseñanza concertada, sí pienso que la red pública debe ser la prioritaria y que no es admisible que existan centros públicos en malas condiciones junto a centros privados con infraestructuras fantásticas y subvención pública.

“La concertación nació para asumir el exceso de matrícula en los centros públicos y ha terminado siendo más bien al revés”

La concertación nació para asumir el exceso de matrícula en los centros públicos y ha terminado siendo más bien al revés. Soy partidario, al menos, de replantear la situación.

¿Ha perdido el maestro su autoridad en el aula?

Desde luego hay personas que se esfuerzan en ello, porque cuando hablamos de un profesor no estamos hablando de una autoridad o de un poder para ejercer la tiranía en clase, sino sencillamente de la autoridad que debe tener una personas que todavía está en formación hacia aquella personas que es la que atesora el conocimiento y lo quiere transmitir. Entonces, es un relación vertical pero de ninguna manera es una imposición.

“No se valoran los conocimientos del profesor, no hay más que ver cómo las Administraciones ofertan cursos de risoterapia”

Y no puede ser que esa falta de autoridad venga también de una menor calidad por parte de los profesores

Yo la Primaria no la conozco bien, aunque no creo que se forme bien en las facultades. En cuanto a los profesores de secundaria yo no creo que nos falte conocimiento sino que no se valoran los conocimientos.

No hay más que ver los cursos de formación que suelen ofertar las administraciones educativas, con cosas absurdas como talleres de risoterapia.

Ahora que está de moda la risoterapia…. ¿Qué pasó con el ajedrez o el teatro?

Serían muchos más interesantes que la risoterapia sin duda. En cualquier caso creo que se ha perdido un poco el norte con esta cuestión, sobre todo porque se está hablando mucho de la emoción y pretender descontextualizar el afecto y la emoción del propio conocimiento significa simplemente que no se confía en el conocimiento.

Hay estudios muy serios y rigurosos, como uno en Nueva York, que demostraban cómo se desarrollan las capacidades sociales y las emociones a través de la alta Literatura.

Sin embargo, hay gente que al tener que leer de forma obligada los clásicos en la escuela acaba por tenerles aversión.

Creo que hay que ser equilibrado y hay que ser proporcional, pero creo que los clásicos deben leerse en la escuela por una sencilla razón, las cosas que merecen la pena cuestan un esfuerzo.

Para ver un buen paisaje hay que subir una montaña, y eso cuesta un esfuerzo. Yo pienso que es muy importante que se estudien los clásicos, y no se puede decir que se les obliga, ¡claro! es que estamos hablando de una educación obligatoria.

El amor por el conocimiento no se despierta así como así, ni de forma espontánea. Muchas veces la motivación se encuentra durante el trayecto y no debe ser una condición de partida.

¿Qué se podría rescatar como aspecto positivo de la enseñanza en España?

Creo que hay buenos docentes y creo que los profesores en general son gente comprometida y quieren enseñar pese a las circunstancias que no siempre son favorables.

Y luego hay que confiar en que tenemos buenos profesionales que quieren enseñar y hay que desconfiar por todos aquellos que apuestan por someterlo todo al espíritu lúdico, por denostar valores que son imprescindibles como son la perseverancia, la disciplina o la atención y apostar por otros que no tienen base.

¿Pero piensa que la actual generación está ya perdida o se puede recuperar?

No, yo no soy tan pesimista porque pese a todo siguen saliendo buenos alumnos, pese a todo se sigue haciendo todo lo posible por enseñar bien, pero es verdad que nos estamos arriesgando mucho, no se pueden confundir las cosas y legislar en base a la estética y no en base a la realidad y lo que realmente podemos conseguir y no se puede dudar tanto.

Tenemos que tener certezas, y la primera certeza básica es decir que lo primordial en la escuela es que se transmita conocimiento. Se habla de educación en valores pero no de los valores de la educación.

Contra la nueva educación
Portada del libro Contra la nueva educación / Plataforma Actual

¿Y se recuperarán en algún momento?

Algunos estamos en ello. Insistimos todo lo que podemos. Lo fundamental es no desfallecer aunque a veces no es fácil porque vamos contracorriente pero creo que hay que insistir sobre todo porque si no intentamos contrarrestar al final la riada nos va a llevar y nos vamos a encontrar con alumnos poco formados.

¿Usted se siente muy sólo en esta lucha?

No. Hay un discurso, vamos a llamarlo hegemónico, que no tengo claro que sea mayoritario. Creo que hay muchos profesores que ven las cosas como las veo yo, pero que por unas u otras circunstancias no lo manifiestan o lo hacen en un lugar que no tiene eco. De hecho mi intención al publicar mi libro era precisamente esa, que tuviese eco.

¿Cree que parte de la culpa es de los medios de comunicación?

Sí, yo creo que todos tenemos culpa. Es muy fácil quejarse de que la situación está mal y no mirar si estamos haciendo lo que podemos. Creo que todos tenemos que ejercer la autocrítica.

Creo que los medios con este tipo de metodologías sí que han cometido un error y es darles voz a planteamientos que no son serios. Por ejemplo, se puede tratar la ciencia y la pseudociencia, pero hay que dejar claro qué es ciencia y que no. 

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Madrileño, de familia numerosa. Comenzó a estudiar Historia aunque pronto se cambió a Periodismo. Se licenció por la Universidad Complutense de Madrid y desde entonces no ha parado. Ha trabajado para las agencias de información Colpisa y Europa Press, para el departamento de comunicación de LaSexta y ha logrado saborear la experiencia de trabajar en papel gracias al periódico La Razón.