Imagen referencial pornografía.

Nadie habla de él, pero el “mono” de quien desea ver imágenes pornográficas y no puede puede ser tan fuerte como los más angustiosos síndromes de abstinencia.

Te subes al tobogán y ya no puedes bajarte. Es como si tuvieras la voluntad encadenada a un click de ordenador o de móvil y no pudieras prescindir de esas imágenes.

Al final, prefieres ver a hombres y mujeres irreales -en foto o vídeo- que a hombres y mujeres de carne y hueso. El porno termina matando al sexo verdadero, y en consecuencia las relaciones sexuales auténticas, y en consecuencia, a parejas reales y a familias reales.

Un adicto en fase avanzada de recuperación lo confiesa, con acentos dramáticos: “La hipersexualidad te roba la vida”.

La buena noticia es que, a pesar de lo absorbente que pueden llegar a ser la porno-adicción, se puede superar.

Existe una plataforma en España, ‘Dale una vuelta’ que ayuda a personas que tienen ese problema.

Su portavoz, Blanca Elía, explica a Actuall que la plataforma ha nacido para mostrar la realidad de la pornografía y sus devastadores efectos, que cada vez alcanzan a más personas.

Era gente normal que un día cometió el error de asomarse a esa ventana y acabó abducida

Y no se trata de gente perturbada o rara u obsesa, sino gente normal, pero que un día comete el error de asomarse a esa ventana -en el 97% de las veces a través de internet- y termina abducida.

Los principales efectos negativos de esta adicción son “dificultad de concentración, ansiedad, depresión y dificultades en las relaciones sexuales de pareja”, señala Elía.

“El porno está ya en todas partes en una sociedad hipersexualizada como la nuestra, pero eso no quiere decir que sea inocuo”, explica.

Está demostrado que causa daños en el cerebro. Según estudios recientes de Cambridge y de Berlín, estos daños se deben a la estimulación del sistema de recompensa del cerebro, que se activa frente a un estímulo externo y se encarga de liberar los dos neurotransmisores -la dopamina y la oxitocina- responsables de las sensaciones placenteras.

En muchos casos, la pornoadicción suele ir acompañada de masturbación. Lo cuentan algunos de quienes lo han vivido:

“Todo comienza con una masturbación, a la que le sigue otra y otra. Intentas reflexionar al principio y lo achacas a la edad, a las amistades, a la falta o al exceso de afectividad, tal vez esa copa de más o esa novia de menos. Pasas por pensamientos y deseos que no puedes contener, y de los que te avergüenzas. Y cuando quieres darte cuenta ha pasado un año…y después otro”.

Así empieza su relato Raúl, un joven exadicto al porno, en un taller para adolescentes que organiza  ‘Dale una vuelta’.

“Nos dimos cuenta que no había ningún movimiento u organización que informara sobre la influencia de la pornografía en la sociedad española”, explica la portavoz. “Hacía falta algo que ayudará a la reflexión, ofrecer datos, estudios y testimonios sobre lo que supone la pornografía”.

La iniciativa ha tenido buena acogida, aunque la mayoría de las personas deciden mantener oculta su morbosa afición, por vergüenza y sentimientos de culpa.

“Desde el primer momento hemos percibido que es un tema que preocupa mucho, pero del que poca gente habla”.

“La pornografía está en todas partes, invadiéndolo todo, y se ha convertido en algo normalizado, totalmente, considerada hoy como algo natural, un bien de consumo como cualquier otro”.

Cuando no es así. Porque como antes la droga (y a otro nivel el tabaquismo) genera lazos irrompibles que conducen al callejón sin salida del debilitamiento de la voluntad.

“Está comprobado que el daño que produce al cerebro es similar al de cualquier otra droga”, explica Blanca Elía.

Y añade: “La pornografía es una espiral. Lleva a la obsesión por la novedad, a la búsqueda de conductas sexuales extremas, a la soledad, a la apatía, a las disfunciones sexuales, etc. En definitiva, mata el sexo aunque muchos piensen que lo incentiva”.

Y, es que según señala, Elía el porno engancha por “un sentimiento de vacío, de culpabilidad, de irritabilidad. Muchas veces es utilizada como válvula de escape a sentimientos encontrados”.

Lo que sí es cierto es que luchar contra esa adicción en la actualidad es mucho más difícil que antes porque el porno está al alcance de un clic.

Hace unos años el porno era difícil de encontrar: era preciso buscar en circuitos eróticos, sex-shop o en revistas. No era socialmente visible, y “ojos que no ven…” En parte porque tenía una consideración social negativa.

Pero internet lo ha cambiado todo y actualmente el porno (fotos, vídeo) se cuela a través del ordenador o el móvil.

El consumidor compulsivo se convierte en un mina para la industria del sector, porque se trata de un público cautivo

Su carácter fuertemente adictivo explica su éxito económico, explica Blanca Elía. El consumidor compulsivo se convierte en un mina para la industria del sector, porque se trata de un público cautivo… o más que cautivo, esclavo.

La industria genera en Estados Unidos 13.000 millones de dólares. De hecho, una de cada cinco búsquedas que se hacen en internet es sobre pornografía.

Y además, el mercado está asegurado casi desde la infancia.  La edad media a la que un nino ve por primera vez porno en la red es a los 11 años. Y esa es una presa segura que ya no desconectará del porno.

Junto a la omnipresencia de internet hay otro factor paralelo que induce al consumo de pornografía: “el clima de exhibicionismo y sensualidad que estimulan la vista en spots, televisión, cine, anuncios de vallas etc”.

Esa hipersexualización termina acostumbran a la retina a “normalizar ciertos comportamientos. Cada vez nos acostumbramos más a escenas que forman parte de la intimidad y poco a poco hemos ido degradando la dignidad de la persona hasta llegar a límites insospechados. Lo que antes se llamaba porno duro, ahora es ‘soft’, y el que predomina hoy es extremo, es decir, escenas donde la mujer es humillada, vejada, agredida”.

La pregunta es si es posible salir del callejón sin salida. En ‘Dale la vuelta’ sostienen que sí. De hecho tienen ya pacientes en fase de “desintoxicación”.

El primer paso es que la persona reconozca el problema y pida ayuda

¿Cómo? El primer paso es “que la persona reconozca que tiene un problema, contárselo a alguien y pedir ayuda”.

“Cuesta porque el (o la afectada) tiene vergüenza y además le parece imposible dejar la adicción”.

Una vez reconocido el problema, “el adicto debe aceptarse”, sin verse sometido por la losa de la culpabilidad. Y “dejarse ayudar por otros y tener paciencia, empezando por uno mismo”.

“Porque se tarda tiempo -meses o años- en conseguir una completa recuperación”.

En ‘Dale una vuelta’ han desarrollado una terapia que a través de un equipo de profesionales, expertos en sexología y psicología clínica se encargan de ayudar a estas personas.

“A través de un correo electrónico y de un sencillo test online se les ofrece unas pautas de actuación. Nos comprometemos con quien solicite ayuda, y por eso mismo buscamos reciprocidad y responsabilidad”.

“En muchos casos, si se requiere y así lo desea el interesado, también ofrecemos conversaciones vía Skype y presenciales. Además, tenemos profesionales repartidos por toda España”, relata la portavoz.

E insiste: “Nuestro punto de partida es la importancia del querer, del tú decides, base de toda nuestra filosofía”.

Blanca Elía explica que “ya es un éxito que alguien reconozca que tiene un problema, acuda a esta plataforma y pida ayuda”.

También han tenido algún caso que parecía imposible, puesto que “el sentimiento común que tienen todos los adictos al porno es de hartazgo por no poder parar de consumir. Y esto es muy duro”.

El camino es tan arduo que muchos reinciden, como ocurre con las adicciones al alcohol.

El motivo de esta recaída, en opinión de la portavoz de ‘Dale una vuelta’, es “su enorme carácter adictivo que al igual que otras sustancias, exige cada vez mayor cantidad y de un contenido más extremo”.

Eso genera un “mono” y es arduo llevar encima el síndrome de abstinencia. “Produce síntomas de ansiedad cuando no es posible el acceso. Limita la vida propia porque la condiciona al tener la necesidad del consumo, que se vuelve necesario para la regulación emocional ante un logro o fracaso”.

Las mujeres son menos adictivas. Hay un razón fisiológica y psicológica: que la mujer, a diferencia del varón, no se excita tanto con la vista.

Pero, a pesar de todo, la poblacion femenina cada vez consume más porno. “Uno de cada cuatro son mujeres, pero no podemos negar que ellas cada vez consumen más, ya que la industria del sexo no es tonta y sabe que es una poblacion muy apetecible”, enfatiza Elía.

Una parte muy susceptible de esta adicción a la pornografía son también los menores edad, -como hemos adelantado-. Sobre todo los ninos a partir de los 11 años, lo que les expone a graves daños morales y psicológicos, dado que están en una fase crucial de desarrollo afectivo.

La pornografía es especialmente dañina en la adolescencia
Desde los 11 años, los ninos son carne de cañón para la industria del porno.

“Para el cerebro de un adolescente, el porno distorsiona de modo significativo el desarrollo de sexualidad afectando a sus actitudes y percepciones”, explica Elía.

A diferencia de un adulto, el adolescente todavía no está formado psicológica y afectivamente, de suerte que los efectos del porno son aún más devastadores.

Para los menores solo hay una receta: comunicación y no juzgarles, sino hacerles ver que deben aprender de sus errores

Cuando se dan casos de menores, Elía aconseja a los padres de ninos y adolescentes sobre todo comunicación.

“Los padres tienen que hablar de sexualidad con ellos, servirles de referentes no solo en el éxito profesional o social, sino también en el desarrollo sano de la sexualidad”.

“Otro tema importante son las motivaciones, es decir, hay que preocuparse de las causas que llevan al joven a actuar de esa manera, no juzgarle y dejarle libertad. Esto quiere decir permitir que se equivoque y aprenda de sus errores”, concluye.

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Abulense de nacimiento y residente en la ciudad que nunca duerme: Madrid. Periodista por vocación y de corazón. Contadora de historias. Se licenció en la Universidad Francisco de Vitoria. Se crió en el Gabinete de Prensa del Partido Popular de Madrid, Punto Radio, Cope y en HazteOír.org . Creció en Lo Comunicas, Intereconomía y en el Departamento de Comunicación de los Colegio Zola. Y ahora disfruta en Actuall.