Detalle de 'El anciano apenado' de Vincent Van Gogh
Detalle de 'El anciano apenado' de Vincent Van Gogh

Según la ley C-14, que habilita la práctica legal de la eutanasia en Canadá, para que se aplique, hay que tener una enfermedad incurable para la cual “la muerte natural es razonablemente previsible”, entre otros requisitos.

Sin embargo, no son pocas las voces que ahora tratan de llevar la opinión pública a considerar lalegalización del suicidio asistido para aquellas personas que sufren enfermedades psiquiátricas, en función de sus sufrimientos, aunque su vida no corra un peligro inminente.

En este sentido, periodistas y medios partidarios de la eutanasia han difundido el caso de Adam Maier-Clyton, que sufría ansiedad, trastornos obsesivos compulsivos y trastornos de síntomas somáticos.

Tal y como explica André Picard en un artículo publicado en The Globe and Mail y titulado ‘La enfermedad mental debe ser parte del debate sobre la muerte asistida‘, “Maier-Clayton había intentado todo: antidepresivos, antipsicóticos, terapia, incluso un tratamiento experimental con ketamina. Nada funcionó. Su enfermedad fue considerada refractaria, en el sentido de que era intratable”.

El pasado 15 de marzo, el propio Adam publicó en sus redes sociales una foto del frasco de Nembutal (marca comercial del pentobarbital, un barbitúrico que, en cantidad suficiente, es letal), anunciando su próximo final, que tuvo lugar menos de un mes después, la pasada semana.

Se trata de que sea el paciente el que determine cuándo su enfermedad es, ya no incurable, sino “inaguantable” y reclame adelantar su muerte

La cuestión sobre la que pivota este nuevo intento de extender aún más la eutanasia en Canadá, es la consideración de “inaguantable” de la situación en la que se encuentra la persona enferma. Porque, como es obvio, cualquiera que tiene pensamientos suicidas lo considera así.

Una vez saltada la barrera de la correcta praxis médica o lex artis, según la cual un médico está capacitado para establecer el momento en que no tiene sentido un encarnecimiento teraeútico o un alargamiento innecesario de las medidas de soporte vital, se trata de que sea el paciente el que determine cuándo su enfermedad es, ya no incurable, sino “inaguantable” y reclame adelantar su muerte.

Es decir, dar el salto de la eutanasia legal para adelantar una muerte que en todo caso es inminente a la eutanasia a petición por las molestias “insoportables” que conlleva toda enfermedad.

De ser así, Canadá se pondría a la cabeza de los países que han legalizado esta práctica homicida, por delante de Bélgica o Suiza, porque supondría la confirmación definitiva de la ‘barra libre’ de eutanasia, sobre un concepto subjetivo. Porque, ¿quién pone el listón de lo soportable?

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