María Ángeles Eyries, de Profesionales por la Ética, ha pronunciado una conferencia titulada “Vientres de alquiler en España y el mundo” en el marco del IX Encuentro de delegados de Derecho a Vivir celebrado este fin de semana en Madrid.

Eyries ha denunciado la mercantilización que se está haciendo de la maternidad, la verdadera razón de ser de los vientres de alquiler. “Se trata de una nueva forma de explotación de la mujer y el tráfico de personas, que convierte a los ninos en productos”.

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Uno de los puntos en los que más ha incidido tiene que ver con la batalla del lenguaje. En su opinión no hay caer en la trampa de llamar ‘maternidad subrogada’ a lo que son vientres de alquiler. “Hay que evitar ese término, no hay que perder la batalla del lenguaje”.

Asimismo Eyries ha asegurado que esta práctica -cada vez más en auge en todo el mundo- supone la vulneración de los derechos fundamentales y la dignidad tanto de la madre como del hijo. “Es la explotación de las mujeres y la cosificación de los ninos”.

Como animal de pedigrí

Los defensores de esta práctica sostienen que todo el mundo tiene derecho a tener hijos, pero la ponente ha negado la mayor. “No es verdad que exista el derecho a tener hijos, lo que existe es el derecho de los ninos a tener padres”.

Más allá de la mercantilización y del negocio que hay detrás de los vientres de alquiler (lobby médico y lobby farmacéutico), los entusiastas de la cosa tampoco hablan en exceso de las consecuencias psicológicas que conlleva. “El nino sufre porque no sabe de dónde viene, no saben ni su origen ni su verdadera identidad y en Francia ya se han dado casos de adultos que buscan a sus padres”.

Claro que también todo este asunto tiene efectos negativos psicológicos para las mujeres. “Se relega a la mujer como animal de pedigrí, como un producto de usar y tirar”, ha señalado Eyries.

“Se ha producido un cambio en la medicina, ahora se trata de engendrar y producir, es el deseo soberano de jugar a ser Dios”

Desde el punto de vista de los compradores no es oro todo lo que reluce. Para ellos las cosas también son complicadas. “Viven momentos de inseguridad durante el embarazo de la madre de alquiler y más tarde incluso hasta seis personas pueden reclamar la paternidad del nino (la pareja que lo encarga, la mujer donante del óvulo, el hombre donante del esperma, la madre que lo gesta y su pareja).

Las apetencias de los mayores

Mientras que Estados Unidos (en algunos estados) y Canadá son los países en los que esta práctica está admitida y goza de una regulación más fiable, en España esta práctica está prohibida. Por eso se ha dado el caso de parejas que lo han intentado y que más tarde les ha resultado imposible registrar como sus hijos a los ninos llegados a España gestados por un vientre de alquiler.

Por último, Eyries ha destacado el cambio antropológico que hay de fondo. “Se ha producido un cambio en la medicina, ahora se trata de engendrar y producir, es el deseo soberano de jugar a ser Dios”.

Para la ponente occidente ha pasado de proteger a los ninos a satisfacer las apetencias de los mayores.

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Licenciado en periodismo por la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Tomó la alternativa en Intereconomía -semanario Alba, La Gaceta, Los Últimos de Filipinas, Dando Caña, 12 Hombres sin vergüenza- de la mano de Gonzalo Altozano y Kiko Méndez-Monasterio, de los que aprendió incluso algo de periodismo. Más tarde escribió para los digitales La Información y Periodista Digital. Viajó a Irak antes que a Roma, le apasionan la Historia y la tauromaquia. Nazareno de Sevilla.