Imagen referencial aborto.

Un médico británico que practica abortos tardíos explica cómo las enfermeras que trabajan en los centros abortistas a menudo se avergüenzan de lo que hacen. En el libro ‘Abortion: The whole story’ de Mary Kenny, expone algunos argumentos.

“Las enfermeras que trabajan en clínicas abortistas no tienen una autoestima profesional alta. Para ellas no es algo de lo que presumir. ¿Qué hacer? Yo trabajo en un abortorio y a veces tengo que hablar con ellas. Después de realizar 20 abortos las enfermeras pueden sentirse abatidas. Tienes que ayudarles y decirles que han hecho feliz a 20 mujeres en un día” afirma el facultativo.

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Trabajar en un centro que realiza abortos no es algo por lo que algunos trabajadores están orgullosos. A pesar de que pueden estar comprometidos con su trabajo, ya que a menudo se sienten obligados a guardar el secreto de los demás.

Incluso algunas personas que no se han manifestado nunca a favor de la vida se sienten incómodos con esta lacra que arrebata la vida de miles de inocentes cada año.

Según recoge LiveActionNews, el abortista David Zbaraz asegura que “llegó a ser un infierno trabajar en un abortorio, pero no es algo que les cuente a mis hijos”.

Otro abortista afirma que “es un trabajo que llega a aislar”. “Tanto yo como mis compañeros, a veces, nos sentimos solos. Nadie quiere saber dónde trabajamos ni que hacemos. Ni siquiera la familia o los amigos quieren saber acerca de nuestro día a día”.

Las tasas de rotación de trabajadores en los centros de aborto son muy altas, por razones obvias… aguantan poco.

El trabajo en un centro abortista no solo aisla al empleado, sino que es emocionalmente agotador. Así lo explica una enfermera que en ocasiones ha tenido que luchar contra los sentimientos de culpa que se siente.

“A nadie le gusta hacer abortos. Me crié en un entorno cristiano, y por supuesto, este trabajo es molesto para mí”

“A nadie le gusta hacer abortos. Los abortos pueden ser especialmente angustiosos. Me crié en un entorno cristiano, y por supuesto, este trabajo es molesto para mí. Pero en la Medicina se aprende a hacer algunas cosas que son necesarias”.

Las declaraciones anteriores recogidas por la autora Kenny son de personas que trabajan en dos centros diferentes.

En uno de ellos, ese tipo de intervenciones se realizan por inducción. En el otro, los bebés son desmembrados.

En ambos casos, los directores médicos tienen que justificar el trabajo a los empleados dado que éstos se sienten incómodos con lo que están haciendo.

El carácter sangriento y desagradable del aborto, especialmente la del aborto tardío, tiene un coste emocional en los trabajadores y en ocasiones hace que se cuestionen sus principios.

En el fondo, todos son conscientes de que se trata de un asesinato y no resulta sencillo interiorizarlo psicológicamente. Tanto que, a veces, aflora a través de los sueños.

Es el caso de un empleado que soñó que estaba metiendo la cabeza de un bebé en un jarrón. Su sueño “muestra que inconscientemente el aborto se experimenta como un acto de asesinato”.

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Natural de Talavera de la Reina. Graduada en Periodismo y Titulada Superior en Edición en Medios Digitales por el Centro Universitario Villanueva. Sus primeros pasos en el mundo del periodismo fueron en Europa Press, RNE, Castilla-La Mancha TV e Intereconomía TV.