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Álex Navajas

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Álex Navajas es periodista. Contertulio habitual de El Gato al Agua, de Intereconomía TV, ha trabajado once años en La Razón y dirige su propio Gabinete de Comunicación. Imparte también cursos y seminarios de formación.

Le defendí cuando los miembros de la Laica Madre Iglesia de lo Políticamente Correcto y del Pensamiento Único y Uniformado salieron en tromba a fulminarle por cuestionar algunos de los dogmas de la ideología de género.

Puede sonar un tanto duro, pero es así: los abuelos no son útiles. No son útiles porque no producen riqueza, no generan beneficios y sólo acumulan gastos. Unas rémoras, en definitiva, para nuestra sociedad de consumo y bienestar ilimitado.

Toda fiesta tiene su aguafiestas. No puede fallar. Es el clásico cenizo que se te pega desde el inicio de la velada y se dedica a torpedear la alegría y el jolgorio de los demás. La diversión es su caldo de cultivo. Salen como setas en los días húmedos.

¿Se imaginan poner a un becario recién salido de la universidad a dirigir una empresa como Repsol, El Corte Inglés, Iberdrola o Telefónica? Sin duda, sería una temeridad y esa multinacional, probablemente, se iría al garete.

El butifarréndum del 1 de octubre va a fracasar. Sí: saldrán miles de personas a las calles; abrirán numerosos colegios electorales; se producirán altercados entre las fuerzas del orden público y algunos radicales, pero poco más.

El Padre Ángel, como persona, hace mucho bien y como sacerdote, dice muchas tonterías.

Creo que fue San Juan Bosco quien dijo que la mejor arma que empleaba el diablo para alejar a los jóvenes de Dios era el aburrimiento. Así de simple. Uno va a misa, se aburre; le hablan de las cosas de Dios, se sigue aburriendo, y deja de practicar la religión por simple y llano aburrimiento.

Marcos fue feliz cuando se sentía acogido y acompañado. ¿Qué futuro tiene ahora? Dejó los estudios hace un año. A los 18, si nada lo remedia, se someterá a un cambio de sexo. Sus padres habrán perdido la batalla. Él también. Y mientras otros seguirán siendo engañados indicándoles que ése es el camino correcto.

Cada vez que te la encontrabas te contaba la misma historia. Ya podía ser invierno o verano, Navidad o Pascua, que siempre te venía con la misma retahíla: la tía abuela Carmen no cesaba de recordar “las joyas de la abuela.