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Álex Navajas

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Álex Navajas es periodista. Contertulio habitual de El Gato al Agua, de Intereconomía TV, ha trabajado once años en La Razón y dirige su propio Gabinete de Comunicación. Imparte también cursos y seminarios de formación.

Errejón, eres un sinvergüenza, un tipo sin escrúpulos y sin entrañas; un desalmado que miente ante las barbaridades que comete un tirano como Maduro. Tú y todos los de tu banda morada sois calaña de la peor especie, que no duda en traicionar a su patria con tal de mantener su mantra marxista.

¿Vamos a ponernos ahora estupendos y ridículos y cuestionar todo lo que se ha hecho y dicho? Es lo que pretenden los nuevos censores de la corrección política. Hemos pasado de la mariconez a la gilipollez, a un deseo censor implacable que castiga a aquellos que no se alinean con el pensamiento único.

Usted mismo, por leer Actuall.com, debe asumir que es un facha. Si estuvo usted en Vistalegre hace unos días, es facha. Si decide visitar el Valle de los Caídos, aunque sea por mero interés turístico, es facha. Si va usted a misa o lleva a sus hijos a un colegio concertado, es facha.

El teólogo le da el visto bueno incluso al sexo anal. La Iglesia está en contra, “pero yo no”. Y, si lo dice Forcano, no hay más que añadir. Porque él lo vale. Dos mil años de Magisterio de la Iglesia se pueden ir al garete.

Ahora el PSOE ha descubierto que es más rentable una iglesia confiscada que una iglesia quemada. Ver a la Iglesia católica recogiendo esos euros es un bocado muy apetecible. Y el PSOE, que siempre ha sido ladrón, no quiere dejar pasar la oportunidad de meter mano a la caja.

Tienen sus heridas, sus inseguridades, sus miedos, sus complejos. Y, pese a ellos, o precisamente por ellos, muchos se han convertido en gigantes de la fe y de la humanidad.

Cerca de 300 curas de Pensilvania abusaron de más de 1.000 niños durante décadas. Si estos eran los impíos, ¿cuántos serían los justos en esas diócesis? Pocos, me temo. Y, lo peor, el encubrimiento de numerosos obispos y sacerdotes que callaban y trataban de tapar este mejunje pegajoso y hediondo.

Son pocos los medios de comunicación y pocos los periodistas que escapan a este "Himalaya de falsedades", y los pocos que hay son perseguidos, amedrentados, orillados, amenazados, ridiculizados y puestos aparte.

Ridiculizan a España, evitan incluso pronunciar su nombre y se refieren a ella como “este país”. No se interesan por su historia ni su cultura; no se identifican con su bandera o su himno y sólo se permiten enarbolarlos en los partidos de la selección de fútbol. En ellos parece que hay bula para mostrar las enseñas nacionales.