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Candela Sande

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Traductora, inconformista, muy suya, amante del periodismo con y sin papel, y sobre todo lectora: ésa es su verdadera vocación. Y por ese orden: primero leer y luego escribir.

El otro día me comentaba, desesperado, medio en broma, medio en serio, un amigo, profesor de instituto: "¿Cómo vamos a enseñar física a los niños, si ahora en todas las películas de acción aparece una chica delgadita (y monísima, claro) derribando a unos maromos que le doblan en tamaño?".

Si, como en la leyenda de Rip van Winkle, un izquierdista español se hubiera quedado dormido hace un siglo y despertara hoy, le costaría Dios y ayuda reconocer a sus correligionarios.

Occidente está ya en la segunda fase: hay prisa por deshacer milenios de civilización occidental, como si estuviéramos preparando una mudanza. En realidad, se diría más bien que tenemos urgencia por extinguirnos.

¿Cuántos dedos ves aquí, Winston? La pregunta, en una de las escenas cumbre de la célebre novela '1984', de George Orwell, ya tiene una respuesta en Canadá: tantos dedos como diga el Poder.

Más argumentos contra la tesis de Pablo González de Castejón. Dejando aparte la demografía de los musulmanes con respecto a los europeos nativos, el islam es un código político y bélico con una base sobrenatural. Ese es su secreto.

El País, ese folleto diario de buenas maneras para progresistas de nadar y guardar la ropa, nos alecciona estos días con la idea de que no debemos referirnos nunca a Irene Montero como "la novia de Pablo Iglesias".

La autora responde a Pablo González de Castejón que sostenía en esta tribuna que Europa ha comenzado a levantarse frente al yihadismo, con el gesto de Echeverría y otros. Sande discrepa: éstos son sus argumentos.

El transhumanismo, la cibernética y el mercado del sexo preparan la próxima locura de este tiempo hedonista: la “robot-filia”. Sería para tomárselo a broma si no fuera trágico.

Y si llega una bomba y todo salta por los aires: el yihadismo, los semáforos gays de Carmena, la corrupción de los partidos… porque  quizá estemos más cerca de un “big boom” que en la propia Guerra Fría, que se ha reeditado sin que exista ningún pretexto de rivalidad ideológica.