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Candela Sande

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Traductora, inconformista, muy suya, amante del periodismo con y sin papel, y sobre todo lectora: ésa es su verdadera vocación. Y por ese orden: primero leer y luego escribir.

El de los medios es un sector sui generis que quiere controlar qué visión del mundo, de las cosas, en general y en concreto, tiene usted. Esto va a propósito de La Manada y de la reacción de niñata histérica de los medios a las fotos de los niños separados de sus padres por el malvado Trump.

¿Qué puede igualar al deleite de sentirnos justas y benéficas, compasivas y empáticas, SUPERIORES, en una palabra, condenando alguna cosa de moda, que es gratis, no engorda y, encima, no nos exige el menor esfuerzo?

No hay más que izquierda, y la derecha oficial ya no pretende frenarla, mucho menos negarla o criticarla, solo que le dejen tocar la pelota de vez en cuando, bajo la supervisión de los verdaderos dueños.

¿Cómo que no merecemos un gobierno que nos mienta? No solo lo merecemos: lo buscamos. Que se atreva un candidato a decir una verdad fea, dolorosa, que exija sacrificio, que va a durar menos que un bocadillo a la puerta de un colegio.

Aquí todavía estamos lejos, vivimos muy bien y somos razonablemente libres, por eso podemos permitirnos el lujo de tontear con la izquierda podemita. Pero Colombia ha vivido lo suyo y está puerta con puerta con el horror.

Si alguna institución es responsable del endiosamiento del homosexual como héroe cultural es, sin duda, Hollywood. Rompió el tabú con Philadelphia, y no hay desde entonces cineasta que tenga las narices de presentar un gay bajo una luz desfavorable.

El verdadero problema es que los políticos se nos presentan siempre tan vestidos de azucena, tan de lirio en la mano y pureza virginal, que hacemos bien sometiendo sus acciones al juicio de sus propios criterios.

Estas bodas autorreferenciales son el inverso exacto de lo que significa el matrimonio, que es la alteridad, ese salto al vacío, esa apuesta a todo o nada. No hay mérito en lo que hacen estas bilbaínas, no hay promesa porque no hay posibilidad de incumplirla, no hay divorcio posible.

A ver, concedo que pueda haber algún despistado que no se haya enterado de la película, pero Sánchez es presidente del Gobierno, un gobierno que tiene incluso un astronauta.