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Candela Sande

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Traductora, inconformista, muy suya, amante del periodismo con y sin papel, y sobre todo lectora: ésa es su verdadera vocación. Y por ese orden: primero leer y luego escribir.

Hay algo profundamente absurdo en un señor presidente, con esa cara de burgués pancista y acomodado que Dios ha dado al señor Torra, azuzando a las masas como un tribuno de la pleble contra las mismas instituciones que él representa

El aborto es el sacramento mayor de la cultura de la muerte, la colina en la que están dispuestos a luchar hasta el fin sus adeptos. Si cae el aborto, muchas otras piezas del dominó progre pueden caer detrás. Y eso no lo van a consentir mientras puedan.

Da un poco igual si se va o se queda mientras siga este disparatado presidente del gobierno que salta de ocurrencia disparatada en idea de bombero para disimular su falta de escaños y lo vendido que está a los enemigos de España.

Ese empieza a ser el sentimiento: que quien no comparte al milímetro la vulgata progresista no está meramente equivocado, sino que está mal de la cabeza. Lo suyo no es una opinión errónea que deba combatirse en un debate libre y abierto, sino un virus que hay que atajar sin contemplaciones.

Sostener algo que contradiga la vulgata progre no es ser meramente un disidente, sino un orate. No es cosa nueva, que lo mismo sucedía a menudo con los disidentes en la Unión Soviética.

Cualquier persona que se atreva a escribir como cosa propia que "la maternidad es esclavitud", debería quedar obviamente incapacitada para la vida política. La ideología es una destilación degenerada de la teología, eso es lo que hay que entender. Es una religión sin Dios.

Corre, es cierto, el rumor insistente de que el propio Pedro, debido a sus muchas ocupaciones, no está mucho más familiarizado con la famosa tesis que nosotros mismos.

Lo que estamos viendo no es exactamente a gente que opina que sería mejor para Cataluña constituir un Estado propio; lo que estamos viendo es un episodio de locura colectiva que pasará a la historia de la psiquiatría.

Un niño de cinco años no puede ser transgénero como no puede ser doctor en Física de Partículas, con la diferencia de que cualquier adulto en posición de autoridad puede convencerle de ello o de lo que sea.