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María Menéndez

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Presidenta de la Asociación de Familias Numerosas de Madrid.

El el foro Stop suicidio demográfico reuniremos a los candidatos de las cuatro citas electorales que nos esperan en unas semanas. Les diremos que si nos siguen a construir un puente que cruce por encima del agujero demográfico que tenía que estar relleno de niños, de jóvenes, de adultos.

Las familias con hijos son como las células madre adultas. A partir de dos adultos, padre y madre, se logran nuevas células que procuran vida en la sociedad y futuro. Los políticos miran el futuro a corto plazo, matando a la gallina de los huevos de oro -la familia- y que el siguiente se busque la vida.

“No se trata de que ideología se impone, sino de cuanta libertad se dispone para educar como cada uno cree a sus hijos”. Hay muchos padres que se mantienen firmes en la convicción de que son ellos los encargados de transmitir a sus hijos los materiales mejores.

¡Avisamos! Que estamos empujando la piedra sin parar. Que nuestros brazos se están haciendo fuertes, aunque la piedra no se mueva. Porque no es la piedra la que se tiene que mover. Solo nos sirve para hacernos más fuertes.

No queremos una conciliación que nos ayude a aparcar a nuestros hijos en guarderías con más horas en los colegios, ayudas para canguros y cuidadoras… Queremos protección y defensa de la familia. 

Construir una familia, tener hijos y renunciar al trabajo para poder atender al hogar y a los hijos parece cosa del pasado. No se puede permitir que esto pase. Obligar a renunciar al trabajo profesional es un pecado grave que no se puede permitir en estos tiempos.

Hoy es 14 de agosto. Celebramos la santidad de San Maximiliano Kolbe. Un hombre de Dios, un sacerdote santo que fue llevado a un campo de concentración durante la II Guerra Mundial, como a millones de personas más, judíos y católicos, que también fueron hacinados, vilipendiados, humillados, para finalmente ser asesinados.

Tenemos un paisaje desértico. Tan solo pequeños oasis consiguen que el mundo no desaparezca. Y éstos cada vez son más oasis de un pequeño charco con dos palmeritas.

No es una ofensa, porque no ofende quien quiere sino quien puede y usted poco puede. Pero si es una ofensiva contra la familia y en concreto contra la familia numerosa.