Autores Publicaciones por Pedro Fernández Barbadillo

Pedro Fernández Barbadillo

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).

El cine nos recuerda el paso del tiempo. Y no lo digo sólo por las nuevas películas de la Guerra de las Galaxias (cada una, peor que la anterior, y todas ellas inferiores a las tres primeras).

La bajada de impuestos en EEUU está haciendo que muchas empresas suban salarios y programen inversiones. Con el empleo en mínimos y la renta salarial creciendo, la progresía no tiene ni programa ni candidato. Y hay elecciones en noviembre.

El dogma progre asegura que la cárcel debe estar orientada a la reinserción social de los delincuentes, a fin de cuentas pobres víctimas de la sociedad capitalista. Pocos éxitos ha conseguido el sistema penal, salvo con los golpistas catalanes, que ahora se han vuelto pacíficos y constitucionalistas.

El discurso de la izquierda afirma que en España ser mujer es “una actividad de riesgo”, como si en Burgos o Sevilla se arrojara ácido a las ‘impuras’, como pasa en Pakistán o Londres. Frente a las exageraciones del Imperio Progre, los datos demuestran lo contrario.

En Nochevieja ponen en un canal de televisión La jungla de cristal: Bruce Willis (entonces con pelo) se enfrentaba a una docena de terroristas alemanes que habían tomado un rascacielos de Los Ángeles, el Nakatomi Plaza.

Antes, la censura tenía un departamento en la Administración y prohibía libros por el bien del Estado o de la moral. Hoy la censura se camufla como oficinas para la igualdad y la no discriminación, y prohíbe libros para que los seres más débiles no se sientan ofendidos.

Cuando me cuesta encontrar al Niño entre fanfarrias, comilonas, derroches y telemaratones, miro a quienes le odian y es suficiente para descubrirlo. Porque hoy los Herodes, que llevan boina y peluca, quieren llevárselo para dejarnos su ideología.

Sabemos cuántas actrices famosas aceptaron las humillaciones sexuales que les exigía el productor Harvey Weinstein, pero no cuántas las rechazaron y por eso son desconocidas. ¿No habría que fijarse en ellas?

Las televisiones nacionales (estatales, dicen los mendrugos) abren sus informativos con los actos de un golpista huido. Parece que se quiere repetir la trayectoria de Pablo Iglesias o de Donald Trump: de los platós a la victoria.