El 1 de octubre sacudió la mesa política española

    Las conmociones políticas en Europa comenzaron en 2015, cuando la canciller alemana ‘invitó’ a un millón y medio de supuestos refugiados sirios a su país. En España, el meteorito ha sido el golpe de Estado en Cataluña. Desde entonces, el PP y Podemos se hunden y asciende VOX.

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    De izquierda a derecha: Pablo Iglesias (Podemos); Pedro Sánchez (PSOE); Albert Rivera (Ciudadanos); Pablo Casado (PP); Santiago Abascal (VOX).
    De izquierda a derecha: Pablo Iglesias (Podemos); Pedro Sánchez (PSOE); Albert Rivera (Ciudadanos); Pablo Casado (PP); Santiago Abascal (VOX).

    Al año del proceso golpista de los separatistas catalanes, culminado con el referéndum ilegal del 1 de octubre, contemplamos una política española en ruinas.

    Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, que repitieron desde meses antes de manera machacona que la tal consulta no se iba a celebrar y que luego, ante la realidad, dijeron “No ha habido referéndum”, han salido del Gobierno mediante una moción de censura; han fracasado en sus intentos de controlar el PP; y han regresado a la vida privada.

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    El presidente de la Generalidad catalana huyó como cualquier villano de película cutre. Ha reconocido que no existe la ‘República del 3%’, pues elucubra que quizás ésta se haga realidad dentro de 20 o 30 años. Además, ha confesado que engañó a sus alucinados seguidores, pues él “siempre” había advertido que la Unión Europea no reconocería la independencia de Cataluña.

    El factor que ha cambiado la política española en el último año es la ‘cuestión nacional’, no la inmigración ilegal

    Convergència, el partido de Carles Puigdemont y de Artur Mas (el que aseguró a una masa de borregos que la banca no se iba a marchar de la flamante república catalana), ha desaparecido. Su sucesor, el PDCat, está imputado por corrupción. La otra pata de la coalición gracias a la cual reinó Jordi Pujol, el partido democristiano Unió Democràtica, se ha disuelto.

    La extrema izquierda organizada en torno a Podemos y alimentada por orden del PP con presencia mañana, tarde y noche en las televisiones, se iba a comer el mundo y el primer plato iba a ser el PSOE. Sin embargo, su colaboración con el nacionalismo burgués y racista catalán, representada por la reunión secreta de su líder con separatistas para ‘romper España’ y así alcanzar el poder, le ha mandado a la cama sin cenar.

    Papeletas del referéndum ilegal por la independencia de Cataluña el 1 de octubre de 2017/Actuall.
    Papeletas del referéndum ilegal por la independencia de Cataluña el 1 de octubre de 2017/Actuall.

    El PSOE, diga lo que diga el CIS, se está asando a fuego lento, con una ministra que se ríe del anuncio por un Fouché con boina de que va a poner un burdel de lujo para chantajear a la oligarquía dominante. Y Ciudadanos no acaba de recibir los votos que le prometen las encuestas (algunas de ellas publicadas por El País, hoy alfombra de Pedro Sánchez).

    El golpe de Estado en Cataluña se ha llevado por delante a Puigdemont y su partido, a Rajoy y al PP y a Pablo Iglesias y a Podemos

    Por otro lado, los medios de comunicación del ‘establishment’ reconocen a regañadientes la entrada de VOX en el Congreso de los Diputados, el Parlamento Europeo, el Ayuntamiento de Madrid y otras instituciones en cuanto haya elecciones.

    Por fin están llegado a España las olas del cataclismo político europeo y americano.

    A comienzos de septiembre de 2015, de nuevo Alemania conmocionó Europa, como había hecho varias veces en el siglo XX (las dos guerras mundiales, el derrumbe del Muro de Berlín, el impulso a la desmembración de Yugoslavia), la canciller Angela Merkel levantó las barreras a la inmigración ilegal.

    Desde su alto puesto, como máximo dirigente del país más poderoso de la Unión Europea, animó a cientos de miles de inmigrantes asiáticos y africanos a asentarse en su país. “Lo conseguiremos”, dijo ella, con la petulancia del político que no comparte su domicilio con un ‘kebab’. A la vez, quería obligar al resto de los Gobiernos de la UE a aceptar cuotas de inmigrantes y refugiados.

    A Bruselas le ha costado mucho menos domesticar al griego rojo Tsipras que al húngaro identitario Orban

    Desde entonces, el ‘populismo’, o sea, la reacción de los pueblos a los planes de destrucción social decididos por unas elites tan corruptas como inmorales, se ha convertido en un fantasma que recorre Europa. Victoria del Brexit en el Reino Unido, elección de Gobiernos ‘eurófobos’ en Hungría, Italia, Austria y Polonia, irrupción en los Parlamentos nacionales de Alemania y de Suecia de partidos calificados de ‘subversivos’ por The Economist…

    En ese septiembre de hace tres años, los griegos elegían como primer ministro al rojísimo Alexis Tsipras, admirado por Pablo Iglesias. A Bruselas le ha costado mucho menos domesticarle a él que a Viktor Orban. Tsipras ha bajado las pensiones a los jubilados, subido los impuestos a las clases media y baja, y privatizado empresas públicas. En cambio, los ‘deplorables’ no solo han resistido las campañas y los boicoteos de la ‘elite cosmopolita’, sino que además han crecido.

    Sí, en el resto de Europa la inmigración descontrolada, la mano blanda de la socialdemocracia con los delincuentes extranjeros y el agotamiento del Estado de bienestar han llevado en volandas a esos partidos en los Parlamentos y Gobiernos.

    La dejadez y las mentiras de Rajoy ante el ‘procés’ han anulado el sempiterno mensaje del voto útil con el que se cerraban filas en el PP

    En España, que desde el siglo XIX tiene otros ritmos respecto a Europa y mantiene elementos que le hacen ‘diferente’, como una izquierda que detesta la nación que la sustenta y una colonia extranjera en nuestro territorio, el cataclismo no ha sido esa inmigración ilegal fomentada desde el poder. A fin de cuentas, la mayoría de los inmigrantes que viven entre nosotros son hispanoamericanos y europeos. Salvo en Cataluña.

    El factor que ha sacudido la mesa política española es la cuestión nacional, silenciada durante décadas por la partitocracia. El ataque feroz e indisimulable contra la unidad de España y los catalanes no separatistas hace un año, la dejadez del PP ante el golpe y las acciones judiciales planteadas por VOX despertaron a parte del pueblo español.

    Desde entonces ya no sirven los mensajes con que se mantenía estabulados a millones de compatriotas: “vota útil”, “nunca pasa nada”, “no seas radical”, “esos digitales siempre exageran”, “admite que los catalanes son distintos”, “Rajoy tiene un manejo magistral de los tiempos”, “lo de Cataluña se arregla dándoles más dinero”, “hay que ser como los europeos”…

    Pues sí, parece que los españoles vamos a ser como los europeos. Con un partido de los que le quitan el sueño a George Soros en el Congreso y con el caudillo de la ultra-izquierda en un chalé con piscina.

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    Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).