Bandera imaginaria de la no menos imaginaria región de Tabarnia.
Bandera imaginaria de la no menos imaginaria región de Tabarnia.

Después de dos días con Tabarnia siendo uno de los temas más comentados por los medios, se han podido observar algunos de los motivos por los que ese territorio imaginario molesta tanto a algunos.

Y en ese “algunos” no incluyo sólo a separatistas, ya que éstos han contado con muchos apoyos entre otros partidos e ideologías durante décadas, y ahora unos y otros parecen empeñados en impedir que se venga abajo los cuentos con los que nos han dado la murga durante tanto tiempo. Veamos algunos ejemplos de esos cuentos:

1. Una nación inventada

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El separatismo catalán lleva más de un siglo inventándose una nación que nunca existió. Cataluña no ha sido una nación nunca. Tampoco han existido nunca los llamados “Países Catalanes”.

Por mucho que los separatistas se inventen cosas que no ocurrieron y retuerzan hechos históricos -hablando, por ejemplo de una “confederación catalanoaragonesa” o incluso de un “reino de Cataluña” que nunca existieron- la historia es la que es y está sobradamente documentada.

El caso es que con la misma ligereza con la que ellos se inventan una nación, otros se pueden inventar Tabarnia. La diferencia es que, al menos, los promotores de la idea de Tabarnia no apelas a mitos históricos para reclamar la independencia: simplemente proponen una nueva comunidad autónoma.

“Tabarnia no hace más que darle la vuelta a ese discurso, lanzándolo contra los separatistas. Y por lo que se ve, la cosa les ha hecho pupa. Buena señal”

2. La constante matraca

Otro de los hechos que ha molestado a los separatistas es el gran eco mediático que ha tenido Tabarnia -incluso ha aparecido en medios extranjeros- y las abundantes referencias a ella en las redes sociales. Y eso que sólo han pasado dos días desde que Tabarnia se convirtió en trending topicen Twitter.

Si ellos se quejan por dos días de matraca sobre Tabarnia, ¿qué deberíamos decir los que llevamos décadas aguantando la matraca del separatismo catalán? Y no sólo aguantándola: también sosteniéndola con nuestro dinero, como veremos más abajo.

3. El postureo victimista

El separatismo catalán ha abusado hasta hartarse de uno de los elementos comunes a todo discurso nacionalista: el victimismo.

Llevan años culpando al resto de España de todo lo malo que le pasa a Cataluña, como si los políticos separatistas catalanes -y quienes les votan- no tuviesen ninguna responsabilidad sobre todo lo que ha venido ocurriendo en esa comunidad durante todos estos años de autonomía.

Incluso culpan a los demás de la fuga de empresas que ellos mismos provocaron con su golpe separatista.

En el colmo del cinismo, incluso pretenden transmitir la idea de que los catalanes viven oprimidos bajo una España represora que ni siquiera les deja decidir su futuro, como si en todos estos años de democracia los catalanes nunca hubiesen podido votar en unas elecciones libres y democráticas.

Tabarnia no hace más que darle la vuelta a ese discurso, lanzándolo contra los separatistas. Y por lo que se ve, la cosa les ha hecho pupa. Buena señal.

4. La trampa del derecho de autodeterminación

Los separatistas han reclamado este derecho como si Cataluña fuese una colonia española. El problema de este derecho es quién decide el sujeto que ha de ejercerlo. ¿Por qué una región y no una provincia, una comarca o una ciudad? 

Los separatistas han defendido su proceso independentista invocando el “derecho a decidir” del pueblo catalán, pero hay que recordar que los propios catalanes aprobaron por abrumadora mayoría la Constitución, cuyo artículo 1 afirma: “La soberanía nacional reside en el pueblo español”.

Sin embargo, cuando los separatistas hicieron su “ley de transitoriedad” establecieron que la soberanía reside en el pueblo catalán. Pero si creen que la soberanía española puede trocearse, ¿por qué la catalana no?

“La verdad es que los territorios no pagan impuestos: los pagan las personas, tanto físicas como jurídicas”

5. El timo de las balanzas fiscales

Los promotores de la idea de Tabarnia han dejado magistralmente al descubierto este tema, volviéndolo contra quienes más habían reclamado la publicación de esas balanzas: los separatistas catalanes.

Al “España nos roba” le ha sucedido en “Cataluña roba a Barcelona”. Si se alega que lo segundo no es verdad, entonces se ha de reconocer que lo primero tampoco lo es.

Y es que las balanzas fiscales se basan en lo que el Estado ingresa vía impuestos e invierte en cada comunidad, un concepto falso que ha servido al separatismo catalán para vender la falsa idea de que unos vagos andaluces viven a costa de unos laboriosos catalanes.

Pero la verdad es que los territorios no pagan impuestos: los pagan las personas, tanto físicas como jurídicas. Si trasladamos a las personas el discurso de los separatistas sobre las balanzas fiscales, entonces tenemos que la idea que se ha estado vendiendo es que los ricos, por el hecho de contribuir más, deberían recibir más inversiones estatales.

Es normal que desmontar ese discurso incomode no sólo a separatistas: sucesivos gobiernos de España han estado haciendo inversiones extraordinarias en Cataluña para intentar apaciguar el victimismo separatista en base a las balanzas fiscales.

Recordemos que de los 217.000 millones aportados por el Estado a las comunidades autónomas para financiar su déficit, 66.550 millones (el 32%) han ido a parar a Cataluña.

* Publicado originalmente en Contando Estrelas.

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Nacido y residente en Vigo. Diseñador web y gráfico con 18 años de experiencia, aficionado a la fotografía y bloguero. Publica desde 2004 el blog "Contando Estrelas", en el que ha escrito más de 9.000 artículos sobre temas de actualidad, cultura, defensa y nuevas tecnologías. Participa desde hace muchos años en el movimiento cívico: es socio de HazteOir.org desde 2003, socio de Galicia Bilingüe desde sus inicios en 2007, miembro de la Red Liberal desde 2008 y colaborador de CitizenGO desde 2013. Admirador de J.R.R. Tolkien, su pseudónimo es una palabra en idioma quenya (la lengua élfica creada por el escritor británico) que significa "observador de estrellas”.