A mí la unidad de España me suda la… ¡Fascistas!… la puta… Colau, Rubianes y compañía

    La toponimia tiene enorme importancia porque convergen en ella la lingüística, la geografía y la historia. Los nombres de las calles en definitiva son archivos de la cultura.

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    La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau y el actor Pepe Rubianes.
    La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau y el actor Pepe Rubianes.

    Tal y como está el nivel no creo que nadie se asuste por el vocabulario soez e impertinente. Procuraré ser cortés. Cortés en  la precisión y limpieza de la palabra, en la actitud, en el gesto, en la voz y en los modales.

    La grosería y zafiedad que a diario vemos en los que dicen ser nuestros representantes no puede conducir a nada bueno. Imponer su criterio con el único fin de enfrentar a los ciudadanos tiene un coste no muy alto sino muy peligroso. Los rencores se acumulan y pasan factura; se guardan y se desatan un día, el más inesperado. Hay mucho rencor acumulado y demasiada provocación diaria. No puede acabar bien.

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    Que se llame fascista al Almirante Pascual Cervera y Topete al cambiar en Barcelona el nombre de la calle que llevaba el suyo por el de Rubianes no es una mera casualidad ni tampoco fruto del posible talento, retorcido en cualquier caso, de una alcaldesa. Se trata simplemente de ofender o demostrar con altanería su ordinariez intelectual, en sus dos acepciones.

    No son analfabetos sino malos. Saben lo que hacen y por qué lo hacen. Los que no aceptamos los insultos, la altanería y la grosería, nos empeñamos en señalarles su error cometiendo uno aún mayor, ya que sus repugnantes carcajadas les hacen engordar camino del siguiente ataque. Se ríen de nosotros sabiendo que nos ofenden.

    «Los partidos ultramontanos van ganando porque cuando llegue el momento de volver a recuperar la cordura los responsables no se atreverán… por incultos o cobardes»

    Los partidos políticos, los políticos individualmente, que no aprueban estos actos, claman contra ellos cuando no dieron ni un solo paso para evitarlo aquel día que todo estaba en sus manos para hacerlo. Los jueces dictan sentencias de acuerdo con las leyes que ellos no aprueban sino los políticos.

    La toponimia callejera tiene mucha importancia. Hay partidos que lo saben muy bien y lo utilizan. Tratan por todos los medios en Madrid, Barcelona, o en cualquier sitio que lo que hacen les rente publicidad. Pretenden perpetuar su huella tramontana.

    La toponimia tiene enorme importancia porque convergen en ella la lingüística, la geografía y la historia. Los nombres de las calles en definitiva son archivos de la cultura, tradiciones, incluso llegado el caso, como este del guerracivilismo y el facherío, incultura. En eso, los partidos ultramontanos van ganando porque cuando llegue el momento de volver a recuperar la cordura los responsables no se atreverán… por incultos o cobardes. Se frotarán las manos pensando que ya tienen el trabajo hecho.

    «Insulta la alcaldesa y todos los que le ríen la gracia, Serrat, Buenafuente, el alcalde que fue de Barcelona, Trias, que no permitió que el buque insignia de la Armada recalase en Barcelona»

    Ya he dicho en alguna ocasión que en este juego de las calles también está metido mi apellido. En concreto el de mi abuelo, General Fidel Dávila, que a la alcaldesa de Madrid y a sus comisionados no les gusta. Mi opinión la repito: quiero que quiten el nombre de mi abuelo a esa calle de Madrid, que la señora Carmena me haga ese favor, que se olvide, que me mande una de las placas como recuerdo, que interprete la historia como le venga en gana, eso sí que no pretenda ser lo que no es, alcaldesa de todos los madrileños, ni más lista que el conjunto, y que saque los tulipanes que ya ha llegado la primavera y aún no se ha enterado, que Madrid permanece a pesar de los pesares de su alcaldesa y que sepa que no lo hago por enfado, no me molesta para nada, con tal de que arregle la limpieza, los malos olores, el tráfico, el transporte público, la incomodidad del centro, sin tocar la luz de esta ciudad maravillosa, me refiero a la luz del cielo madrileño, al que quizá ni mire, ahora cuajado de vencejos y esperanza, la primavera de todos y no la republicana ni la del terror del 31.

    Pero yo estaba en Barcelona hablando de su equivalente alcaldesa y el insulto a la historia de los soldados muertos en una batalla dura que ellos no eligieron, en Cuba año 1898, cuando el Almirante Cervera, cumpliendo estrictamente las órdenes recibidas, en una situación táctica y condiciones al límite para entrar en combate, lo entregó todo, él y sus hombres, a los que ahora se ofende e insulta, ¿por España, todo por España? Insulta la alcaldesa y todos los que le ríen la gracia, Serrat, Buenafuente, el alcalde que fue de Barcelona, Trias, que no permitió que el buque insignia de la Armada recalase en Barcelona… y los que sin estar allí han permitido que se llegue a este estado de cosas.

    Solo hay un objetivo: enfrentarnos ofendiendo cada día un poquito. No son tontos. Al final nuestro rechazo lo reconducirán para acusarnos, a todos, almirante Cervera, Reyes Católicos o Cristóbal Colón: fachas, fachas, fachas.

    El cambio en Barcelona ha consistido en una fiesta para ellos en la que han cambiado el nombre del “facha” Almirante Cervera por el del demócrata gallego, cortés en la palabra y el gesto cuyas sabiduría no me atrevo a repetir, pero que les dejo el enlace de la página de wikiquote donde pueden leer las lindezas que deja este señor de herencia. Así empieza:

    “A mí, la unidad de España me suda la polla por delante y por detrás, que se metan a España en el puto culo, a ver si les explota dentro y les quedan los huevos colgando del campanario; que vayan a cagar a la puta playa con la puta España, que llevo desde que nací con la puta España, vayan a la mierda ya con el país ese y dejen de tocar los cojones”. Ese señor es el que a partir de ahora tiene una calle en Barcelona que sustituye a la del Almirante Cervera… por “fascista”.

    Ruego disculpen que haya tenido que terminar así, pero es necesario ir con la verdad por delante, pese a quien pese y por muy dura que sea.

    Un día más se acumula la indignación. Esto no puede acabar bien.

    * Publicado originalmente en el blog del General Dávila.

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