Una bandera de España rota / twitter

El butifarréndum del 1 de octubre va a fracasar. Sí: saldrán miles de personas a las calles; abrirán numerosos colegios electorales; se producirán altercados entre las fuerzas del orden público y algunos radicales, pero poco más. Por la noche, saldrá alguien de la Generalitat para anunciar una participación ficticia y unos resultados sesgados y veremos cientos de esteladas desplegadas por las calles.

Pero va a fracasar porque no va a conseguir su objetivo final: lograr que Cataluña se escinda del resto de España. Esto lo sabemos todos: los separatistas (salvo aquellos, claro, que están cegados por sus fantasías secesionistas) y los que defendemos la ley y la unidad de España.

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Al día 1 de octubre le seguirá el 2. Cataluña continuará siendo parte de España -como quiere la mayoría de los catalanes- y la vida seguirá su curso normal. La gente irá al trabajo por la mañana; los niños asistirán a sus clases en el colegio; en Barcelona se producirán los atascos de costumbre y los turistas pasearán por los principales atractivos turísticos de aquella región.

El Gobierno de la nación ha estado impasible viendo cómo ese rencor crecía sin hacer absolutamente nada. Y eso no se arregla en un día

Sin embargo, ¿estará todo solucionado? No, desde luego que no. Entre Cataluña y el resto de España ha quedado muy dañado el vínculo afectivo que nos une. Los separatistas se han encargado, durante décadas, de alimentar de odio a las nuevas generaciones de catalanes. A la vez, el Gobierno de la nación ha estado impasible viendo cómo ese rencor crecía sin hacer absolutamente nada. Y eso no se arregla en un día.

Los separatistas han llenado de mentiras y falacias las cabezas de muchos catalanes. No hay más que ver, por ejemplo, la manipulación tan burda que han hecho de un patriota español como era Rafael Casanova, del que se han apropiado sin el menor escrúpulo.

En países democráticos como Francia, los partidos que atentan contra la unidad nacional están, directamente, proscritos

Por eso ahora es la hora de los constructores de puentes. Es la hora de volver a ganarse a los millones de catalanes que han padecido el rodillo separatista durante décadas y a los que tan poco caso se les ha hecho desde el Gobierno central y los principales partidos políticos. Son esos millones de catalanes que no comulgan con los fanatismos secesionistas y que no quieren vivir en ese permanente estado de exaltación independentista.

Poco o nada hay que hablar con los separatistas. En países democráticos como Francia, los partidos que atentan contra la unidad nacional están, directamente, proscritos. La unidad de España no se negocia ni hay nada de lo que dialogar. Pero sí es la hora de tender puentes hacia esos millones de catalanes que no están dispuestos a estar en manos de políticos insensatos que se limitan a cebar el odio y los instintos más primitivos.

  • Habrá que rescatar la educación de aquellos que la emplean como un medio de adoctrinamiento de los más jóvenes y manipulables
  • Hay que cortar la financiación de asociaciones, medios de comunicación y agentes que siembran la cizaña del separatismo en Cataluña
  • Hay que lograr que se explique la verdad histórica, y no las fábulas y disparates nacionalistas
  • No pueden salir gratis las afrentas a la bandera, el Rey y a los símbolos nacionales
  • Hay que hacer una propuesta en positivo que integre cada vez más a los catalanes en el resto de España

Desde el resto de España,

  • Se debe apreciar y apoyar la lengua y características culturales de esa región
  • Deben cesar los insultos, comentarios despectivos, críticas y burlas hacia Cataluña y los catalanes
  • No tienen cabida los boicots contra los productos y empresas catalanas

Hacen falta constructores de puentes. Ahora toca recuperar Cataluña.

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Álex Navajas es periodista. Contertulio habitual de El Gato al Agua, de Intereconomía TV, ha trabajado once años en La Razón y dirige su propio Gabinete de Comunicación. Imparte también cursos y seminarios de formación.