Ahora sí son “elecciones”, por Carlos Beltramo

    La izquierda debería saber que si aprietas demasiado a una sociedad con recursos para vivir en libertad, tarde o temprano esa sociedad responde. Surgieron movidas como la del autobús de HazteOir.org y ya las cosas no fueron iguales: el sistema dio muestras de estarse resquebrajando.

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    De izquierda a derecha: Pablo Iglesias (Podemos); Pedro Sánchez (PSOE); Albert Rivera (Ciudadanos); Pablo Casado (PP); Santiago Abascal (VOX).
    De izquierda a derecha: Pablo Iglesias (Podemos); Pedro Sánchez (PSOE); Albert Rivera (Ciudadanos); Pablo Casado (PP); Santiago Abascal (VOX).

    Hace mucho tiempo que en España no teníamos unas elecciones tan atractivas. Hasta ahora para muchos españoles el ejercicio electoral estaba marcado por expresiones como “mal menor”, “voto útil” o “con la nariz tapada”. Pero este año es diferente. Por muchas razones un grupo de candidatos se ha puesto las pilas y se acuerda de un sector del electorado antes despreciado sistemáticamente. Se habla de temas en la agenda que antes se tocaban muy superficialmente o no se tocaban en lo absoluto. Se ha dicho mucho al respecto en este medio y otros sobre las causas de este proceso. Podemos repasar algunas:

    Hay una tendencia global de recuperar la alegría por defender políticamente valores llamados “conservadores” (aunque, visto lo visto, quienes están luchando para “conservar” una casta son los partidos progres de izquierda, que por algo azuzan el miedo a la derecha, “que lo quiere cambiar todo”). Fenómenos como el de Trump, Bolsonaro, Orban y otros, hacen ver y pensar que una forma diferente de hacer política es posible, aunque la prensa local se empeñe al unísono en mostrarlo como un fenómeno negativo.

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    Por otro lado, la izquierda ha sido hegemónica por muchos años y ha generado muchas heridas y sensación de agobio en demasiada gente. Todos pensamos que está bien tomar en cuenta a las minorías y buscar evitar injusticias, pero son cada vez más los que sentimos que ahora lo que sucede es que esas minorías nos quieren imponer su forma de pensar de manera cada vez más agresiva. La izquierda debería saber que si aprietas demasiado a una sociedad con recursos para vivir en libertad, tarde o temprano esa sociedad responde. Evidentemente, esta izquierda no lo sabe o es incapaz de aplicarlo, enceguecida por su propio discurso de superioridad moral.

    En un universo electoral tan atomizado como el actual, con una ley electoral no preparada para este escenario, “un puñado de votos” puede marcar la diferencia

    Han surgido movimientos sociales y políticos con un planteamiento valiente. Primero fueron los movimientos pro familia, de defensa de las víctimas del terrorismo, de igualdad de varones frente a la ley, de contestación a la mal llamada “memoria histórica” y otros similares que se movilizaron dentro de unos parámetros. Hasta ahí, todo controlado para el sistema. Pero de pronto surgieron movidas como la del autobús de HazteOir.org y ya las cosas no fueron iguales: el sistema dio muestras de estarse resquebrajando. Y, desde el lado de lo político, surgió Abascal, siguiendo una línea disruptiva, y mostró un cuarto de lo mismo. Esta valentía indica un camino alterno que estos protagonistas no se inventaron, pero que encauzan hacia el cambio.

    Esta triple confluencia ha generado un fenómeno que la izquierda y el gobierno intentan tapar porque son cada vez más conscientes de que influirá mucho en el conteo de la noche del 28-A. Tengo información fidedigna de que en varios búnkeres electorales hay un verdadero acongojamiento por lo que pueda pasar ese día. Las herramientas demoscópicas no sirven para diagnosticar exactamente qué es lo que vaya a suceder, y si ya fallaron calamitosamente en Andalucía, en el resto de España podría ser aun peor. A veces el pueblo es así… de “reacciones inesperadas”.

    Una parte de esas reacciones inesperadas es el peso que la agenda pro vida y pro familia está teniendo en el proceso político. En un universo electoral tan atomizado como el actual, con una ley electoral no preparada para este escenario, “un puñado de votos” puede marcar la diferencia. Así que los candidatos de lo que algunos llaman “la derecha” no pueden confundirse. Está bien que la unidad territorial sea un tema gravitante. Pero no lo es menos cambiar el paso frente a las leyes de mentalidad progresista de izquierda: son estas leyes ya hegemónicas las que están “mandando” a la gente común a la calle, a pesar de los escraches y la violencia (o ya en muchos lados, casi precisamente por esa violencia). Y los partidos de este espectro –PP, Cs y Vox–, no pueden menospreciar el valor de estos votos, gente sencilla ahora altamente motivada, movilizada y con ilusión.

    Es gente que ya no se conforma con mensajes a medias, que en otras ocasiones podrían haber sido motivadores (y esto va por el PP y Cs)

    Por eso, electoralmente hablando no será inteligente dejar para un segundo plano los temas de este marxismo cultural disfrazado de pseudo-progreso. Desarticular los procesos independentistas es muy importante… pero lo es también revisar leyes como el aborto, la violencia de género, las LGTBI y la memoria histórica. Todas ellas forman parte del mismo ADN que moviliza los procesos en Cataluña y el País Vasco, y la gente lo intuye. Esa gente quiere votar por una renovación, porque por primera vez ve una cita electoral con esperanza.

    Es gente que ya no se conforma con mensajes a medias, que en otras ocasiones podrían haber sido motivadores (y esto va por el PP y Cs). No quiere cambios “a medias”, como tratar de contener el tsunami del invierno demográfico con un Ministerio de Familia (o de Familias), una iniciativa que puede ser excelente, pero que podría perder peso si al final se implementa al estilo andaluz, de contenido vago y nula acción práctica. Hoy el votante quiere más, porque ve que lo escuchan más. Es como un comprador exigente y estos partidos, Cs y el PP, son como el supermercado del barrio al que le pusieron la competencia justo en la vereda de enfrente… con ofertas muy rompedoras. La gente agradecerá que los de siempre pongan algunas ofertas nuevas, pero ahora comparará con los de la otra vereda, y con que no sean al menos igual de buenas, fácilmente cruzarán la calle y adiós lealtad.

    Lo bueno de despertar al gigante dormido es que te puede llevar lejos, como a Trump o a Bolsonaro, pero cuidado con empezar a confundirlo o no tomar totalmente en serio sus expectativas

    Pero ojo, esto también es un mensaje para el nuevo, para el de la otra vereda: lo bueno de despertar al gigante dormido es que te puede llevar lejos, como a Trump o a Bolsonaro, pero cuidado con empezar a confundirlo o no tomar totalmente en serio sus expectativas. Ahora mismo todo es efervescencia, pero si esos “nuevos del barrio” quieren tener un proyecto a mediano y largo plazo, no deben escatimar en cumplir con las ofertas con las que inauguraron su venta: porque no hay nada peor que un consumidor consciente de su fuerza y decepcionado.

    España se juega mucho. El tema pro vida y pro familia está en la agenda como nunca antes. Y solo ganará realmente el que sepa subirse a esta ola, mantenerse a pesar de las turbulencias y después cumplir con las expectativas. No es tan difícil.

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