El presidente electo de EE.UU., Donald Trump (i), jura como presidente número 45 de la historia de Estados Unidos
El presidente electo de EE.UU., Donald Trump, jura como presidente número 45 de la historia de Estados Unidos / EFE

Justo este pasado miércoles día 8 de noviembre, hace un año, contra todo pronóstico del unísono mediático progre-socialdemócrata, el republicano Donald Trump ganó las elecciones presidenciales estadounidenses, a pesar de la oposición del establishment de su propio partido.

Algunos conservadores y libertarianos no teníamos especial ilusión por el vencedor, dadas sus propuestas proteccionistas (escepticismo hacia el libre comercio y la deslocalización de empresas) y keynesianas (alusión al “helicóptero de Friedman”, esto es, mayor expansión monetaria) así como su conservadurismo moral meramente impostado. Preferíamos al conservador Ted Cruz o al libertario Rand Paul.

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No obstante, teníamos claro que la muy estatista, relativista y abortista Hillary Clinton no era el mal menor, sino que el éxito electoral de Trump sería un “mazazo” contra esa dictadura de la corrección política izquierdista

Una dictadura instalada en entidades supranacionales como la Unión Europea y Naciones Unidas, en buena parte del mainstream media occidental y en muchos gobiernos de la zona transatlántica.

Y así está siendo desde el primer día. Un mainstream mediático servil al establishment progre-socialdemócrata transatlántico, que fracasó en sus manipulaciones tanto en demoscopia como a la hora de informar, se manifestó visiblemente desconcertado, no dejando de emitir fake news.

A su vez, en líneas generales, las medidas trumpistas están resultando ser desagradables para ese consenso socialdemócrata del que forma parte una izquierda norteamericana que, igual que la española, demuestra no saber perder, no aceptar que las derechas les venzan en las urnas.

Estas medidas se analizarán a continuación.

En primer lugar, lo relacionado con las culture wars. Si bien es cierto que no se ha entrado a cuestionar el estatus de matrimonio entre personas del mismo sexo, la administración Trump retiró la sección de la web de la Casa Blanca dedicada al lobby LGTBI nada más llegar, no se admitirá a los transexuales en el ejército y se deja de declarar el mes de junio como “Mes del Orgullo Gay”.

En su discurso de Varsovia, que fue magnífico, evocó a Dios y puso en valor la fe y la familia frente a dirigismos estatales

Los marxistas culturales también ansían erosionar el cristianismo de los países occidentales. No obstante, mientras que el establishment europeísta secunda esas negaciones, Trump ha demostrado una lealtad impecable a esos valores.

Donald Trump
Donald Trump posa con la firma de una nueva ley. / EFE

Juró el cargo con un ejemplar bíblico en mano y, en su discurso en Varsovia, que fue magnífico, evocó a Dios y puso en valor la fe y la familia frente a dirigismos estatales. Adicionalmente, se ha comprometido a garantizar la libertad religiosa y proteger a los cristianos de Oriente.

Pero es que además, hay un serio compromiso en defensa del derecho a la vida de los no nacidos. Aparte del vicepresidente Mike Pence, se nombró como juez a Neil Gorsuch y como secretaria del Departamento de Salud a Charmaine Yoest, todos ellos fervientes pro-vida (es probable que haga lo mismo en el puesto de Embajadora general para los Asuntos de las Mujeres, creado por Barack Obama para promocionar el aborto). Se han aprobado ya unas 50 leyes pro-vida. A su vez, se ha puesto fin a la financiación de ONGs abortistas operantes en el extranjero y hay un serio compromiso para dejar de financiar -arruinando así- a la multinacional abortista Planned Parenthood. Ha conseguido además que el G-7 deje de contemplar el aborto en lo relacionado con “salud reproductiva”.

Aparte del vicepresidente Mike Pence, se nombró como juez a Neil Gorsuch y como secretaria del Departamento de Salud a Charmaine Yoest, todos ellos fervientes pro-vida. Se han aprobado ya unas 50 leyes pro-vida.

A su vez, se ha puesto fin a la financiación de ONGs abortistas operantes en el extranjero y hay un serio compromiso para dejar de financiar -arruinando así- a la multinacional abortista Planned Parenthood.

En segundo lugar, hablemos de inmigración. En enero, se firmó un decreto migratorio que afectaba a siete países de mayoría, que le ha costado a Trump una batalla judicial que al final ha ganado.

Sigue el compromiso para reforzar el control fronterizo con México, la inmigración ilegal ha disminuido y se derogará la lotería de visas tras el reciente atentado en Manhattan. También hay intención de acabar con el programa DACA (de inmigrantes indocumentados que llegaron a EEUU siendo niños), aunque dando 6 meses al Congreso para actuar.

Empresas: Se ha reducido en más de un noventa por ciento el número de regulaciones y obstáculos burocráticos

En tercer lugar, abordemos lo relacionado con la economía. Se ha reducido en más de un noventa por ciento el número de regulaciones y obstáculos burocráticos impuestos por la administración estadounidense. Se apuesta por una reforma fiscal que pretende rebajar la carga fiscal de empresas (así pretende Trump que las empresas retornen a América) y familias, eliminando también el Impuesto de Sucesiones y tratando de simplificar el código fiscal. Ahora el Senado ha presentado una versión propia que, en ciertas cuestiones, mejora la reforma fiscal del Congreso.

La eliminación del Obamacare también forma parte de los planes de Donald Trump. El problema es que este verano, el segundo intento de reforma (el primero era más bien una “cortina de humo”) fue tumbado por tres senadores republicanos, entre ellos, el pro-establishment John McCain. Ahora bien, Trump firmó el pasado mes una orden ejecutiva orientada a incentivar la competitividad y la libertad de elección de seguro sanitario.

El acuerdo de París del cambio climático responde a un mito que favorece el corporativismo y el dirigismo económico

En último lugar, política exterior. En este campo, lo más adecuado sería una sucesión de fuertes aplausos. Haber sacado a los Estados Unidos del Acuerdo de París (del cambio climático) y de la UNESCO es más que acertado, ya que lo primero responde a un mito que favorece el corporativismo y el dirigismo económico, mientras que ese ente es tan enemigo de Israel y “progre” como su matriz (la ONU), de la que habría que plantear salirse.

Vladimir Putin y Donald Trump conversan en la cumbre del G-20 en Hamburgo / EFE-Sputinik -Kremlin Pool
Vladimir Putin y Donald Trump conversan en la cumbre del G-20 en Hamburgo / EFE-Sputinik -Kremlin Pool

Adicionalmente, parece que Trump quiere seguir la senda reaganista en la lucha contra el comunismo. No ya por sus contundentes afirmaciones contra Fidel Castro y por haber rendido esta semana homenaje a las víctimas del comunismo, tras la bolchevique revolución de Octubre.

Planeó intervenir militarmente Venezuela, a fin de contribuir a derrocar la tiranía socialista de Maduro, pero es que, a su vez, no tolerará ningún desafío del dictador Kim Jong Un, el dictador norcoreano, también comunista.

Tras este análisis, uno puede afirmar que, a pesar de ciertas imperfecciones, el primer año de Trump está siendo bastante provechoso, a diferencia de la primera legislatura de un Rajoy con mayoría absoluta.

No ya por cumplir los compromisos electorales, sino por tener coraje para plantar cara a los lobbies feministas, ecologistas y homosexualistas así como a los enemigos de la libertad.

Es más, por sus hechos, lo considero como un referente para la derecha europea, si bien la americana lo era de por sí, por ser moralmente conservadora y liberal en lo económico.

Ojalá países como España, Reino Unido y Francia tuvieran un Donald Trump, no ya por su praxis más o menos liberal-conservadora, sino también comprometido con los valores de Occidente y contrario a la dictadura de la corrección política.

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Nacido en 1996. Estudiante de Ingeniería Informática en la UDIMA. Liberal-conservador y pro-vida. Socio fundador del Club de los Viernes. Colaborador en COPE Almendralejo, Religión en Libertad y Acton Institute". Mi usuario de Twitter es @garciacarmonaam.