Arantza Quiroga en 9 claves: una heroína con síndrome de Estocolmo

    Era una de las promesas del PP vasco y no defraudó: llegó a la presidencia del partido tras la marcha de Antonio Basagoiti. De firmes convicciones conservadoras, Quiroga ha sorprendido por su presencia en la boda de Maroto y la redacción de la ponencia sobre 'Libertad y convivencia' en el parlamento vasco.

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    Arantxa Quiroga PP vasco
    Arantza Quiroga explica la reitrada de la iniciativa del PP por la convivencia en el País Vasco. (José Ramón Gómez / Efe)

    Guapa, valiente y sin complejos. Era la gran esperanza rubia del PP vasco. Saltó a la política entre balas y secuestros y llegó a la presidencia del Parlamento de Vitoria. De firmes convicciones conservadoras, Arantza Quiroga ha sorprendido últimamente por su presencia en la boda gay de Maroto y la redacción de una ponencia en el parlamento vasco en la que no exigía la condena de ETA sino el rechazo expreso de la violencia. ¿Síndrome de Estocolmo?

    Su trayectoria, en nueve puntos:

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    José Eugenio Azpiroz, su padrino en política. Como tantos dirigentes del PP, Arantza Quiroga (Irún, 1973), se afilió a las Nuevas Generaciones del partido. En 1995 da un paso adelante y se presenta a las municipales en Irún con 21 años, propuesta por José Eugenio Azpiroz. El hoy diputado en el Congreso recuerda que entonces era complicado reclutar candidatos: “Ella fue valiente y dio el paso”.

    Hija de un carpintero de Valladolid. El padre de la presidenta del PP vasco, castellanohablante, era carpintero y llegó a Irún a los 14 años. Su madre sí habla euskera. Quiroga ha reconocido en más de una ocasión que su abuela María Luisa le hablaba en vascuence. Arantza entiende el idioma, aunque no suele practicarlo.

    Aznar la descubre con 24 años: “¿Quién es esta guipuzcoana?”. Tenía 24 años y Arantza Quiroga pronunciaba un discurso en el Círculo de Bellas Artes de Madrid en el que estaban el presidente del Gobierno José María Aznar y Manuel Fraga. La intervención de la joven encandiló a todos, incluido Aznar, que preguntó: “¿Oye, y esta guipuzcoana?”. José Eugenio Azpiroz se acercó a ella y le dijo: “El jefe se ha fijado en ti. Arantza, tienes futuro”. Desde entonces se convirtió en el ojito derecho de Aznar, según Antonio Basagoiti.

    Cercana al Opus Dei. En marzo de 2009 declaraba a El País: “No soy miembro jurídico del Opus Dei, pero me gusta cómo forman a las personas. Defienden que hay que santificar la vida a través del trabajo. Soy del ala conservadora del PP”. Y explicaba que si algún día se encontraba incómoda en el PP esperaba tener la lucidez suficiente para irse del partido.

    Madre de cinco hijos, no usa el preservativo. “Nunca usaría el preservativo. Estoy de acuerdo con el Papa, el preservativo no es la solución. Falta formación, yo a mis hijos les explicaré qué es el acto sexual y qué significado tiene”, señaló a El País.

    Una generación podrida por la partitocracia. Si algo tenían los miembros del PP en el País Vasco era el respeto y la admiración de todos por jugarse la libertad y la vida. Nadie podía acusarlos de ingresar en política para aspirar a un puesto sin más. Pero en 2015 la partitocracia parece haber acabado con una generación que sintió la llamada del deber en una tierra difícil. Hoy el cambio de discurso en los populares vascos es evidente. Borja Semper afirmó que había “necesidad de integrar a Bildu”; el exalcalde de Vitoria, Javier Maroto, presumió de que su peluquera era de la formación proetarra; e Iñaki Oyarzábal lamentó “no gustarle un pelo a los sectores radicales y ultras de las víctimas”.

    Del sector más conservador del PP… a la boda gay de Maroto. De convicciones católicas (“La palabra matrimonio representa la unión entre un hombre y una mujer”, El País 24 de julio de 2013), sorprendió su presencia y la de toda la cúpula del partido en la boda gay de Javier Maroto el pasado mes de septiembre.

    La ‘política pop’ del PP o el inicio del pasteleo con el nacionalismo. Cuando Antonio Basagoiti presidía el partido en el País Vasco, los populares sorprendieron meses antes de las elecciones autonómicas en 2009 con el término ‘Política Pop’. El secretario general y director de la campaña, Iñaki Oyarzábal, explicaba que aquello consistía en acercarse “a los jovenes, a todo el mundo a través de la música y de la cultura”. En realidad, fue el inicio de la modulación del mensaje del PP respecto a ETA y Bildu.

    ¿Síndrome de Estocolmo con Bildu? Hace unos días Quiroga decidió constituir una ponencia con Bildu (y los otros grupos del Parlmento vasco) que no pedía la condena de ETA. En lugar de condena, les exigía“rechazo expreso de la violencia”. La joven valiente que había dado un paso al frente contra el terrorismo sale ahora con remilgos eufemísticos. El nuevo lenguaje de Quiroga chirría, y no ha gustado ni en Génova ni muchos menos en la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Finalmente tuvo que retirar la moción en contra de su voluntad. Sin embargo, Arantza señaló que no hay cambio de opinión respecto a ETA. ¿En qué quedamos?

     

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    Licenciado en periodismo por la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Tomó la alternativa en Intereconomía -semanario Alba, La Gaceta, Los Últimos de Filipinas, Dando Caña, 12 Hombres sin vergüenza- de la mano de Gonzalo Altozano y Kiko Méndez-Monasterio, de los que aprendió incluso algo de periodismo. Más tarde escribió para los digitales La Información y Periodista Digital. Viajó a Irak antes que a Roma, le apasionan la Historia y la tauromaquia. Nazareno de Sevilla.