Cainismo o bien común: ante la sucesión de Mariano Rajoy en el PP

    Algunos echamos en falta recordar que el partido es importante, pero es instrumental, lo verdaderamente importante es el bien común: el interés general de España. Muchos temen que de razonables y legitimas rivalidades se pase a odios cainitas generadores de fracturas.

    0
    Los militantes del Partido Popular en un mitin agitan banderas de la formación política.
    Los militantes del Partido Popular en un mitin agitan banderas de la formación política.

    Acaba de concluir el plazo para presentar candidaturas al Congreso Extraordinario del Partido Popular a fin de elegir el sucesor de su presidente, durante catorce años, Mariano Rajoy. Siete son los candidatos que finalmente se han presentado, todos comprometidos en la anterior dirección del partido o en el gobierno popular, con la excepción del candidato de nuevas generaciones y el concejal valenciano.

    En este proceso el próximo 5 de julio los afiliados votarán a sus precandidatos y, salvo supuestos mayoritarios muy improbables, entre los dos más votados deberá ser elegido por los compromisarios en el congreso el día 21 a quien dirija el partido y sea candidato a la presidencia del gobierno.

    Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

    Haz un donativo ahora

    La situación está muy abierta y no tiene precedentes en el PP. Es cierto que hace ya muchos años los estatutos preveían una lista del candidato con su equipo más otras listas abiertas a miembros del comité ejecutivo nacional (CEN).

    Recuerdo bien un importante debate entre Fraga y Fernando Suárez uno en favor de la supresión de estas listas abiertas, para dotar de estabilidad y unidad al candidato ganador, y el otro, en brillante intervención, apelando a que estas contribuían no sólo a la democracia interna sino a la representación de puntos diversos y posturas plurales.

    «Nadie sabe exactamente cuál va a ser la voluntad de la afiliación, ajena al control orgánico que pueden tener los cargos»

    Ambos tenían sus razones, pero no parece descabellado decir a la vista de la desafección social de la política (por supuesto con la enorme incidencia de la corrupción), que la demanda de aires nuevos y pluralidad reclaman fórmulas de este tipo. Pues bien, con las modificaciones del anterior congreso se produce -en una situación insólita e inesperada- la necesaria renovación en el gobierno del PP donde nadie sabe exactamente cuál va a ser la voluntad de la afiliación, ajena al control orgánico que pueden tener los cargos, en una situación con numerosas alternativas.

    Sería no sólo bueno sino que resulta imprescindible el debate sobre el modelo, fines y propuestas que cada candidato compromete al pedir su voto, esperemos que no quede todo en un mero forcejeo en defensa de posiciones e intereses personales, algunos candidatos como Margallo o Soralla ya se han comprometido con las propuestas y su defensa.

    No resulta fácil, por tanto, pronóstico alguno -amén de que los precandidatos se deberán previamente expresar- pero cuesta creer que las dos mujeres en liza, candidatas de experiencia y capacidad contrastada, no hayan medido sus posibilidades al punto de verse ganadoras. Si su análisis es certero y el apuntado por los medios como tercero en discordia, Pablo Casado, no supera el corte, tal vez otorgue su apoyo a Soralla y no a Cospedal, a la que ya rechazó la integración que le propuso.

    «El partido es importante, pero es instrumental, lo verdaderamente importante es el bien común: el interés general de España»

    La no concurrencia del previsible candidato Núñez Feijóo ha producido una situación de cierto orfandad y confusión. Desde luego se producen interrogantes y elementos nuevos como qué efecto tendrán los apoyos a un candidato desde un precandidato que no pasa el corte del día 5 y qué grado de negociaciones y acuerdos se producirán para conseguir tal apoyo. Tampoco se conoce que grado de adhesión a lo pactado tendrán quienes inicialmente votaron a uno y ahora se les pide a quienes resulten ser compromisarios lo hagan en favor de otro.

    Algunos ya han hecho alarde del número de sus avales. Esto me sugiere una triple observación: 1ª.- Mucha gente avala a quien se lo pide porque puede resultarle si no violento sí incomodo negarse. Otra cosa es a quién vote posteriormente. 2º.- Ni el que ha tenido más de estos apoyos tendría posibilidad de prosperar a la segunda ronda, debe buscar más apoyos, y, 3º.- Estas prácticas suponen una cierta relativización del proceso electoral que es donde los candidatos deben plantear propuestas, proyectos y compromisos que seduzcan primero a los afiliados y, segundo, a los compromisarios para que les den su voto y puedan ganar.

    Los candidatos deberían hablar con respeto y convicción del bien común y de las señas de identidad que le dieron al Partido Popular una vitola diferencial de la de otros partidos

    Con todo lo que más preocupa al suscribiente es la situación de confrontación a que se puede llegar. Algún candidato ha declarado ya su defensa del partido, bien está, pero algunos echamos en falta recordar que el partido es importante, pero es instrumental, lo verdaderamente importante es el bien común: el interés general de España. Muchos temen que de razonables y legitimas rivalidades se pase a odios cainitas -justo en el momento en que nuestro país tiene el gobierno más débil de la historia de nuestra democracia- generadores de fracturas que costarán muchos años superar y sanar.

    Ante temibles odios cainitas los candidatos deberían hablar con respeto y convicción del bien común y de las señas de identidad que le dieron al Partido Popular una vitola diferencial de la de otros partidos, con un proyecto político y un compromiso con España. Eso esperan los militantes del PP, también muchos millones de españoles.

    Lo importante son las personas, sin duda, pero lo decisivo es el bien común -lo que se pretende hacer al servicio de los demás- el interés general de nuestra sociedad. Es una importante ocasión para que se evidencie que esta prioridad constituye una realidad y no la sombra que oculta una ambición, una política en minúsculas.

    Comentarios

    Comentarios

    José Eugenio Azpiroz ha sido diputado nacional del PP por Guipúzcoa (1993-2015); portavoz y presidente de la comisión de Trabajo y Seguridad Social; portavoz en Juntas Generales de Guipúzcoa (1987-1996). Presidente del PP del País Vasco y de Guipúzcoa. En la actualidad sigue ejerciendo de abogado (desde 1979), es doctor en Derecho y profesor de Filosofía del Derecho en el Instituto de Estudios Bursátiles adscrito a la Universidad Complutense de Madrid.