Casualidades del terrorismo en España

    Vaya semana de noticias "casuales" sobre terrorismo en España, todas bien imbricadas y con ese olor propio de las cloacas del Estado. Y así seguimos, de casualidad en casualidad, hacia el olvido de la memoria, el pisoteo de la dignidad, el ninguneo de la justicia y el enmascaramiento de la verdad. 

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    El dirigente de ETA Mikel Albizu 'Antza' y un vagón explotado la madrugada del 11 de marzo de 2004.
    El dirigente de ETA Mikel Albizu 'Antza' y un vagón explotado la madrugada del 11 de marzo de 2004.

    Vaya semanita que llevamos en España con noticias supuestamente casuales que tienen que ver con el terrorismo. Casualidades que, como ustedes pueden suponer no son tales, como casi ninguna de las cosas que pasan en esta vida, incluidos esos 5 centímetros más de cintura pasadas las fechas navideñas o las ojeras abisales seis meses después de un estreno en la paternidad.

    Por favor, si tiene una pinza a mano, no tengan empacho en colocársela en la nariz, porque todo lo que viene a continuación es consecuencia de las ponzoñas que se cuecen en las cloacas del Estado.

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    Que ya es coincidencia que se haya avisado de la filtración de la detención de un hombre cuya huella genética coincide con alguna de las que estaban -casualidad o no- en el tristemente famoso piso de Leganés en el que, según los voceros oficiales, se suicidó el pretendido comando islamista que habría perpetrado, según esa versión, los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid.

    ¿Que dónde está la coincidencia? En que pocos días antes, el cloaquero mayor del Reino, el excomisario Villarejo, ha levantado la liebre de los secretos de Estado sobre el 11-M, reclamando la desclasificación de los documentos secretos relacionados con la masacre de los trenes que, también por casualidad, facilitó la llegada al poder de José Luis Rodríguez Zapatero, el muñidor de los pactos con ETA. Pero a esto ya llegaremos, que por ahí siguen las «casualidades».

    No doy un duro por Villarejo, porque no estoy dispuesto a aplaudir, como sí hizo la ministra de Justicia Dolores Delgado, a coro con el juez prevaricador Baltasar Garzón, el sistema de delaciones vaginales ideado por el excomisario.

    Mikel Antza, recientemente liberado, fue pieza clave en los pactos del Gobierno con ETA

    Tampoco doy un duro porque el detenido esté realmente relacionado con el 11-M, ni siquiera con que se haya encontrado el ADN. Pero nadie me quita de la cabeza que ambos hechos están relacionados.

    No ha sido la única coincidencia en estos días.

    También se ha producido la concomitancia de otras dos noticias. Por un lado, el presidente del Gobierno ha pactado con los nacionalistas vascos la cesión de las competencias carcelarias a la Comunidad Autónoma vasca, una reivindicación largamente exigida por quienes han vivido a lo largo de nuestra democracia de recoger las nueces que caían debido a la agitación sangrienta del árbol social y político a cargo de la banda terrorista ETA.

    No es descabellado pensar, en buena lógica, que las excarcelaciones de terroristas de ETA van a seguir sucediéndose -lo que ya es una lástima, puesto que deberían permanecer en prisión hasta el fin de sus días-, pero ahora con mayor celeridad si cabe, bajo el subterfugio de supuestas enfermedades terminales y redenciones de penas cuasi mágicas.

    Y, por supuesto, persistirán los homenajes impunes a sanguinarios terroristas en las calles de las ciudades vascas, tantas veces denunciadas en balde.

    Y seguimos para bingo.

    El indulto a la serpiente y el 11-M

    El exdirigente de ETA, Mikel Albizu, alias Antza, ha sido entregado por las autoridades francesas a España y puesto en libertad, después de cumplir una condena de 20 años en el país galo. Es cierto que Antza no tiene causas pendientes en España, pero no lo es menos que ya es casual que se produzca la circunstancia al tiempo que se ceden las competencias penitenciarias a los que siempre han mirado con buenos ojos a los terroristas.

    Y aquí es donde llegamos al summum de las casualidades. Justo cuando se pretende dar carpetazo definitivo al 11-M, Antza queda en libertad. No se trata de cospiranoias. Me ciño a la conferencia que pronunciara Francisco José Alcaraz bajo el título ‘El indulto a la serpiente‘ el 30 de noviembre de 2006. Han pasado 13 años y nadie le ha desmentido.

    En aquella conferencia, el entonces presidente de la Asociación Víctimas del Terrorismo, luego desalojado a través de personas que se prestaron a hacer el juego cloaquero de Interior en tiempos de Alfredo Pérez Rubalcaba, explicaba cómo el pacto del Gobierno del PSOE con ETA -guardado con celo monástico por los gobiernos del Partido Popular liderados por Mariano Rajoy- estuvo liderado por el propio Mikel Antza.

    Ese pacto estuvo en peligro durante un tiempo, con la desarticulación de la cúpula de la banda en varias ocasiones y la ilegalización de Batasuna, el brazo político no armado de ETA.

    Alcaraz, que no exculpaba ni inculpaba a ninguna banda terrorista de los hechos del 11-M, sí subrayaba que los pactos del PSOE con ETA estaban en peligro y los terroristas necesitaban que el PSOE llegara al Gobierno.

    A principio de marzo de 2004 nadie podía hacer sospechar que el Partido Popular no hubiera revalidado una mayoría suficiente -con o sin pactos- para mantenerse en el poder… hasta que el atentado del 11 de marzo, a pocas horas de la celebración de las elecciones, cambió todo.

    Algo tuvo que pasar para que todo un símbolo como José Antonio Ortega Lara huyera del Partido Popular como no pudo huir de su secuestro

    Se vinculó la masacre con la Guerra de Irak, en la que, cabe recordarlo, no participaron las tropas españolas de forma directa, por mucho que lo repitieran en las galas de los Premios Goya. Ergo, el PP era culpable y había que echarle por las buenas o por las malas.

    García Ferreras y Pablo Iglesias, a escena

    Se rodearon las sedes del Partido Popular, incluso durante la jornada de reflexión, en unos actos de acoso antidemocrático en los que, según se ha contado, tuvo especial protagonismo un entonces ignoto Pablo Iglesias, mandamás de una asociación de ultraizquierda universitaria llamada Contrapoder y hoy líder supremo de Podemos.

    Antonio García Ferreras, entonces director de informativos de la cadena SER, fue el responsable de que Iñaki Gabilondo cacareara a los cuatro vientos aquello de que «tres fuentes de la lucha antiterrorista» les habían confirmado que una de las personas supuestamente suicidas «llevaba tres capas de ropa interior y estaba muy afeitada, una práctica habitual, muy habitual, entre los comandos suicidas islámicos antes de inmolarse» (sic).

    Aún no se conoce rectificación.

    Tampoco parece casualidad que fuera Zapatero el que legalizara por las bravas La Sexta a través de la fusión con Antena 3, desde donde Ferreras imparte doctrina y carnets de demócrata y llama por el apellido a su mujer. Un duopolio Atresmedia-Mediaset que, por otro lado, es absolutamente contrario a la pluralidad informativa.

    En mi nombre ¡no!

    La peor de las «coincidencias» en todo esto, con mucho, fue probablemente que el Partido Popular, al llegar al poder y bajo el mando del Don Tancredo gallego se mimetizó.

    Después de desarrollar una oposición aparentemente dura, el Partido Popular asumió los pactos con ETA, mantuvo en secreto las actas de la negociación y asimiló sin rechistar la versión oficial del 11-M, que no es sino un pantano de manipulaciones que nada ha resuelto. Que algo tuvo que pasar para que todo un símbolo como José Antonio Ortega Lara huyera del Partido Popular como no pudo huir de su secuestro.

    No se olviden de aquello que trascendió del Rey emérito, quien instado por una víctima que expresó su anhelo de conocer la verdad de lo sucedido, expuso con crudeza algo así como «si a mí no me han contado lo del 23F todavía, podéis esperar sentados».

    Y así seguimos, de casualidad en casualidad, hacia el olvido de la memoria, el pisoteo de la dignidad, el ninguneo de la justicia y el enmascaramiento de la verdad.

    En ocasiones, uno piensa que no mereció la pena toda la lucha civil contra la negociación con ETA vistas las tragaderas de unos y otros, incluidas algunas víctimas del terrorismo -disculpen la crudeza si esto escandaliza a alguien poco enterado-. Pero luego me arrepiento cuando salgo a la terraza de casa, veo ondear la bandera y recuerdo mi juramento ante ella, hace más de 10 años. Y en mi mente, resuena aquello que repetíamos con el corazón en la mano: Por ellos, por todos. En mi nombre ¡no!

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    Nicolás de Cárdenas fue inoculado por el virus del periodismo de día, en el colegio, donde cada mañana leía en su puerta que “la verdad os hará libres”. Y de noche, devorando los tebeos de Tintín. Ha arribado en su periplo profesional a puertos periodísticos de papel, internet, televisión así como a asociaciones cívicas. Aspira a morir diciendo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe".