A Celia Mayer se le acaba el tiempo y a Carmena, la paciencia, por cinco razones

    Carmena está a punto de dejarla caer, por el caso titiriteros, la acumulación de pifias, el desgaste de imagen y la crisis interna de la amalgama podemita del Consistorio que amenaza con salpicar a la alcaldesa.

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    La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena y su concejal de Cultura, Celia Mayer / Actuall

    Como el del monarca Baltasar de Babilonia el ‘reino’ de Celia Mayer ha sido pesado en una balanza y será entregado a los persas. Es decir tendrá que irse a su casa. Hablamos de la polémica concejal de Cultura del Consistorio que, como al personaje bíblico del que habla el libro del profeta Daniel, le queda apenas un suspiro para seguir en el cargo.

    Ya circulan apuestas… Esperanza Aguirre se juega cinco euros a que Carmena la destituirá antes del viernes, para no tener que dar explicaciones a los partidos en comisión.

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    Pero no hay una sino cinco razones por las que está a punto de ser defenestrada por la alcaldesa Carmena.

    1. La placa de los carmelitas y otros fiascos acumulados.- Aunque sea el más grave, el ‘caso titiriteros’ es la culminación de una serie de errores, que dejan en evidencia la pésima gestión y escaso rigor de Celia Mayer. Desde la cabalgata de reinas magas hasta la retirada de placas de las calles franquistas.

    Una cosa es quitar una placa a un generalote franquista y otra muy distinta a unos seminaristas de 20 fusilados a sangre fría

    Nadie, ni siquiera la izquierda más ideologizada –como la de Podemos- entiende que se retire una placa a unos frailes que fueron fusilados por razones estrictamente religiosas –por su fe-. Una cosa es quitar a un generalote del franquismo –y aun así el Consistorio cometió pifias como confundir al propagandista Juan Pujol con el espía del mismo nombre-, y otra muy diferente retirar la placa de ocho seminaristas, entre 18 y 23 años, fusilados a sangre fría en el 36, y alguno de ellos rematado cuando estaba moribundo.

    La portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre/Fuente: Ahora Madrid.
    La portavoz del Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre/Fuente: Ahora Madrid.

    Hasta Rita Maestre no ha tenido más remedio que confesar en una entrevista que de lo único que se arrepiente  es de haber quitado la placa de los carmelitas. Aunque también es cierto que lo confiesa a una semana de sentarse en el banquillo por el asalto a la capilla de la Complutense –todo hay que decirlo-.

    1. Enaltecimiento del terrorismo y corrupción de menores.- Pero la carnavalada de Tetuán se lleva la palma. Por entrar directamente en el terreno penal (el enaltecimiento del terrorismo está considerado delito en el art. 578 del Código Penal); y también por lanzar unos mensajes –violaciones de monjas, linchamientos de jueces, incitacion al odio y la violencia- que no parecen adecuados por el público infantil.

    Se podrá discutir la desproporción de la detención de los dos titiriteros, dictada por el juez Moreno de la Audiencia Nacional –a los tres días han sido puestos en libertad-, pero lo que parece meridianamente clara es la responsabilidad política de la concejal encargada de contratar al grupo de titiriteros y supervisar los contenidos. No valen excusas como la de  Rita Maestre: es «ficción pensar que una delegada de Cultura puede ver todas las obras que se reproducen en una ciudad«. ¿No dijo Carmena que se miraba con lupa» todo lo que hace el Ayuntamiento? Los propios titiriteros detenidos corrobaron ante el juez que el Ayuntamiento estaba advertido del contenido «con una violación y un asesinato», tal como consta en e el auto. Como declaró Sheila Michel, una titiritera de otra compañía, a Actuall, «Es imposible que el Ayuntamiento no conociera el contenido de los títeres»

    Cartel exhibido por unos titiriteros en Madrid / Twitter
    Cartel exhibido por unos titiriteros en Madrid / Twitter

    Celia Mayer verá como lo hace, pero si se desliza un contenido de carácter delictivo o que ataca a la infancia en unas fiestas de Carnaval es ella la responsable, va en el sueldo. Se ha humillado a las víctimas del terrorismo y agredido la sensibilidad del público infantil con dinero del contribuyente. Y es ella la que debe dar una explicación al respecto y/o coger la puerta.

    Ni siquiera la propia alcaldesa descartó la dimisión en la rueda de prensa del lunes.

    1. Porque se recrudece la guerra interna en el Consistorio.- El caso Mayer ha reabierto la brecha en el Ayuntamiento, consecuencia de esa lista electoral tutti-frutti, que es Ahora Madrid, con intereses e ideologías nada homogéneas. Por un lado está Carmena, una ex comunista, fundadora de Jueces para la Democracia, que hizo carrera a la sombra del PSOE de Felipe González y que juega un poco a ser un remedo de Tierno Galván, otoño dorado al final de su carrera, con su llegada a la alcaldía. Le apoyan sus dos manos derechas y amigos personales desde hace años Javier Barbero y Marta Higueras.

    Y por otro lado, los concejales integrantes de la candidatura de Ganemos, que son radicales y podemitas, y los de Izquierda Unida, varios de ellos pidieron en una carta que el Ayuntamiento se implique «de forma activa» en la liberación de los titiriteros.

    Esta amalgama ya quedó tocada cuando varios concejales votaron en contra del plan urbanístico en Chamberí para reconvertir un antiguo cuartel militar en pisos de lujo.

    Pero ahora la brecha se ahonda. Los díscolos de Ganemos ya han echado en cara a Carmena «escasa valentía» al no dar la cara por los titiriteros.

    La alcaldesa se ve atrapada en esta guerra intestina. Y una forma de zanjar o al menos de poner un parche, reforzando su autoridad, es defenestrar a Celia Mayer (Ganemos).

    De Rajoy nadie recuerda que evitó el rescate sino Bárcenas, Barberá y su batacazo electoral

    1. Carmena no quiere pasar a la Historia por los carmelitas ni por la carnavalada. El gobernante vive de la imagen y esta se desgasta con asombrosa facilidad. Además, según una ley no escrita de la política, lo que queda para la posteridad siempre es el fiasco, nunca los logros. Dices Nixon y piensas Watergate, nadie se acuerda de la llegada a la Luna; de Rajoy nadie recuerda que evitó el rescate sino Bárcenas, Barberá y su batacazo electoral, por ejemplo. Y el Aznar que ha quedado en la –cruel- memoria colectiva no es el que relanzó la economía y puso en órbita internacional a España sino el gobernante antipático que se hizo la foto de las Azores, y nos puso en el punto de mira de Al Qaeda –que sea verdadero o falso es lo de menos-.

    La alcaldesa no  quiere correr la misma suerte y por eso rectificó con la placa de los carmelitas, y ha llegado  a decir que le parecía un disparate quitar las calles de Santiago Bernabéu, Pedro Muñoz Seca, Salvador Dalí o Josep Pla.

    Y quiere zanjar ahora el caso de los titiriteros con la destitución de Celia Mayer.

    Celia Mayer
    La responsable de Cultura y Deportes del Ayuntamiento de Madrid, Celia Mayer / EFE
    1. Usa a Mayer como cortafuegos, para distanciarse de la imagen radical.- No quiere dar una imagen radical, porque aspira a ser la alcaldesa de todos los madrileños. De hecho, su talante no es provocador como el de Ada Colau, sino conciliador y dialogante, al menos en las formas (otra cosa es el fondo).

    Y por eso le molesta la deriva radical y escandalosa a la que le arrastra los Zapata, los Maestre o los Mayer. Sin renunciar a sus ideales de izquierda, a Carmena le interesa fomentar su imagen solidaria y hasta cuasi-evangélica, con gestos como la cena de caridad a los necesitados haciéndose la foto con el cardenal Osoro.

    Y esa es una razón más para soltar lastre radical, sobre todo cuando ha llegado a un extremo «insostenible» como el de Mayer.

    Es Carmena la que excarceló etarras y la que llama a ETA «movimiento político»

    El problema es que no lo tiene fácil. Porque por mucho que lo niegue, la propia Carmena es la que ha alimentado el monstruo de la radicalidad y el revanchismo.

    Ella fue la que excarceló etarras siendo jueza de vigilancia penitenciaria, la que cortó las ayudas municipales a las víctimas del terrorismo en Madrid, la que llama a ETA «movimiento político», la que –al final de su larga trayectoria- fue aupada al goloso puesto de alcaldesa de la mano de un partido de extrema izquierda y antisistema, auspiciado por una dictadura totalitaria y bananera.

    ¿Qué esperaba? ¿Que los podemitas no la iban a teñir de radicalismo? ¿Pensaba la antigua comunista reconvertida en juez progre que el revanchismo acumulado durante años y reavivado ahora por Podemos no se iba a colar por alguna rendija?

    ¿Creía que no le iba a estallar en las manos tanto depósito acumulado de odio y violencia?

    El juez que detuvo a los titiriteros se ha incautado el manual Contra la democracia de los Grupos Anarquistas Coordinados, los mismos que enviaron artefactos explosivos a La Almudena y al Pilar, y que tienen a la Guardia Civil en el punto de mira.

    Aunque ahora destituya a la concejala, quizá sea demasiado tarde. Ser aprendiz de brujo, es lo que tiene.

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    Nacido en Zaragoza, lleva más de 30 años dándole a las teclas, y espera seguir así en esta vida y en la otra. Estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y se doctoró cum laude por el CEU, ha participado en la fundación de periódicos (como El Mundo) y en la refundación de otros (como La Gaceta), ha dirigido el semanario Época y ha sido contertulio en Intereconomía TV, Telemadrid y 13 TV. Fue fundador y director de Actuall. Es coautor, junto con su mujer Teresa Díez, de los libros Pijama para dos y “Manzana para dos”, best-sellers sobre el matrimonio. Ha publicado libros sobre terrorismo, cine e historia.