La cintura (política) de Cristina Cifuentes y Hillary Clinton

    Resulta pintoresco comparar la diferencia entre Cristina Cifuentes y Hillary Clinton a la hora de encajar la crítica política de la sociedad civil. Cifuentes es una rama seca; Clinton un junco.

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    Hillary Clinton y Cristina Cifuentes han reaccionado de forma muy diversa a sendas iniciativas ciudadanas críticas en plena campaña /Actuall
    Hillary Clinton y Cristina Cifuentes han reaccionado de forma muy diversa a sendas iniciativas ciudadanas críticas en plena campaña /Actuall

    Si no fuera porque Cristina Cifuentes pertenece a un patido político que, según recuerdan -vagamente- los viejos del lugar, solía estar situado a la derecha del espectro sociológico, no es muy difícil encontrar similitudes entre ella y la líder del Partido Demócrata norteamericano, Hillary Clinton.

    Ambas son mujeres con carácter, acostumbradas a dirigir con mano de hierro a sus equipos, capaces de fajarse en las procelosas aguas del debate parlamentario.

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    Cifuentes es una superviviente, en el sentido estricto del término, episodio que le confiere un halo de irreductibilidad sólo comparable al sostenido por el bueno de Obélix, al haber caído de pequeño en la burbujeante marmita de Panorámix.

    También lo es por acabar con la carrera política de Esperanza Aguirre, justo en el momento en que esta podría haber intentado su último asalto a la planta noble de Génova, 13. La primera se le quedó pequeña hace tiempo.

    Hillary también es una superviviente. Pocas mujeres habrían superado, como al parecer ella lo ha hecho, verse expuesta de forma extraordinariamente cruel a todo tipo de burlas y comentarios gracias a su marido, el expresidente Bill Clinton.

    A su marido, decimos, y a la becaria más famosa de la Casa Blanca, Monica Lewinsky, conocida por su afición a la espeleología en el despacho oval.

    Estas dos rubicundas mujeres son, como es obvio, muy diferentes aunque hay otras causas por las que podrían ir de la mano hasta donde sea necesario.

    La principal, su defensa del aborto, que es, entre otras cosas, la muerte cruel y violenta de un especimen de la especie humana único e irrepetible.

    Puestos a hablar de sus diferencias, tal vez una de las más obvias es el grado de tolerancia a la crítica que son capaces de soportar.

    Su histerismo ante quien, como el nino del cuento, proclamaba que la emperatriz Cifuentes estaba desnuda, ha sido laminado con un zasca judicial

    «Si votas Cifuentes, votas aborto»

    Por una campaña ciudadana que recordaba que Cifuentes se había mostrado en multitud de ocasiones partidaria del aborto (‘Si votas Cifuentes, votas aborto’), la ahora presidenta de la Comunidad de Madrid fue capaz de criminalizar a sus impulsores e instar al secuestro de la publicidad y de los vehículos que la portaban.

    Su histerismo ante quien, como el nino del cuento, proclamaba que la emperatriz Cifuentes estaba desnuda, ha sido laminado con un zasca judicial. Nunca es tarde (más de un  año de después) si la dicha es buena.

    Recientemente, el Tribunal Supremo le ha dado la razón a los ciudadanos frente a la censura exclusivista de Cifuentes, que pretendía arrebatar a los ciudadanos su derecho a intervenir en el debate político.

    Probablemente Cifuentes pueda dar por segura una nueva actuación libre de la ciudadanía en la próxima campaña electoral a la que se presente. Aunque le reviente que unos ciudadanos le recuerden a otros que ella es partidaria del aborto.

    Queda patente que la cintura (y la mandíbula) de la clintona está mucho más preparada para la crítica ciudadana

    «Hillary, a la cárcel»

    Hasta donde se nos alcanza, no ha habido ningún movimiento censor desde el entorno de Hillary Clinton contra ninguna campaña ciudadana. Al menos no contra una mucho más agresiva que la realizada por HazteOir.org durante el periodo electoral autonómico de la pasada primavera en España.

    La campaña emprendida contra Hillary Clinton, no es que recordara sus postulados políticos e ideológicos, cuajados de feminismo y bien lubricados con los millones del negocio del aborto a cargo de Planned Parenthood.

    Simplemente, pide que la candidata del Partido Demócrata para suceder a Obama sea enviada a la cárcel. 

    Conste que Hillary Clinton no es precisamente un dechado de virtudes democráticas, como ha quedado demostrado al conocerse que el aparato demócrata puso la zancadilla a Bernie Sanders para favorecer a su rival.

    Pero también queda patente que la cintura (y la mandíbula) de la clintona está mucho más preparada para la crítica ciudadana.

    Cifuentes es una rama seca; Clinton un junco. Al menos a estos efectos.

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    Nicolás de Cárdenas fue inoculado por el virus del periodismo de día, en el colegio, donde cada mañana leía en su puerta que “la verdad os hará libres”. Y de noche, devorando los tebeos de Tintín. Ha arribado en su periplo profesional a puertos periodísticos de papel, internet, televisión así como a asociaciones cívicas. Aspira a morir diciendo: "He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe".