Una mujer protegiéndose de la lluvia.
Una mujer protegiéndose de la lluvia.

En diciembre, los calentólogos oficiales (pagados con su dinero y el mío, amigo lector) nos prepararon para una película de miedo. El calentamiento global iba a hacer que el invierno fuera menos frío de lo habitual. Cada vez más cerca de recuperar el pronóstico de la desaparición de la nieve. En su predicción estacional, el antiguo Instituto Nacional de Meteorología anunció lo siguiente:

“El invierno, que comienza mañana día 21 a las 17:28 hora peninsular, se prevé que sea más cálido de lo normal en toda España, después del otoño más seco en lo que llevamos de siglo y el tercero desde 1965, por detrás de los de 1978 y 1981. En una rueda de prensa para presentar la predicción estacional del invierno, la portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), Ana Casals, ha avanzado que los modelos climatológicos señalan que, en general, en los meses de enero, febrero y marzo los valores estarán entre 1 y 3 grados por encima de la media para la época del año en casi todo el país”.

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¿Y qué ocurrió? La misma Aemet reconoció que el invierno había sido frío, sobre todo febrero, y húmedo:

“La temperatura media del invierno 2017-2018 ha tenido un carácter normal, con 0,3ºC por debajo de la media, y ha sido en húmedo, con una precipitación media un 2% por encima del valor medio del trimestre. Las precipitaciones acumuladas durante la primera quincena de marzo han sido superiores al doble del valor normal del total del mes de marzo”.

La primavera pasada ha sido en España la más lluviosa desde 1965. Y, sorpresa, es lo que suele pasar en primavera, que llueve más que el resto del año.

Para esa primavera, la Aemet anunció en la misma nota de prensa: “temperaturas algo por encima de lo normal en la mitad sur de la Península y en Baleares y con precipitaciones que quedarían por debajo de lo habitual en el suroeste peninsular y en Canarias”.

¿Y cuál fue la realidad, esa mala pécora? Acudamos a la nota de la Aemet de 21 de junio:

“La primavera 2018 ha tenido un carácter frío, y extremadamente húmedo. Con una precipitación media sobre España de 317 mm, se puede afirmar con los datos disponibles hasta ahora que esta primavera ha sido la más lluviosa de toda la serie desde 1965, seguida de la primavera del año 1971 en que la precipitación fue de 313 mm y de la del año 2013 con 288 mm”.

¡Hala, la primavera más lluviosa desde hace más de medio siglo!

A nadie le conviene decir que el invierno va a ser frío y la primavera lluviosa porque se quedan todos sin subvenciones

¿Y cómo realiza la Aemet estos pronósticos que no valen el papel en el que se escriben? Ella misma lo dice: “La predicción estacional se realiza en AEMET por consenso utilizando diversos modelos”.

Ay, el consenso, que a mí me suena a sinónimo de chanchullo o negocio. Los políticos o los meteorólogos forman unas pandillas y luego, les piden opiniones a éstas sobre lo que creen que va a ocurrir con el tiempo atmosférico. Se da una escala de 1 a 10, o de seco a lluvioso, se piden a los escogidos que marquen las casillas, se suman y magia potagia. Así nace el consenso. A nadie le interesa decir que la primavera va a ser húmeda y lluviosa, porque eso supone volcar la mesa en la que todos están comiendo.

También por consenso se elaboran informes de la CIA, esa agencia tan respetable ahora para los progres: probabilidades de que en Irak haya armas de destrucción masiva. “Pon un 80%, John”. “¿Y por qué no un 85%, Bob? Los números redondos son menos creíbles. Lo leí en un informe de la RAND Corporation sobre psicología de masas”. “De acuerdo, pon lo que quieras y vámonos a la bolera”.

La Aemet elabora sus predicciones con el consenso de los que saben, el mismo método que usaba la CIA para concluir que tal país era un peligro

Estaría bien conocer esos modelos, sus autores y sus formas de elaborarse.

Por favor, señores y señoras de la Aemet, dejen de hacer el ridículo, terminen con sus pronósticos “por consenso” y limítense a predicciones para dos o tres semanas. Entre los fiascos más escandalosos de los ‘calentólogos’, aparte de la desaparición de la nieve y el desecado del Ebro, está la afirmación de que el cambio climático haría aumentar los huracanes. Y desde el Katrina (2005), que fue el chollo de los alarmistas, la tendencia ha sido a que haya menos de ellos. Recuérdelo cuando este verano las televisiones traten de venderle la burra de los huracanes como consecuencia del cambio climático.

Por cierto, este verano no está siendo tan caluroso como otros años… A ver qué nos cuenta la Aemet en septiembre. (Sí, tiene razón, amigo lector, en vez de clima debí poner tiempo en el titular, pero es que así quedaba mejor).

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Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).