Conflicto cultural y religioso en Córcega

    La tensión que se vive en Francia contra el mundo musulmán se desató en parte en Córcega la pasada Navidad. Un conflicto de difícil solución.

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    Manifestantes se enfrentan a la policía durante una protesta vinculada con la cumbre del clima en la plaza de la República de París, Francia. /EFE/ IAN LANGSDON

    La violencia ha estallado en la capital de Córcega, Ajaccio. Según numerosas informaciones, la noche del jueves al viernes, esta Nochebuena, se produjo un asalto que sufrieron dos bomberos y un policía en la ciudad. Los oficiales fueron “emboscados” en el barrio de Jardins de L’Empereur por “varios jovenes encapuchados”, que les lanzaban los siguientes mensajes: “Iros, sucios corsos. Este no es vuestro hogar”.

    Este primer acto de violencia rompió el freno moral que sujetaba un conflicto larvado durante tiempo. El viernes, el día de Navidad, se convocó una manifestación frente a la prefectura en señal de protesta por los actos de violencia del día anterior, a la que acudieron centenar y medio de personas, según la institución armada. Pero una parte de los manifestantes no se quedó en eso. Se dirigieron a la casa en la que se habían producido los hechos violentos, y lanzaban los siguientes mensajes en corso: “Árabes fuera de aquí”, y “Este es nuestro hogar”, en respuesta a lo que tuvieron que escuchar los agentes agredidos. Cuando llegaron, se trataba de unas 600 personas, según la Policía corsa.

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    Cerca del lugar había un local de rezo musulmán. Unos cuantos se dirigieron al mismo, rompieron su puerta de cristal y se adentraron en él, violentamente. Lanzaron por las ventanas, rotas también, medio centenar de libros sagrados y quemaron al menos dos ejemplares del Corán. Según Anouar Kbibech, presidente del Consejo Francés para la Fé Musulmana, fueron “varios” los ejemplares quemados.

    El viernes se celebraba la festividad del nacimiento del Profeta Mahoma, que este año coinciden

    Kbibech ha mostrado su consternación por esta reacción violenta, mientras que el rector de la Gran Mezquita de París, Dalil Boubakeur, ha declarado sentirse “conmocionado y apenado” por los mismos hechos. Además de la Navidad, el viernes se celebraba la festividad del nacimiento del Profeta Mahoma, que este año coinciden.

    También ha habido una reacción oficial, como no podía ser de otro modo. El ministro del Interior, Bernard Mirmand, los ha denunciado como muestras intolerables de “racismo y xenofobia”. El primer ministro, Manuel Valls, ha escrito en un tuit: “Córcega: Tras el intolerable asalto a los bomberos, una inaceptable profanación de un lugar de oración musulmana. Respeto a la ley republicana”.

    El alcalde de Ajaccio, Laurent Marcangelli, de la formación de Sarkozy, ha declarado: “He visto crecer la tensión en los últimos meses. Hacía falta muy poco para desatar la violencia”.

    También han tenido voz los corsos que se manifestaban frente a la Policía. En declaraciones a un medio de comunicación, uno de ellos ha dicho: “No hay seguridad en las zonas pobres. La Policía no actúa. Sigue abandonándonos, por lo que tenemos que resolver los problemas por nosotros mismos. Nos llaman racistas, fascistas y extremistas.

    Pero la cuestión no somos nosotros. Defendemos nuestra tierra. No queremos más canallas en Córcega”. Otra corsa reaccionaba ante las cámaras, diciendo: “Estoy feliz de que estas manifestaciones hayan tenido lugar. Antes, tenía miedo de entrar en esas áreas. Pero ahora estoy contenta de que se nos escuche. Las protestas tendrían que estar mejor organizadas; no deberían ser motivo para nuevas muestras de violencia”.

    Los actos de violencia y el rechazo a la presencia de la comunidad musulmana denotan un odio que nada tiene que ver con los valores republicanos. Los mensajes de quienes simplemente salían a la calle tenían otro cariz: “No somos rufianes; no somos racistas”, o “luchamos contra los parásitos, no contra los árabes”.

    Antes de los atentados de Charlie Hebdo, se quemó la bandera de Francia de un colegio de la zona, y se izó en su lugar la de Marruecos

    Las palabras de quienes dicen que no pueden pasar por ese barrio apuntan a un fenómeno que ocurre en algunas zonas de Francia: zonas en las que las comunidades musulmanas han logrado cerrarse, e incluso impedir el trabajo, cuando no el acceso, de las fuerzas del orden. En enero de este año, antes de los atentados de Charlie Hebdo, se quemó la bandera de Francia de un colegio de la zona, y se izó en su lugar la de Marruecos. Toda una declaración de intenciones.

    El International Business Times cita a Emmanuel Martin, director del Instituto de Estudios Económicos en Europa, quien señala a los altos niveles de paro como uno de los detonantes de la situación, pero apunta, en concreto, a una “falta de integración económica que lleva a los problemas de integración social”. El mercado une a las diferentes comunidades. Pero aquí se produce una cierta ruptura, pues las relaciones comerciales de les Jardins de l’Empereur con el resto de la ciudad no son intensas. Se trata de viviendas subvencionadas, de una economía de asistencia, carente de oportunidades, que probablemente haya exacerbado los conflictos culturales.

    El nacionalismo corso se ha alimentado, en parte, por la impaciencia de la poblacion hacia la política francesa respecto de la poblacion musulmana. En la isla mediterránea hay una importante presencia de comunidades de origen marroquí. El partido Por Córcega ha ganado las elecciones celebradas el 22 de diciembre, con un mensaje que habla, a un tiempo, de cierre de las fronteras ante la inmigración y de ruptura con Francia. Para evitar que se le vincule con los actos violentos, el líder nacionalista Jean-Guy Talamoni ha dicho que éstos son votantes del Frente Nacional. El partido de Marine Le Pen, por su parte, ha condenado el asalto al centro de culto musulmán.

    Boubakeur señala que este es un momento de oración para musulmanes y cristianos. También es un momento de reflexión, no sólo para ellos, sino para el conjunto de la sociedad francesa, que ha fracasado en la integración de quienes han ido al Hexágono a vivir, o incluso de quienes llevan dos o tres generaciones allí.

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    José Carlos Rodríguez es periodista. Forma parte del equipo de ProducciONE, pero en otra vida ha sido redactor jefe de Internacional de La Gaceta, y ha trabajado en la prensa digital en medios como Factual.es, elimparcial.es y libertaddigital.com. También ha colaborado con el semanario Alba, Expresión Económica, La Ilustración Liberal, La Gaceta de los Negocios o la agencia APIE, entre otros.