Niños de diferentes razas juegan en buena sintonía.
Niños de diferentes razas juegan en buena sintonía.

El pasado domingo, un profesor de derecho de la Universidad Yeshiva llamado Ekow N. Yankah, publicó una tribuna en el New York Times en la que se preguntaba: ¿Pueden mi hijos ser amigos de personas blancas?”

El profesor Yankah narra cómo tuvo que explicar a su hijo los sucesos de Charlottesville el pasado verano con la siguiente afirmación: “Algunas personas odian a otros simplemente porque son diferentes”. Aseveración a la que el niño, en su inocencia, respondió: “Pero yo no soy diferente”. 

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Yankah asegura que, tras la victoria de Trump, se verá en la obligación de enseñarles “a ser cautos” y “mucho antes de lo que hubiera pensado, tendré que discutir con mis chicos si ellos pueden realmente ser amigos de personas blancas”.

Más adelante en su razonamiento, insiste: “Le enseñaré a mis amigos a tener profundas dudas sobre si es posible la amistad con personas blancas”.

“Yankah basa parte de su argumento en las agresiones de policías blancos a ciudadanos negros sin mencionar que mueren más blancos a manos de policías que ciudadanos afroamericanos en los EE.UU”

Si bien es cierto que el profesor expresa su pesar por sentir de esta manera y que concluye su exposición con el deseo de poder ofrecer a sus hijos una respuesta más esperanzadora en el futuro, no es menos cierto que entronca con la hegemonía de lo políticamente correcto.

Se puede entender que una persona negra, afroamericana o de color -escoja el término que mejor se le acomode- tenga reservas respecto a determinadas personas cuando han agredido a otras por razón del color de su piel.

Pero Yankah basa parte de su argumento en las agresiones de policías blancos a ciudadanos negros sin mencionar que mueren más blancos a manos de policías que ciudadanos afroamericanos en los EE.UU.

Tampoco menciona Yankah que si hay una institución que resulta mortífera para los ciudadanos negros en los Estados Unidos esa es la potente organización de la industria del aborto Planned Parenthood.

Según el activista provida Ryan Scott Bomberger -de color para más señas- la multinacional del aborto elimina 266 personas negras al día en los Estados Unidos. 

Pese a estas evidencias, no parece que Ekow N. Yankah vaya a publicar en las próximas semanas un nuevo artículo en el que se pregunte si sus hijos pueden confiar en una empresa como Planned Parenthood.

La denuncia de Yankah, con la parte de razón que le asista, está viciada por una ambiente político, social y cultural que es capaz de censurar un libro como ‘Matar a un ruiseñor’ por utilizar la palabra nigger en un contexto en el que era de uso corriente o de vetar ‘Las aventuras de Huckelberry Finn’ por motivos análogos.

Escena de 'Lo que el viento se llevó'.
Escena de ‘Lo que el viento se llevó’.

La misma corriente de pensamiento políticamente correcto llevó a un cine en Memphis a prohibir la proyección de ‘Lo que el viento se llevó’, la película más taquillera de la historia porque según alegaban, “como organización cuya misión es entretener, educar e iluminar a las comunidades a las que sirve, el Orpheum no puede mostrar una película que sea insensible a un gran segmento de su población local”.

No importa que en 1989 fuera considerada “cultural, histórica y estéticamente significativa” por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y seleccionada para su preservación en el National Film Registry. Ni que Hattie McDaniels, con su impagable papel de ‘Mami’ lograra el primer Oscar para una actriz negra.

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Castellano de la Mancha, estudió Letras y Ciencias Políticas, pero se gana la vida como periodista, escritor, gastrónomo y espectador del paisaje y del paisanaje. Colaborador de Actuall.