El corrupto, nuevo ‘preso político’

    Los jueces están descabezando oligarquías políticas que han saqueado durante décadas los países. Los encarcelados y sus partidarios se defienden diciendo que son presos políticos. Como si en vez de vivir en España o Argentina viviesen en Venezuela.

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    Carles Puigdemont (expresidente de la Generalitat) y Oriol Junqueras (exvicepresidente de la Generalitat).
    Carles Puigdemont (expresidente de la Generalitat) y Oriol Junqueras (exvicepresidente de la Generalitat).

    En Argentina han entrado en la cárcel Julio de Vido, quien fue ministro de Planificación Federal e Inversión Pública entre 2003 y 2015, y Amado Boudou, vicepresidente de Cristina Fernández entre 2011 y 2015. La jefa de ambos puede ser detenida en cualquier día.

    La investigación de los sobornos abonados por la constructora brasileña Odebrecht en Iberoamérica están conduciendo a los tribunales a Lula da Silva (ya condenado a nueve años de cárcel) y a Ollanta Humala y su esposa (ambos condenados a prisión provisional).

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    Lula da Silva, exmandatario de Brasil.

    Otro antiguo matrimonio presidencial peruano, Alejandro Toledo y Eliane Karp, investigado por el Caso Ecoteva, está en fuga y captura.

    Otto Pérez Molina tuvo que dimitir de la presidencia de Guatemala y cumple condena por lavado de dinero. Francisco Flores, que fue presidente de El Salvador, murió en 2016 mientras se le investigaba por peculado, lavado de dinero y enriquecimiento ilícito.

    Y podemos citar los sobornos de petróleo repartidos por Hugo Chávez en España y las Américas.

    Los sobornos del catalanismo

    En España, varios dirigentes del catalanismo han sido enviados a prisión incondicional por una juez que les investiga por delitos de rebelión, sedición y malversación de fondos.

    Poco a poco se desvela, gracias sobre todo a la querella planteada por el partido VOX en febrero pasado, el tinglado montado por la Generalidad catalana para trasvasar fondos públicos asignados en Presupuestos Generales a una finalidad concreta a sus planes para montar un Estado paralelo.

    También se van conociendo las subvenciones de las que se benefician medios de comunicación y empresas de los caciques catalanistas, como los más de 12 millones de euros recibidos entre 2008 y 2014 por la editora de un periódico que dirige la esposa del destituido y huido Carles Puigdemont.

    Los pueblos parecen hartos de la impotente y resignada excusa de “Roba, sí, pero hace”

    La reacción de los procesados y condenados es asegurar que sufren una persecución por parte de sus rivales políticos. Algunos se comparan con ‘presos políticos’. ¡Como si las Damas de Blanca apaleadas por los matones castristas juntaran entre todas una mínima parte del dinero robado por ellos!

    ¿Estamos ante un cambio social definitivo, un momento en que los pueblos parecen hartos de la impotente y resignada excusa de “Roba, sí, pero hace”?

    Lamento decir que no lo creo.

    La corrupción, atributo del ser humano

    Porque la corrupción, como tantos vicios, forma parte de la condición humana. Pero se agrava en nuestros tiempos con la erradicación de conceptos que la frenaban o al menos la desprestigiaban: el reproche moral contenido en la religión y la condena de la sociedad.

    Luis Bárcenas, extesorero del Partido Popular/Fuente:EFE

    En el siglo XIX, muchos burgueses iban a la ópera no porque les gustase, sino porque se consideraba de buen tono o para lucir su dinero o para codearse con sus admirados. Pero al menos se sometían a unos criterios de buen gusto y de belleza que hoy han desaparecido de la escena pública.

    Por otro lado, vivimos en democracias. Y entre las contradicciones de la democracia destaca la de que “es el régimen político donde el ciudadano confía los intereses públicos a quienes no confiaría jamás sus intereses privados” (Gómez Dávila).

    Las campañas electorales y los partidos cuestan cientos de millones de dólares o de euros. Y ese dineral sólo lo tienen unos pocos, que lo dan a quienes les aseguran unos retornos y unos beneficios.

    Obama reconoció que para financiar su carrera política tuvo que aceptar la financiación de lobbies y grupos de presión, aunque, añade, escogió los que estaban de acuerdo con sus ideas.

    Hillary Clinton recurrió al hoy repudiado Harvey Weinstein para recaudar fondos. Y Trump se pagó la suya gracias a su fortuna y a que los medios le dieron publicidad gratuita.

    Las campañas electorales y los partidos políticos cuestan cientos de millones de dólares o euros

    La corrupción, que se concentra en la cúpula en los regímenes monárquicos o aristocráticos (como el duque de Lerma o los whigs ingleses), en las democracias debe extenderse para recoger los votos necesarios para ganar las elecciones: subsidios, pensiones, obras públicas, regalos…

    El expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González / EFE

    Además, cuando los partidos expulsan de sí a los mejores y los sustituyen por los pelotas o los incompetentes, la corrupción, azuzada por la envidia y la avaricia, ya no tiene límites, tanto más cuanto hoy los Estados controlan en torno a la mitad de la riqueza de las naciones.

    Una partitocracia destruida, unos tribunales independientes y unos ciudadanos desconfiados pueden reducir la corrupción. Pero en los cimientos de esa sociedad deben estar los viejos principios cristianos y el concepto del servicio público, que tienen que sustituir la consigna del Estado como botín. De lo contrario, todo esto consistirá sólo en cambiar unas piezas por otras hasta que vuelva a empezar otra partida.

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    Cuando me digo por las mañanas que el periodismo es lo más importante, me entra la risa. Trato de tomarme la vida con buen humor y con ironía, porque tengo motivos para estar muy agradecido. Por eso he escrito un par de libros con mucha guasa: Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, que provocó una interpelación en el Congreso por parte del PNV, y Diccionario para entender a Rodríguez el Progre. Mi último libro es 'Eternamente Franco' (Homo Legens).