Andrés Manuel López Obrador, es el presidente del Movimiento Regeneración Nacional (Morena).
Andrés Manuel López Obrador, presidente de México y del Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

La gráfica es muy similar. Hace seis años: Andrés Manuel López Obrador llevaba 10 puntos de ventaja a Enrique Peña Nieto en las encuestas.

En las votaciones, la realidad cambió. López Obrador volvió a perder, como había sucedido seis años atrás.

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Ahora, en su tercer intento por llegar a la Presidencia, López Obrador vuelve a aparecer con una ventaja de 2 a 1 sobre su adversario más cercano.

A diferencia de hace doce y seis años, hoy existe una percepción de su triunfo y eso tiene al país encrispado y en una incertidumbre generalizada.

México vivió 71 años bajo un régimen singular priista, al cual observadores como Mario Vargas Llosa llamó la “dictadura perfecta” y el sandinista Jaime Wheelock le agregó el calificativo de “ejemplar”. Era un sistema basado en el poder presidencial casi omnímodo, donde la corrupción era el aceite para solucionar casi todo y a los opositores se les cooptaba o gradualmente se les reprimía, incluso hasta matarlos.

Quienes disfrutaban de ese poder eran una serie de grupos, llamada “la familia revolucionaria”, quienes idearon un partido desde el poder para mantener el poder: ése es el PRI.

La frustración y la mala percepción del gobierno del panista Felipe Calderón causó tanto malestar que el voto favoreció al priismo en la persona de Enrique Peña Nieto.

Hace 30 años, en 1988, se fracturaron en dos grupos, a grandes rasgos los neoliberales y los populistas, quienes formaron otro partido, el Partido de la Revolución Democrática, el PRD.

Cuando se da la alternancia, en el año dos mil, la esperanza ciudadana favorece al Partido Acción Nacional (PAN), cuyos postulados en el papel se basan en el humanismo cristiano y México entra a una alternancia y con la expectativa de una transición.

Doce años después, la frustración y la mala percepción del gobierno del panista Felipe Calderón, principalmente por la violencia desatada por la lucha armada contra los grupos del narcotráfico causa tanto malestar que el voto favorece al priismo, en la persona de Enrique Peña Nieto.

El ADN priista de corrupción y el fracaso absoluto en materia de inseguridad vuelven a frustrar e irritar a los mexicanos. Baste un dato para ilustrar. Según la Armada de México durante el sexenio de Calderón hubo 106 mil muertos, producto de la lucha contra el narcotráfico y en el de Peña Nieto ya van 137 mil. Y faltan seis meses aún.

Frente al desencanto y enojo de la gente por los gobiernos del PAN y PRI, la opción de Andrés Manuel López Obrador ha emergido por default, no solo entre los barrios populares, también en las regiones de la clase media.

López Obrador se mantuvo durante doce años como opositor a esos gobiernos y se dedicó a recorrer el país, municipio por municipio. El dice que le dio dos vueltas a México. No trabajó en ningún lado, se supone que los legisladores federales del PRD le donaban parte de su salario, así que no ha pagado impuestos.

Fundó un partido, Movimiento de Regeneración Nacional (Morena, sí como la Virgen Morena, la Virgen de Guadalupe) al cual se le han destinado legalmente unos 3 mil millones de pesos.

López Obrador no es un personaje antisistema como muchos lo quieren comparar. Toda la fuerza de su agrupación depende del poder personal, es un caudillo.

Es decir, López Obrador no es un personaje antisistema como muchos lo quieren comparar, no es un hombre del sistema. Toda la fuerza de su agrupación depende del poder personal, es un caudillo; todas las decisiones las toma él; su manejo económico es obscuro.

En un solo discurso en un mitin es capaz de acumular decenas de promesas, desde bajar el precio de la gasolina; meter a la cárcel a los corruptos; dar subsidios de 2.000 pesos a todos los jóvenes, subir los salarios por decretos, ectétera, etcétera. Claro, nunca dice cómo lo hará.

Ese hartazgo ha generado un ambiente para la preferencia de personajes no solo como López Obrador; hay un futbolista, Cuauhtémoc Blanco, cuyas limitaciones política son proverbiales y que está enfilado a ser gobernador; un líder sindical cuyos agremiados lo acusan de haberles robado 55 millones de dólares, Napoleón Gómez Urrutia; y una mujer, Nestora Salgado, bajo proceso judicial por haber violentado derechos humanos, torturado y extorsionado a varias personas.

Todos ellos van en la misma coalición junto con López Obrador.

Envalentonado porque todas las encuestas lo colocan como puntero, descalifica a sus adversarios, amenaza. Por ejemplo, a los empresarios les llama “minoría rapaz”; se asume como Robin Hood, dice que va a bajar los salarios de quienes más ganan, porque va a aumentar los ingresos de quienes menos ganan.

Todos los estudios demoscópicos coinciden en una sola cosa: el PRI será derrotado, seré echado del poder. Del tamaño de la votación dependerá su supervivencia

Ese lenguaje de lucha de clases y la sensación de triunfo ha encendido a sus seguidores quienes solo descalifican y agreden, no hay disposición ni capacidad de razonamiento, hay adoctrinamiento y lealtad al redentor. Eso sucede en las familias, en la calle, en las redes digitales, en los medios.

Pero eso ha tenido respuesta. Los dueños de los grandes consorcios empresariales emiten cartas a sus empleados pidiéndoles abiertamente que voten contra el populismo; la promoción del voto útil es más intensa; los medios se alinean a favor de un candidato oficial que sigue estancado en un lejano tercer sitio.

Las votaciones serán el 1 de julio, están en juego poco más de 3.400 puestos de elección popular de todos los niveles, en todo el país y en ese ambiente de crispación son contados los observadores se han aventurado a apostar por un escenario de los resultados.

Todos los estudios demoscópicos coinciden en una sola cosa: el PRI será derrotado, seré echado del poder. Del tamaño de la votación dependerá su supervivencia.

El dilema es si López Obrador ganará esta vez o, si como las dos ocasiones anteriores, polarizará y perderá en las últimas semanas.

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Es periodista, egresado de la escuela Carlos Septién García. Tiene diplomados en Periodismo por la Pontificia Universidad Católica de Chile; en Comunicación y Desarrollo Humano, por la Universidad Panamericana; en Periodismo Político por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla y en Inteligencia Estratégica por la Universidad Juárez del Estado de Durango, así como en Seguridad Nacional por el Colegio de la Defensa Nacional. Ha trabajado en Grupo Reforma y la agencia de noticias Notimex. Es autor de varios libros, entre ellos, 'Sangre de Mayo. El homicidio del Cardenal Posadas', en coautoría de Alberto Villasana. Es consultor, colaborador del diario Mural en Guadalajara y editor del servicio de análisis Mochila Política.