Cruda realidad / Aznar y el Partido que no cree en la derecha

    Vuelve el hombre. Nos referimos, claro, al ex presidente José María Aznar, que desde FAES, ya formalmente desvinculada del Partido Popular, ha puesto a sus compañeros de partido como chupa de dómine.

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    soraya aznar
    La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Saénz de Santamaría y el ex presidente José María Aznar

    A don José María le ha sacado de sus casillas el mensaje de Soraya Sáenz de Santamaría, pidiendo perdón en nombre del partido por haber mostrado una escasa sensibilidad con respecto a la ‘cuestión catalana’.

    Y se le ha calentado la boca, que ya total el hombre no tiene nada que perder, y se despacha a gusto.Los ex presidentes son siempre para su propio partido como ese pariente que nos avergüenza delante de las visitas. Una cruz, sí, pero no estaría bien encerrarle en el asilo.

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    Ha llamado ‘acomplejado’ al PP, lo que no entiendo que haya escandalizado a nadie, porque es como llamarle «no muy alto» al llorado Torrebruno.

    Sinceramente, que el hombre que confesaba hablar catalán en la intimidad -¿qué hace un tipo de Valladolid hablando en catalán en casa?- cuando cortejaba a Pujol y que tenía a Azaña como referente político se las dé de sietemachos me deja bastante fría, la verdad.

    Pero me consta que muchos de mis lectores (dos de los tres) son o han sido votantes del Partido Popular, y es indudable que las palabras de Aznar resuenan en muchos.

    La deriva ‘progresista’, hacia la izquierda, del Partido Popular, que no se ha detenido un solo momento desde que era Alianza Popular, se ha acelerado últimamente de un modo tan alarmante que parecen decididos a dejar al PSOE a su derecha.

     Es broma. El PP nunca adelantará en nada al PSOE porque va siempre detrás recogiendo y atesorando sus locuras y haciéndolas pasar por respetables.

    El PP no es de derechas. Ni de izquierdas. El Partido Popular es el partido nihilista por antonomasia

    Porque la realidad, ay, es que el Partido Popular no es de derechas. Ni de izquierdas. El Partido Popular es el partido nihilista por antonomasia.

    El PSOE transige y vacila y juega en unos casos a la revolución y otras, al sistema; ora es responsable, ora amenaza con echarse al monte. Sus iniciativas, cuando las tiene, son las esperables de la democracia enloquecida que domina Occidente y que lo está devorando.

    Pero, al menos, parece creer en algo. O, si creer es una palabra demasiado fuerte, defender. Una vaga línea, unos difusos principios, algo.

     El PP, en cambio, no cree en nada en absoluto. Está a favor o en contra de las mismas cosas, y lo está apasionadamente. Es, por explicarnos, tan entusiasta partidario del matrimonio entre personas del mismo sexo -si me excusan la contradicción en los términos- como fue su acérrimo contradictor, y pasa sin que se le mueva un músculo de participar sus más destacados miembros en marchas provida como a declarar por boca de Celia Villalobos que si se está en contra del aborto no se puede ser del PP.

    Es poco plausible achacar estos cambios acelerados a las veleidades de la política, de la que son parte esencial e inevitable, porque no hay siquiera el amago de una transicion en el pensamiento, de una duda. No, no se engañen, que bastante les han engañado: el PP no cree en la ideología de género, si eso les consuela, porque el PP no cree en nada.

    Da la sensación de que fueran administradores vocacionales, que tanto les da administrar el Paraíso como el Infierno, con tal de estar en la pomada. Pero tampoco el oportunismo agota su curiosa psicología.

    En cada gesto traicionan el convencimiento de que no ser legítimos, aunque arrasen en las urnas, aunque parezca que España se ha hartado de izquierda y pida un pase por la derecha.

    Da igual: podrán traicionar a sus votantes, pero nunca a su rival, al que envidian en secreto, como el empollón de clase, formalito y estudioso, envidia secretamente al gamberro popular que se las lleva a todas de calle aunque no apruebe una asignatura ni por casualidad.

    Naturalmente, en el Partido Popular hay gente, mucha, que no es así, gente con principios, que entró en el partido porque creía coincidir con la idea que los ‘populares’, en origen, presentaban de España.

    Son estos los que se remueven incómodos, dejan en ocasiones -las menos- las filas populares musitando un orteguiano «no es esto, no es esto» o, las más, confían en cambiarlo ‘desde dentro’, que digo yo que después de décadas de intentarlo y salir escaldados deberían haber advertido que no funciona.

     El Partido Popular, y esta es una opinión que me enajenará lectores, no solo no es un partido de derechas, sino que existe precisamente para que no surja un verdadero partido de derechas.

    Mientras exista el PP la progresía puede estar tranquila, en la seguridad de que el país seguirá avanzando hacia la destrucción de la familia

    Mientras exista el PP, la progresía española puede estar tranquila, en la seguridad de que el país seguirá avanzando hacia los objetivos de destrucción de la familia, obliteración de las tradiciones y desaparición completa del cristianismo residual del discurso público.

    El votante de derechas volverá siempre a votarle, por mucho que despotrique, porque no hacerlo es «tirar el voto» y «dar votos a los otros, que son peores». Y nuestra maravillosa ley electoral les favorece en esa empresa.

    Si a alguno de ustedes se les ocurre una estrategia más astuta para evitar que España tenga un partido de derechas, estoy deseando oírla.

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