Esteban González Pons y Beata Syzlo/Actuall.

Polonia ha cruzado la línea, y a la Unión Europea se le acaba su santa paciencia. Acaba de aprobar una reforma que, en palabras de Manfred Weber, el alemán líder del Partido Popular Europeo, “pone fin al Estado de Derecho y a la democracia en Polonia y la aleja de los valores europeos” y que debería llevar a que la Comisión “tomara medidas contra el Gobierno polaco”.

Para aclararles un poco, ese Gobierno polaco que debe ser castigado por antidemocrático ha sido elegido en las urnas, nacido de un Parlamento en el que no hay un solo escaño de izquierdas por libérrima voluntad del pueblo polaco.

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Y esa Comisión Europea encargada de castigarles es un organismo con poderes omnímodos sobre su vida (sí, la suya, la de usted) cuyo presidente, se lo puedo asegurar, usted no ha votado jamás, como no lo ha hecho ningún electorado.

Pero Polonia, quién lo duda, es culpable. La reforma elimina el organismo que elige a los jueces, el equivalente a nuestro Consejo General del Poder Judicial, con lo que deja la judicatura en la práctica en manos de los políticos, no como si existiese ese órgano intermedio que, bueno, eligen los políticos. Han pecado contra la separación de poderes, y eso no tiene perdón.

Polonia debería aprender de España y de su impecable independencia judicial

Ya, ya sé que no se hundió el mundo ni tuvo consecuencias políticas cuando el número dos del PSOE entonces gobernante, Alfonso Guerra, dijo que Montesquieu estaba muerto, dando entender que con él yacía dicha separación de poderes.

Pero don Alfonso es andaluz, y esas cosas hay que decirlas con gracia para que tengan un pase. Y estar “en el lado correcto de la Historia” también ayuda.

Alfonso Guerra (1940) Con 20 años entró en las Juventudes Socialistas y con 22 años en el PSOE.

Que no, vaya, que no tiene pase esto de Polonia, politizar la Justicia. Deberían aprender de España y su impecable independencia judicial. Su división de poderes, en general.

Vale, es cierto que un partido con mayoría absoluta en el Parlamento (Legislativo) elige al Gobierno (Ejecutivo) y a la mayoría del CGPJ del que hablábamos arriba (Judicial), de modo que los partidos negocian poner a “mis” jueces sobre “tus” jueces con tal descaro que deberían llevar el logo del partido sobre la toga.

Pero, al menos, se salvan las formas, como en las buenas familias victorianas.

Así que no me pidan hoy que defienda a Polonia, porque su caso es indefensible.

Y no me vale que se alegue que han salido de una terrible dictadura comunista –no especialmente entusiasta de la separación de poderes- que, lógicamente, nombró a muchos jueces aún en activo que no hacen más que usar sus cargos para poner palos en las ruedas de la acción gubernativa. Sencillamente, no hay excusa.

Miren a Estados Unidos. Allí la separación es espectacular. Los miembros del Tribunal Supremo son vitalicios y no responden ante nadie.

Polonia debería aceptar un estamento judicial tan independiente como ése que se ha empeñado en que Charlie Gard tiene que morir

Tanto así que han sido los verdaderos autores del cambio social, ‘descubriendo’ mágicamente entre los pliegos de la Constitución derechos tan improbables como el aborto o el matrimonio homosexual, imponiéndolos sin ese rollo de urnas, campaña electoral y demás parafernalia, que solo sirve para gastar dinero.

Así que Polonia tiene que ceder o largarse del Club de los Puros; dejar la Unión o aceptar un estamento judicial tan libre, tan independiente, tan ajeno a las corrientes ideológicas o las presiones de las modas del pensar como ese que se ha empeñado en que Charlie Gard tiene que morir antes de cumplir su primer año de vida.

Lo primero son las formas. Y la independencia, claro.

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