Cruda realidad / El Nobel que Trump merece y nunca tendrá

    El estúpido, bravucón y descerebrado Trump al que odiáis tan minuciosamente, ha logrado lo que ningún presidente desde Eisenhower.

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    Donald Trump ha conseguido lo que nadie ha hecho en más de medio siglo: propiciar la paz entre las dos Coreas / EFE.
    Donald Trump ha conseguido lo que nadie ha hecho en más de medio siglo: propiciar la paz entre las dos Coreas / EFE.

    Bueno, el próximo Nobel de la Paz está claro, ¿no? Quiero decir, a Obama le propusieron para ese premio cuando solo llevaba once días, once, en la Casa Blanca y no había hecho absolutamente nada. Y lo ganó, a pesar de que ha acabado sus dos mandatos tras haber bombardeado siete países que no amenazaban en absoluto la seguridad de Estados Unidos.

    Siendo, así, Trump, que en julio se reunirá en Singapur con Kim Jung-un para poner fin al conflicto más antiguo y quizá más peligroso desde la pasada guerra mundial, se lo lleva de calle, ¿no?

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    ¿No?

    En fin, hablamos de firmar la paz en la guerra más antigua de nuestro tiempo. La Guerra de Corea fue el primer conflicto ‘caliente’ de ese enfrentamiento entre dos potencias que se repartieron el mundo durante medio siglo, la Unión Soviética y Estados Unidos, entonces merecedor del título de líder del mundo libre.

    Las hostilidades acabaran en un incómodo empate, pero aquello no fue el fin y nunca se firmó la paz. Oficialmente, Corea del Norte sigue en guerra con Estados Unidos y reivindica Corea del Sur. Y en estos años, al fundador del país, un sanguinario tirano que inyectó enormes dosis de nacionalismo etnicista en el marxismo original con su ideología juche, Kim il Sung, le sucedió su hijo, Kim Jong-il, y a este su hijo, el actual dictador Kim Jung-un.

    Este Estado ermitaño ha sido desde entonces un grano en salva sea la parte para el planeta, la más perfecta tiranía totalitaria, con hambrunas millonarias en víctimas, que ha sometido al planeta a un continuo chantaje bélico con sus bravatas y lanzamiento de misiles ‘de aviso’.

    A eso ha puesto fin Trump. No lo digo yo, que lo ha dicho el propio Gobierno de Corea del Sur, que bien podría haberse puedo la medalla. Ha sido Trump, que amenazó al pequeño y regordete Kim con borrar del mapa a Corea del Norte en una bravata que los ‘reconocidos expertos’ -esos analistas que cobran sueldos millonarios por equivocarse garrafal e ineluctablemente- consideraron la metedura de pata definitiva para que el conflicto no se solucionara jamás.

    Y allí les vimos, al tirano y a su homólogo -por así decir- del sur, cogiditos de la mano en la frontera, comprometiéndose a un futuro en paz y cooperación en beneficio de todo el pueblo coreano.

    Hace tiempo que el Nobel es un premio desprestigiado, dedicado a premiar lo que la progresía mundial considera buenas intenciones, sin ningún resultado práctico

    No teman: ni un solo analista perderá su empleo por esta enorme pifia. En realidad, últimamente no dan una, los pobres. Tienen suerte de que su trabajo no sea acertar, sino vendernos la visión del mundo que interesa a sus amos, los dueños de los grandes medios de comunicación.

    Esto, por otra parte, ya lo hemos vivido antes. No es que me haga mucha gracia revelar mi edad, pero debo decir que recuerdo perfectamente la imagen de peligroso y agresivo ‘cowboy’ de gatillo fácil que nos vendieron los medios de Ronald Reagan. Era un descerebrado patán que nos iba a llevar a todos al apocalipsis con su estúpida ‘guerra de las galaxias’, como se llamó a su iniciativa de defensa estratégica. Y entonces cayó el Muro. Pero los analistas no callaron, en cambio.

    Lo siento, chicos, pero Trump, el estúpido, bravucón y descerebrado Trump al que odiáis tan minuciosamente, ha logrado lo que ningún presidente desde Eisenhower. No, ni siquiera San Obama. Ha traído la paz, esa que decíais soñar.

    Pero bromeo. No habrá Nobel para Trump, porque hace tiempo que el Nobel es un premio desprestigiado, dedicado a premiar lo que la progresía mundial considera buenas intenciones, sin ningún resultado práctico: Rigoberta Menchú, Al Gore y otros fraudes.

    Decía Theodore Roosevelt que el éxito en política exterior consiste en hablar suave y llevar un bastón muy largo. Pero el ‘bastón’ americano parece no funcionar como solía, y desde aquel empate en Corea hasta hoy, las victorias incontestables han sido escasas y marginales -Granada, Panamá-, mientras que los fracasos están ante nuestros ojos.

    Trump, al menos con Corea del Norte, le ha dado la vuelta al consejo de Ted y ha recurrido a hablar como un matón de patio de recreo… Y abstenerse de usar el bastón. Y, para sorpresa de todos, ha funcionado. Ahora, ahogáos en vuestra bilis.

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