Cruda realidad / Es el poder, idiota, no el género

    Resulta que Cristina García, diputada de la Asamblea de California, ha sido acusada por dos hombres -en el sentido de 'varones'- de haberles metido mano en una fiesta.

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    La diputada demócrata por California Cristina García
    La diputada demócrata por California Cristina García

    Ganas me dan de llenar toda la columna con tres palabras repetidas desde la primera línea a la última:

    Vaya, vaya, vaya…

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

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    Pues resulta que Cristina García, diputada de la Asamblea de California, ese paraíso del progresismo ‘enragé’ que fabrica disparates para todo el planeta como antes Detroit fabricaba coches, ha sido acusada por dos hombres -en el sentido de ‘varones’- de haberles metido mano en una fiesta. Y la gracia adicional está en que García era miembro destacado de ese rebaño que recorre las redes bajo la etiqueta ‘MeToo’, ‘yo también’, en el sentido de que a mí, mujer, también me han acosado sexualmente (o estoy muy, pero que muy concienciada de que esa es una horrible epidemia).

    La cosa, recordarán, surgió de esa apestosa ciénaga conocida como Hollywood, donde varias actrices acusaron a un productor (y luego a otros, y a actores, y a directores, y a…) de haber solicitado sexo de ellas a cambio de un papel. A estas alturas, eso es como convocar una rueda de prensa para revelar que en un banquete de guerreros hunos no todos saben usar correctamente la pala de pescado.

    El caso es que García, con unas copas de más, palpó las posaderas a un jovencito de 25 años, de quien también hizo comentarios salaces

    No sé a ustedes, pero a mí se me hace bastante ridículo pretender sorpresa. El ‘sofá del productor’ ha sido siempre un mueble legendario en la historia de la infamia sexual, y no deja de ser curioso que las que acusan parezcan estar reconociendo que pasaron por el aro, al tiempo que las que dijeron que no probablemente estén ahora preguntando si van a tomar patatas con la doble hamburguesa con queso.

    Los productores requieren favores sexuales a las primerizas, probablemente tan a menudo como ciertas chicas jóvenes y atractivas se valen de que son jóvenes y atractivas para conseguir un hueco en la industria del cine, que no hemos nacido ayer.

    Oprah Winfrey y Harvey Weinstein
    Oprah Winfrey y Harvey Weinstein en el perfil de James Wood en Twitter. El comentario del actor dice: «Él. Ella». La entrada ha sido compartida más de 20.000 veces y recibido 4.300 comentarios.

    Pero me distraigo. El caso es que García, con unas copas de más, palpó las posaderas a un jovencito de 25 años, de quien también hizo comentarios salaces y al que trató de pellizcar y tantear partes de su anatomía aún más íntimas. Y ahora, ha llegado el momento:

    Vaya, vaya, vaya….

    Quién lo iba a decir, ¿verdad? Una luchadora del nuevo puritanismo progre, de esas profetisas que nos aseguran que eso de que abusar sexualmente de otros es cosa en la que el perpetrador es siempre el macho y la víctima, siempre la mujer, porque no es nada personal sino el Patriarcado que acecha en la piel de todo varón, tratando a un jovencito de carnes prietas e inferior categoría como a un juguete sexual. Porque ella tiene poder, y él es un donnadie.

    Vaya, vaya, vaya con García.

    Ah, y por si acaso alguien invoca el socorrido: «es que estaba borracha, pobre»: resulta que exactamente ese atenuante ha sido tratado por extenso por lo la legisladora, que ha dejado meridianamente claro que el alcohol no crea los malos instintos, sino que solo los suelta. De otro modo: no hay excusa alguna.

    García sabía que a este jovencito le convenía ser complaciente con la influyente diputada si quería conservar su puesto

    Pero la ocasión es maravillosa para que García medite, si se lo permite la resaca, sobre si no será todo este asunto algo distinto de la cansina narrativa del varón, violador por esencia, y la fémina desamparada como cordero en medio de lobos, sino algo más sencillo y universal: los poderosos tienden a abusar de su poder. Y García es poderosa.

    García, podríamos decir, es doble o triplemente poderosa. Tiene el poder formal de ser diputada, que no es moco de pavo; pero tiene, además, el poder tácito, pero muy real, que le dan sus ‘puntos colectivos de victimismo’: es mujer e hispana. Bingo.

    Exactamente como el productor sabe que tiene a la aspirante en sus manos, porque de él depende que se convierta en una estrella o vuelva a su granja de Ohio, García sabía que a este jovencito le convenía ser complaciente con la influyente diputada si quería conservar su puesto. Es el poder, idiota, no el género.

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