Cruda realidad / O feminista o provida, elige una

    Resulta que las feministas pro-vida, que se unen a las marchas contra Donald Trump, han vuelto a ser informadas de que no son VERDADERAS feministas, gracias por concursar. ¿Qué les parece?

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    Manifestantes participan en una protesta en Oakland, California (Estados Unidos) contra la elección del republicano Donald Trump como nuevo presidente /EFE
    Manifestantes participan en una protesta en Oakland, California (Estados Unidos) contra la elección del republicano Donald Trump como nuevo presidente /EFE

    Les cuento: hay preparada una multitudinaria marcha de mujeres para protestar contra la investidura de Trump. En realidad, hay un montón de marchas para protestar por la investidura de un presidente que, habiendo sido elegido sin permiso de la prensa, es obviamente ilegítimo. Pero esta es una de las mayores.

    Y hay un grupo de feministas, llamado New Wave Feminists, que se apuntaron a la iniciativa, uno de decenas. Se consideran feministas, claro, y se oponen tajantemente al nuevo presidente electo. Sin novedad hasta aquí.

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    Hasta que las organizadoras descubrieron su turbio secreto, su oculta vergüenza -a saber, que esas feministas son provida- y, naturalmente, no solo les dejaron claro que NO son bienvenidas a la marcha sino que se disculparon ante el resto por haberlas incluido ‘por error’ inicialmente.

    Criaturas. Si hubieran hablado conmigo antes… Cuando tengo noticia de uno de estos grupos de feministas provida, como cuando se trata de LGTB ‘conservadores’ -o, de nuevo, provida-, o ecologistas del mismo palo, me dan ganas de decirles lo que les hubiera dicho a esos negros que se alistaron al Ejército sudista en la Guerra de Secesión americana: De verdad, alabo vuestro patriotismo y vuestro valor, pero creo que no os estáis enterando bien de qué va esta vaina.

    ¿Cuántos ingenuos quedan aún por el mundo que no han entendido que toda esta nube de movimientos monotemáticos no son realmente lo que dicen ser, ni defienden a quienes dicen defender, sino que en realidad son nuevos caladeros de la izquierda?

    No hay importantes grupos feministas que hayan protestado contra las prácticas de países islámicos consagradas en sus leyes y textos religiosos

    Si el feminismo celebra a la mujer ocupando los espacios de poder y responsabilidad antes reservados a los hombres, seguramente tendrán a Margaret Thatcher como modelo digno de admiración, ¿no?

    No. En absoluto. Al contrario.

    Ya, vale, pero no me dirá que no se oponen a todas las estructuras sociales que consagren la subordinación de la mujer al varón…

    Se equivoca. No hay importantes grupos feministas que hayan protestado contra las prácticas de países islámicos consagradas en sus leyes y textos religiosos.

    Pero, al menos, se revolverán como tigresas cuando un personaje público, un hombre de poder, las denigra, ¿verdad?

    Pablo Iglesias y Mariló Montero
    Pablo Iglesias y Mariló Montero

    Vuelve a errar: ahí tiene a Pablo Iglesias confesando su deseo de azotar a una conocida periodista «hasta que sangre» sin que colectivo feminista alguno haya dicho «esta boca es mía».

    Bueno, pero seguro que se oponen con uñas y dientes a los que, de hecho y no con meras palabras, hacen valer su posición de poder, por ejemplo en el trabajo, para satisfacer sus deseos sexuales.

    No da usted una.

    Cuando se descubrió que el presidente Bill Clinton tenía a una jovencísima becaria practicándole sexo oral en el Despacho Oval, las feministas de nómina, lejos de pedir su cabeza, buscaron todo tipo de excusas para defenderle.

    Más aún, una feminista célebre llegó a escribir en su día que estaría encantada de remedar las actividades extralaborales de la Lewinsky con el presidente si este garantizaba la continuidad del irrestricto derecho al aborto.

    Y con esto llegamos al quid de la cuestión, algo que hemos repetido en alguna otra ocasión: el aborto es sagrado, intocable. El aborto es, como gritaban las Femen que asaltaron el Congreso, «un sacramento», el principal sacramento de la modernidad.

    Naturalmente, el grupo del que hablamos marchará igual, como lo hará otra decena de grupos provida, pero en el asiento de atrás, sin contaminar a las sumas sacerdotisas del movimiento.

    Y son muy libres, claro. De oponerse a Trump -hasta ahí podían llegar las cosas- y de llamarse ‘feministas’. Pero tan libres como son ellas de expresar su opinión lo soy yo de expresar la mía, a saber: son de una ingenuidad rayana en la absoluta estupidez.

    El feminismo real, el que existe, distinto a las películas que queramos hacernos en la cabeza; el que todo el mundo conoce y reconoce cuando oye una frase que empieza con el sintagma «grupos feministas…» es una ‘pata’ del marxismo cultural y está tan irremisiblemente unido a la reivindicación del aborto como derecho, sin restricciones de ningún tipo, como el aceite y el huevo en la mayonesa.

    Es perfectamente razonable concluir que ambas cosas no tienen nada que ver, que no solo es totalmente compatible luchar por la ‘liberación de la mujer’ -sea esto lo que fuera en las sociedades occidentales de 2016- y creer que el feto tiene, como cualquiera, derecho a la vida, sino que parece especialmente apto teniendo en cuenta que la mitad de los ninos masacrados antes de nacer son ninas y que somos las mujeres quienes los engendramos.

    A las feministas las mujeres reales les importamos un pimiento

    Pero, ay, la franquicia está cubierta y el nombre registrado. También tengo un amigo que jura por lo más sagrado que es de izquierdas, pero sus ideas ‘sociales’ derivadas de su profunda fe le convierten, a ojos de cualquier izquierda real, en un peligroso fascista.

    Seguir con esa ficción solo lleva, en mi opinión, a trágicos equívocos cuando no a favorecer a esta caterva.

    Es una guerra perdida de antemano, en mi opinión. Mucho más práctico que tratar en vano de convencer al mundo de que tú eres la ‘verdadera’ feminista y el 99% restante usurpa la etiqueta es, creo, llamar la atención sobre el hecho evidente de que a las feministas las mujeres reales les importamos un pimiento.

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