Cruda realidad / Garoña o la demagogia universal

    Me van a perdonar si, en lugar de citar a algún diario o entrada del BOE para anunciar el cierre de Garoña, recurro a las palabras de Pablo Iglesias en Twitter. Al final, en todo lo que no es meramente económico, el Gobierno del Partido Popular tiende a seguir al líder populista.

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    central nuclear de garoña
    Central nuclear de Garoña (Burgos) / EFE

    «Se ha conseguido cerrar la Nuclear de Garoña; seguimos trabajando por un modelo energético limpio, renovable y sin nucleares».

    Me van a perdonar si, en lugar de citar a algún diario o entrada del BOE para anunciar el cierre de Garoña -su no apertura, para ser más extractos-, recurro a las palabras de Pablo Iglesias en Twitter. Al final, en todo lo que no es meramente económico, el Gobierno del Partido Popular tiende a seguir al líder populista.

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    Los partidos no tienen mucha memoria, pero el caso de los populares es de estudiarlo en las facultados de Medicina. Un ejemplo, el del diputado ‘pepero’ Javier Maroto, que anunciaba así en Twitter el cierre definitivo de la central: «Han sido muchos años trabajando por el cierre de #Garoña. Quienes hemos luchado por ello celebramos hoy haberlo conseguido definitivamente».

    No sé si tantos años, Javier, que en marzo estabas votando a favor de su mantenimiento.

    Javier Maroto
    El responsable de Sectorial del Partido Popular, Javier Maroto / EFE.

    Pero no es mi idea meterme con Maroto. No hoy, quiero decir. Mi idea es, a cuento del cierre definitivo de Garoña, insistir en dos puntos clave de nuestra dogmática progre: 1) viven en los Mundos de Yuppi y 2) nos quieren pobres.

    Es un mundo de fantasía el suyo, de sentimientos positivos sin asidero alguno en la realidad. Nuclear, malo. Oh, bueno, en realidad la energía nuclear es la energía por la que optarían como locos si de verdad se creyeran sus propias leyendas climáticas.

    Crear pobres a millones

    Porque, naturalmente, nadie quiere que sus aparatos dejen de funcionar -¿cómo iba a cargar Maestre su iPhone, desde el que fustiga al capitalismo?-, ni mucho menos tener que pagar más. Así que toca quemar gas, carbón o petróleo, es decir, lanzar CO2 a manta a esos cielos de Dios y asegurarse así de que los osos pandas se ponen tristes.

    No, no, dirán; nada de eso. Lo que queremos es más renovables.

    El tocomocho era un timo más honrado, si quieren mi opinión. A ver: según datos oficiales, las renovables solo cubren el 10,7% de la demanda energética de España; habría que esperar hasta el año 2020 para que las renovables supongan aproximadamente un 20% del consumo total de energía.

    Somos energéticamente deficitarios: compramos kilowatios fuera, no construimos centrales térmicas porque contaminan, presas porque inundan, centrales nucleares porque se quejan los ecologistas…

    Y eso, dedicándole una cantidad de recursos difícil de asumir presupuestariamente. Para hacernos una idea, en renovables se va el equivalente al 4,35% de lo recaudado anualmente por IVA y al 3,45 del IRPF, o, dicho de otro modo, unos 300 euros por cada ciudadano español. Cuando oiga la palabra «renovables», eche mano a la cartera.

    Por decirlo con el adecuado, hay que quemar mucho gas para pagar las energías limpias. Relativamente limpias, porque la fabricación de placas solares contamina como pocas industrias y del efecto de los ‘molinillos’ sobre la fauna aviar ya aúllan bastante los ecologistas, que lo quieren todo y su contrario.

    Ponerse las medallas

    Pero una ya ha concluido que, siendo la defensa de los pobres el supuesto tirón de la izquierda, les urge crearlos por millones, o no se explica tanta monserga.

    Hace unos años husmearon petróleo en aguas canarias, y los sospechosos habituales se opusieron a las prospecciones alegando el daño que harían al turismo de las islas. Y este año, en cambio, toca echar pestes del turismo y, si se tercia, asaltar un autobús lleno de guiris.

    El primer fin de cualquier partido no es aplicar tal o cual ideología, mucho menos servir al bien común, sino alcanzar el poder y perpetuarse en él

    Mientras, el Gobierno -este o cualquiera- prefiere estirar el planeo y que el que venga detrás, arree, que debería ser el lema de la partitocracia. El primer fin de cualquier partido no es aplicar tal o cual ideología, mucho menos servir al bien común, sino alcanzar el poder y perpetuarse en él.

    Y, habiendo elecciones cada cuatro años, a ver quién es el guapo que pide sacrificios, por pequeñitos que sean, cuyos beneficios no se verán hasta dentro de 10 o veinte años, cuando quizá gobiernen ‘los otros’ y se pongan las medallas.

    Y así seguimos, energéticamente deficitarios, comprando kilowatios fuera y negándonos a construir centrales térmicas porque contaminan, presas porque inundan pueblos, centrales nucleares porque se quejan los ecologistas y te montan una fina.

    Y a cruzar lo dedos para que haya siempre mucho viento y mucho sol, hasta de noche.

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