Cruda realidad / La noche de los muertos vivientes

    El sainete del Gobierno con la exhumación de Franco participa más del 'gore' disparatado de Halloween que a los austeros rituales de Todos los Santos. Pedro tiene el problema que, según Hércules Poirot, arruina nueve de cada diez intentos de crimen perfecto: qué hacer con el cadáver.

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    Francisco Franco.
    Francisco Franco.

    ¡Halloween, Halloween, esa época del año que he pasado media vida sin saber que existía, y que hoy se caracteriza en España por encendidos debates sobre si es un inocente divertimento sin más relevancia o una violación cultural que nos roba nuestras tradiciones para sustituirlas por celebraciones entre paganas y demoniacas!

    Sobre la costumbre impuesta solo diré dos cosas:

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

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    1) Claro que es una celebración cristiana.

    Solo la religión da a los pueblos fiestas duraderas y con raigambre, y quitando la obviedad de que el propio nombre es una contracción inglesa de «Víspera de Todos los Santos», no cae en estas fechas por casualidad. Todo lo que oigan sobre pervivencias de antiguos ritos celtas es una memez. La Iglesia ha tenido siempre la inteligencia de celebrar sus propias fiestas coincidiendo con las fechas en que la gente solía celebrar cosas y que, además, coincidían con momentos del ciclo anual especialmente significativos, como solsticios y equinoccios.

    Pero lo que se celebra no tiene nada que ver con lo que celebraban los paganos, ni se ha mantenido todo este tiempo sino por razones estrictamente cristianas, relacionadas con los días de Todos los Santos y Fieles Difuntos.

    2) Claro que no es nuestra en absoluto.

    Es de esa gigantesca comercializadora cultural llamada Estados Unidos de América, que se ha encargado, por ejemplo, de universalizar una comida italiana -la pizza- y una alemana -la hamburguesa-, exactamente igual que ha ‘regulado’ lo que debe ser un Halloween canónico.

    Franco lleva muchos años, más de los que gobernó, bajo tierra sin molestar a nadie, e incluso sin que los españoles tengan demasiadas ganas de recordarle, para bien o para mal

    Personalmente no lo he celebrado en mi vida ni pienso hacerlo, pero tampoco voy a unirme al coro de lamentos de tantos que no han sabido lo que son los huesos de santos hasta que han querido reaccionar contra la fiesta invasora.

    Está bien lo de recuperar nuestras tradiciones, aunque es mucho mejor mantenerlas; lo ridículo -en mi opinión- es tratar de convencer a la gente para que rechace una celebración extranjera y nueva en nombre de una costumbre que nunca se ha vivido o que no se ha mostrado empeño en conservar.

    Dicho esto, hay que reconocer que el sainete del Gobierno con la exhumación de Franco participa más del ‘gore’ disparatado que caracteriza a Halloween que a los austeros rituales de Todos los Santos. La historia ya la conocerán, de cómo Pedro quiso agitar a sus menguadas tropas con el anuncio de la exhumación del dictador del Valle de los Caídos sin pararse un segundo a pensar si no sería peor el remedio que la enfermedad.

    Porque Pedro tiene el problema que, según Hércules Poirot, arruina nueve de cada diez intentos de crimen perfecto: qué hacer con el cadáver.

    Franco lleva muchos años, más de los que gobernó, bajo tierra sin molestar a nadie, e incluso sin que los españoles tengan demasiadas ganas de recordarle, para bien o para mal. Tras su muerte, en los remotos orígenes de la Santa Transición, preocupaba que Franco fuera recordado activamente por los nostálgicos del régimen; lo que nadie podía prever es que, a más de cuarenta años de su muerte, sean los socialistas los que mantengan viva su memoria, usándola como un espantajo de Halloween con el que meter miedo en el cuerpo a los niños.

    Hay mucho de superstición y de pensamiento mágico en la izquierda, especialmente en la izquierda radical, y es evidente que si el nombre del anterior jefe del Estado no funcionara como un talismán y un conjuro, no estaría a todas horas en La Sexta o en Eldiario.es. Franco es su legitimidad, como nunca lo fuera de la derecha.

    Pedro y su pandilla han tocado a la puerta de la Iglesia esperando que hubiera trato, pero afortunadamente la Curia ha denunciado el truco

    Así que Pedro anuncia que lo va a sacar del Valle, donde está, y deja para otro día pensar qué viene después, es decir, cómo deshacerse del cadáver. Porque, afortunadamente, Pedro tiene las limitaciones de un Estado de Derecho y no puede tirar los restos a un muladar. Hay leyes, y montar un ‘concilio cadavérico’ como el que se organizó contra el Papa Formoso pues tampoco es plan.

    Es decir, el Gobierno puede -quizá- decretar su exhumación, pero no le corresponde, una vez fuera, decidir qué hacer con los restos, que es algo que corresponde a la familia. Y resulta que la familia tiene reservados unos nichos en la Catedral de la Almudena, y ya está montado el lío: Franco enterrado en pleno Madrid y ni más ni menos que en su catedral. Es lo que suele llamarse «hacer un pan con unas tortas».

    La ministra Calvo ha ido a Roma, para ver si la Iglesia tenía algún pero que oponer a este baile de muertos, y ha vuelto muy ufana diciendo que todo fenomenal, que le ha dicho el secretario de Estado, Pietro Parolin, que mejor no reenterrarlo en la Almudena.

    También son ganas, como si el Vaticano no leyera la prensa. La ha leído, y ha emitido una nota en la que viene a decir que de qué, que nunca se han metido en eso ni han hablado dónde deben descansar los problemáticos huesos. Calvo parece no entender que si el PSOE tiene «cien años de honradez», la Curia romana tiene dos mil de diplomacia, y no la van a liar en un follón como el que han montado ellos solitos.

    Que al Gobierno le crecen los enanos está ya muy dicho, y es esta una expresión con demasiada frecuencia aplicable a nuestros ejecutivos. Lo terrible es que ahora se les levantan los muertos, en una película que ya le hubiera gustado firmar a nuestro Paul Nashy. Pedro y su pandilla han tocado a la puerta de la Iglesia esperando que hubiera trato, pero afortunadamente la Curia ha denunciado el truco.

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