Cruda realidad / La otra manada

    Por favor, conténganse y recuerden que ni la justicia humana puede ser perfecta ni el Estado es en ningún caso un dios infalible y benévolo.

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    Una multitud protesta por la sentencia a 9 años de cárcel a los miembros de la 'Manada', condenados por abuso sexual a una mujer./ EFE
    Una multitud protesta por la sentencia a 9 años de cárcel a los miembros de la 'Manada', condenados por abuso sexual a una mujer./ EFE

    Que una sienta arcadas leyendo el sumario del juicio de la Manada es lo más normal del mundo. Que le entren ganas de mandar a galeras de por vida a esos desgraciados, también.

    Pero, a partir de estos sentimiento absolutamente comprensibles y perdonables, acaba lo razonable y empieza lo peligroso.

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    Podemos, que lleva un tiempo en caída libre y que más que asaltar los cielos electorales se acerca a la irrelevancia que siempre ha correspondido a la izquierda radical en nuestra democracia del 78, había anunciado que se haría fuerte donde puede, en la calle. Y lo está cumpliendo.

    De toda la indignación que ha estallado en torno a la sentencia de la Manada, solo una parte mínima, irrelevante e inconsecuente, se refiere realmente a estos matones despreciables, y todo el resto es pura ingeniería, muy, muy peligrosa.

    «Se culpa a los jueces que, aunque tan falibles como cualquier hijo de vecino, se han pasado meses estudiando pruebas y oyendo testigos»

    Méndez de Vigo ya ha anunciado que, debido a la sensibilidad social, hay que cambiar el código penal. ¿Recuerdan cuando no había que «legislar en caliente»?

    ¿Se acuerdan de la ‘sensibilidad social’ con Marta del Castillo, con Diana Quer, con el pequeño Gabriel? No, claro. Porque la izquierda en todos esos casos no dio permiso para que se expresara en la calle la indignación popular, entonces no tocaba, y ahora así.
    Ahora hay que legislar hirviendo.

    Pero creo que no les sorprenderá, porque los zoólogos todavía no han encontrado especie animal tan cobarde como un político del PP, especialmente si quien mueve un dedo es la izquierda, a la que teme y envidia en secreto.

    Pero si el resultado de todas estas protestas fuera solo reforzar las perspectivas de la formación morada, con ser un resultado siniestro, me daría con un canto en los dientes.

    No, el problema es que del asunto de la Manada no se culpa a las leyes -que el PSOE aprobó- ni a las garantías jurídicas, que toda la izquierda considera insuficientes cuando se trata de un matón o un pistolero de los suyos.

    «¿Saben o imaginan qué hubiera sido del Chicle o de Ana Julio si su destino hubiera dependido del ánimo de las masas?»

    Se culpa a los jueces que, aunque tan falibles como cualquier hijo de vecino, se han pasado meses estudiando pruebas y oyendo testigos y que, en el sistema español, no pueden hacer otra cosa que ajustarse a la ley y a los procedimientos.

    Todos los partidos han criticado la sentencia, lo que no deja de ser curioso, ya que es resultado inevitable de sus propias leyes. Pero mucho más terrible es que más de un político -Sánchez, Carmena- haya hablado de ‘veredicto popular’.

    ¿En serio? ¿Tienen la más remota idea del berenjenal en el que se están metiendo?

    Entienden qué significa ‘justicia popular’, a qué llevaría tirar por la borda milenios de de paciente construcción de esa gloria de nuestra civilización que es el derecho para dejarlo en manos de los ‘calentones’ de la masa?

    ¿Saben o imaginan qué hubiera sido del Chicle o de Ana Julio si su destino hubiera dependido del ánimo de las masas? Pero no, claro, porque en esos otros casos la izquierda, que es la que dispone de ‘la calle’ como si fuera su sala de estar, decidió que no procedía. Y la derechita baja la cabeza y mueve la colita.

    Muy bien, decidimos que lo acordado por los jueces -nueve años- es injusto y hay que cambiar las leyes. ¿En qué sentido? ¿Endurecer las penas? ¿Para que luego, a los dos minutos, lloriqueen como plañideras y hablan de una justicia vengativa? ¡Que nos conocemos ya!

    O quizá podrían legislar en el sentido de que un encuentro sexual entre varios hombres y una mujer se considere siempre agresión sexual salvo que conste el consentimiento grabado o por escrito de ésta. Tengo entendido que en California ya se exige el consentimiento expreso de la mujer en cada fase del acto sexual para que no sea abuso sexual.

    Ustedes verán, pero, ¿realmente quieren esto? Si es que no, por favor, conténganse y recuerden que ni la justicia humana puede ser perfecta ni el Estado es en ningún caso un dios infalible y benévolo.

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