Cruda realidad / Los nacionalistas piden a los Reyes (?) Magos (!) la independencia

    Quizá no se den cuenta y estén forzando la máquina de la propaganda, y en cualquier momento tanta estelada para desayunar, comer y cenar acabe en indigestión y reacción adversa, no sé.

    0
    Los Reyes Magos con la estelada
    Los Reyes Magos con la estelada / Twitter

    Todos los años por estas fechas es costumbre hablar de la ‘guerra contra la Navidad’, la idea de que esa masa amorfa de opinión instintiva e histérica que conocemos como ‘progresía’ o discurso oficial tiene en su punto de mira esta fiesta eminentemente cristiana para hacerla desaparecer, como parte de su proyecto más amplio de borrar toda la huella de Cristo en nuestra civilización.

    En este divertido empeño estarían las ‘fiestas del solsticio’, sacar ‘reinas magas’ de cabalgata o vestir a los magos de Oriente de una versión de todo a un euro de Ágata Ruiz de la Prada.

    Algunas personas creen que La Sexta da información.

    Suscríbete a Actuall y así no caerás nunca en la tentación.

    Suscríbete ahora

    Pero si lo que les preocupa es la forma y no el fondo, la fiesta y no su sentido, pueden respirar tranquilos: la Navidad no va a desaparecer. La necesitan, entre otras cosas, para estos golpes de efecto, que pocas cosas disfrutan tanto como tocarle las narices al creyente. Tengan por seguro que si la gente olvidara de golpe la Navidad, nadie en el ayuntamiento de Madrid o Barcelona se iba a acordar del solsticio para nada.

    La idea no es tanto acabar con las tradiciones navideñas como subvertirlas. Así, dudo que vayan a olvidarse de los Santos Inocentes, cuando les resultaría más coherente y rentable rehabilitar la figura de Herodes, convirtiéndole en un héroe maltusiano y ecologista que se adelantó siglos a la encomiable labor exterminadora de la Clínica Dator, aunque se atrasara unos meses en otro sentido.

    ¿Esta gente no tiene vida, no tiene familia, amigos, (otros) hobbies? ¿Tan raros son los ninos barceloneses que prefieren banderas a peladillas?

    Y ahí tenemos a los enloquecidos indepes, que quieren llenar la tradicional Cabalgata de Reyes de esteladas y que, leo, «llaman a pedir la independencia a los Reyes Magos». ¿Esta gente no tiene vida, no tiene familia, amigos, (otros) hobbies? ¿Tan raros son los ninos barceloneses que prefieren banderas a peladillas y caramelos?

    En una entrevista recientemente concedida a La Contra.tv, el autor teatral Albert Boadella explica el nacionalismo recurriendo a la psiquiatría, recordando que los seres humanos, todos, somos paranoicos latentes a la espera de que nos estimulen la tendencia. Y la de los catalanes está hiperestimulada por generaciones de maestros, catedráticos, políticos, medios y ‘celebrities’ urgiendo a la desconexión.

    Una casi espera que el fin de esta locura colectiva llegue por sobredosis, por esa repugnancia que es hija del empacho y que nos produce cualquier exceso. Yo pasé años sin poder probar el queso, que me priva, por un atracón que me dí. Quizá no se den cuenta y estén forzando la máquina de la propaganda, y en cualquier momento tanta estelada para desayunar, comer y cenar acabe en indigestión y reacción adversa, no sé. Sé que a mí me pasaría.

    Creo, en cualquier caso, que los independentistas, que deben pasar muy de puntillas sobre la palabra ‘Reyes’ mientras trabajan por la república, hacen un hincapié muy propio en lo de ‘Magos’, porque realmente lo que están vendiendo deja pequeño al propio Albus Dumbledore.

    No comparto con muchos de sus contradictores la idea de que una Cataluña independiente acabaría siendo Zimbabwe. Pero es que no hace ninguna falta. Incluso si todo fuera como la seda, si fuera incluso posible o imaginable que una de las dos naciones más viejas de Europa pudiera perder un trozo que no ha sido nunca otra cosa que español, salvo once años de soberanía francesa de la que mejor no hablar, sin violencia ni guerra comercial ni resentimiento alguno, todo de muy buen rollo; si fuera, digo, posible que Cataluña se fuera así y la independencia no tuviera un coste enorme y las perspectivas más ensoñadoramente risueñas se cumplieran y, en fin, se convirtiera en un Estado próspero, soberano y normal, sería un bajón difícil de superar.

    Porque se ha vendido la magia. Se vende la independencia como el gran anhelo, el fin y remedio de todos los males, la dicha que justifica adoctrinar a los ninos desde la cuna. Pero todo el mundo coincide en que, digamos, Suiza es un gran país, rico y abierto y desarrollado, ¿no? ¿Y creen ustedes que algún suizo se levanta por la mañana cuando suena el despertador y se siente sacudido por un estremecimiento de placer pensando que Suiza es soberana?

    No. El ‘procés’ es emocionante, pero su fin no lo sería. Todos los problemas seguirían ahí para Jordi y Montserrat. Nada fundamental habría cambiado en su vida, habría jefes tiránicos, problemas para aparcar o para llegar a fin de mes, hijos haciendo el idiota en la edad del pavo; la gente se moriría como es costumbre, la Nuria seguiría sin hacerte caso y Rodríguez (o Puig), el de Marketing, seguiría siendo un imbécil. En suma, vivir en un país independiente y soberano es lo normal en todo el mundo, y no parece que produzca en el común esos delirios extáticos que, oyéndoles hablar, debería producir.

    Tampoco creo que la ANC y el Omnium Cultural tengan un interés real en que llegue lo que les hará superfluos e innecesarios

    Es, en suma, aburrido y normal. Una resaca decepcionante después de todas las promesas. Eso, ya digo, en caso de que todo salga de cine, lo que no me parece excesivamente probable. Habría que explicar piadosamente las mentiras, rebajar las exageraciones, reajustar los rosados pronósticos.

    Por eso, como decía al principio en todo ese asunto de la ‘Guerra contra la Navidad’, tampoco creo que la ANC y el Omnium Cultural tengan un interés real en que llegue lo que les hará superfluos e innecesarios. ¿Quién quiere perder la razón de ser de su puesto de trabajo, del cargo que le da poder, prestigio y presupuesto?

    Con ese punto de cursilería lírica que nunca está de más en este tipo de movimientos, los indepes se refieren a la independencia como la «llegada a Ítaca» de Ulises en la Odisea, como recoge una canción de su vate oficial, Lluis Llach. Y está bien pensado, sobre todo si tenemos en cuenta sus dos primeros versos:

    «Quan surts per fer el viatge cap a Ítaca,
    has de pregar que el camí sigui llarg»

    Sí, estoy convencido de que los que mantienen esta tensión en el punto de ebullición «rezan para que el camino sea largo». Cuanto más largo, mejor.

    Comentarios

    Comentarios